jueves, 20 de agosto de 2020


PELICULAS 
FILMADAS EN AZCAPOTZALCO, 
A CIEN AÑOS. 

(PRIMERA PARTE).
Por: José Carbajal Cortés. Cronista de Azcapotzalco, CDMX.

A Ivette Rosas.

   El cine filmado en Azcapotzalco inicia en el antiguo Barrio de Atenco, barrio originario prehispánico, se hallaba conformado como calpulli al lado del gran lago de Texcoco que se extendía hasta este lugar. El significado en náhuatl de Atenco es:” junto o a la orilla del agua”. Con el tiempo este barrio se llamará San Lucas Atenco y que es la actual colonia El Recreo, este lugar ha existido por tanto desde el siglo XIV. Nos ubicaremos en este sitio en su entonces Municipalidad en el siglo XX, donde comenzaremos un viaje cinematográfico.
   Es a 100 años del cine filmado en tierra chintolola Azcapotzalco, cumplidos el pasado año de 2019 (la película o realización, a la que nos referiremos, se extendería de 1919 a 1920 en su exhibición) y en el marco asimismo, de la celebración en este 15 de agosto del 2020 del Aniversario de nuestro cine: el Día Nacional del Cine Mexicano, instaurado el 20 de abril de 2017 por la LXIII Legislatura del Senado Mexicano que anuncio la aprobación de una iniciativa de manera unánime: todos los 15 de agosto de cada año se celebraría en todo el país, como un reconocimiento a su relevancia, expresión artística en la imagen de México y como parte de la esencia de nuestra identidad nacional (Milenio, 2020). Además del aniversario de celebración del rodaje en agosto de “Allá en el Rancho Grande” Sirvan estas tres celebraciones para las presentes crónicas del cine filmado en los terruños chintololos.  

   A manera de introducción: el arribo del cine.
  La llegada de la invención del cinematógrafo o cine a nuestro país se suscitó 8 meses después de su aparición y exhibición en Francia en el año de 1898, arribando a nuestro país traído por Bon Bernard y Gabriel Veyre, enviados de los hermanos Lumière, estableciéndose durante el gobierno de nuestro país del presidente General don Porfirio Díaz, quien simpatía con lo “afrancesado” y con el lema de “orden y progreso”, iniciándose la entrada del novedoso invento en la función ofrecida en su honor en el Castillo de Chapultepec el día 6 de agosto de 1896 (De los Reyes, 1983). Propiamente la primera función pública de este invento se llevó a cabo en un salón en el entresuelo de una droguería acondicionada para ello en la 2ª calle de Plateros 9, en la actual calle Francisco I. Madero, Centro Histórico, en la capital del país el día el 14 de agosto de 1896 (De los Reyes, 1996). Este gran invento, novedad en su momento, sorprendería ya y convocaría multitudes.
  Surgirán realizadores o directores que empezarán a filmar en nuestro país con la llegada del naciente invento como don Salvador Toscano, Jesús H. Abitia, Enrique Rosas, Guillermo Becerril, Ernesto Vollrath, los Hermanos Alva, los Stahl, Miguel Contreras Torres, entre otros, que generará además de la novedad y exhibición itinerante, toda una industria cinematográfica. Serán varios los directores y productores que empezarán a filmar, primeras escenas breves o “vistas”, hasta conformar películas de mediometraje o largometraje. El primer claro ejemplo será Salvador Toscano. El cinematógrafo empieza sin el sonido directo por lo que se le llama en sus inicios del desarrollo, como la etapa del cine mudo o silente que abarcaría de 1898 a 1930 (Peña, 1996).  

1, 2, 3, cámara, acción, comenzamos 
  Para empezar este fascinante recorrido por estas crónicas cinematográficas de cine filmado en Azcapotzalco, es menester o séase necesario, remitirnos a aquellos lugares en donde se llevo a cabo su filmación, esto es lo que en el argot cinematográfico se llaman locaciones, que no es otra situación que los espacios naturales y/o construidos para acondicionar en una totalidad una atmósfera para tal fin o con ligeras modificaciones, donde se ha de llevar a cabo la filmación en “exteriores” para diferenciarlo de los espacios en interiores llamados Estudios de la Industria cinematográfica como sería el caso de los Estudios Churubusco, CLASA, Tepeyac, Estudios América, entre otros.  
  Este es un recorrido por el tiempo y el espacio a través de las películas filmadas por Azcapotzalco, en sus barrios, pueblos, su gente, sus paisajes. 1, 2, 3, cámara, ¡comenzamos!...
  En este contexto nos encontramos en el siglo XX: año de 1915 en México, en el terrible año que será historia y noticia. Históricamente porque será conocido como el “año del hambre”, durante la contienda de la Revolución Mexicana y de noticia con lo cual empieza nuestro tema: el de los asaltos o atracos de la llamada la banda del automóvil gris, cuya historia cinematográfica se empezará a gestar en el momento en que el camarógrafo Enrique Rosas, filmara con su cámara (ya que fue llamado y encargado por la policía de registrar el suceso) el fusilamiento de 6 de los integrantes de esta banda,  que será precisamente estas escenas que se muestran al final de la película, el inicio de la idea de filmar un largometraje basado en las noticias y documentación de aquellos sucesos del año de 1915, rodarlas con este elemento incorporado en el año de 1919 por su realizador Enrique Rosas y Cía., ya que la dirigiría en aquel año, siendo una película de la etapa muda situada en este contexto histórico de la postrevolución en nuestra cinematografía.   
 Ya que Enrique Davalos anota:
 “La idea de la película parte precisamente de registros fílmicos tomados por don Enrique Rosas el 20 de diciembre de 1915”. Y agrega:
  “… El prurito realista documental y verista de Enrique Rosas se explica por la necesidad de armonizar las partes filmadas con base en el guión con el material del fusilamiento. Esto lo hace rodar en los lugares reales de los acontecimientos. El señor Juan Cabrera, jefe policiaco responsable de la aprehensión de los criminales proporciona documentación y actúa también en la película representándose a sí mismo” (Dávalos, 2010., p. 11).  
   Por lo que observamos en el film que las locaciones elegidas por Enrique Rosas, son para darle un realismo a la película de manera atrayente, en los mismos lugares, en la mayoría de los casos de los hechos sucedidos por la banda que asoló a la sociedad de entonces.

  Esta película de El automóvil gris, se filmará entonces con locaciones en Apam, Puebla, San Cosme, en la Av. Reforma, en la Ciudad de México y alrededores. Es en estos alrededores que se filmaran dos escenas de este largometraje en el Barrio de San Lucas, en la entonces Municipalidad de Atzcapotzalco, ello debido a la documentación proporcionada por el detective, pues sitúa o refiere en su investigación que dos de aquellos integrantes de la banda -ya que se habían desperdigado para burlar a la policía- se esconden en diversos sitios como en: Apam, en Ciudad de México y en la Municipalidad de Azcapotzalco, en donde los pasos del detective lo llevan a la antigua calle de la Rosa (actual calle Aquiles Elorduy) en la persecución de dos de los integrantes de la banda, en escenas que se han dicho como emocionantes en una persecución de “policías y ladrones”.  
  Por lo que según nos comenta la cronista de este barrio, la Mtra. Solórzano que:
 “Un gran alboroto causo el día que llegaron reflectores y cámaras para filmar en el barrio algunas escenas de la película La Banda del Automóvil gris [también conocida como El automóvil gris]” (Solórzano, 2007, p. 7).  
  Por lo que la antigua calle de la Rosa en Azcapotzalco a cien años, ya no se ve así, pues no lleva ya este nombre, ni su fisonomía es la de aquel tiempo pretérito. La película es un testimonio histórico de imágenes, documento visual de la ciudad de entonces y sus calles, siendo considerada la más importante de la etapa del cine mudo, al tener un argumento basado en un suceso verídico, aunque con los bemoles de su tiempo, ya que mucho se ha escrito sobre esta banda y del suceso que generó, hasta la realización de esta película, que se antojaría de antología que no terminaríamos de contar. Ha sido objeto de estudios, libros y restauraciones, de logros sonoros y de pérdidas de capítulos, llegando a realizarse una conmemoración restaurada y digitalizada por la UNAM en 2010, con los diálogos hablados.

 La década de los treinta y el cine sonoro.
   Andando el tiempo llegará, la etapa del cine sonoro en nuestro país, con oficialmente la primera película sonora Santa en 1931, basada en la novela de Federico Gamboa, dirigida por Antonio Moreno, considerada de manera oficial según las crónicas cinematográficas, porque es la primera en estrenarse de manera sonoro-parlante en las salas de cine con diálogos y no solo sonidos incidentales (Aguilera, 2010). Cuyo estreno la convierte como la primera película que incorpora la técnica del sonido directo paralela a las imágenes.       
   Es en ésta ya etapa del cine sonoro en la década de los 30´s, que surge la realización de tres películas llamadas con el tiempo como la “Trilogía de la revolución”, siendo el tema la Revolución Mexicana directa o indirectamente en estas películas realizadas por Fernando de Fuentes, cuyos títulos son: El prisionero 13, El Compadre Mendoza y ¡Vámonos con Pancho Villa!, filmadas entre los años de 1933, 1934 y 1935 respectivamente. Nos detendremos en esta película del El Compadre Mendoza realizada entre 1933 y 1934, interesantísima de abordar ya que es la primera película que se filma formalmente y casi de manera completa en Azcapotzalco como locación en exteriores en la Ex Hacienda del Rosario, en aquel entonces ésta funcionaba como una Hacienda lechera, propiedad de una pareja de ancianos norteamericanos. Nos ubicamos así en el contexto de cuando desaparece la Municipalidad por el cambio territorial del 28 de agosto de 1928 en que se promulga la Ley orgánica del distrito y territorios federales, suprimiéndose la municipalidad pasando a ser Azcapotzalco una de las trece Delegación foráneas (López, 2005). Siendo parte norte del Distrito Federal, con tintes campiranos y agrícolas, Azcapotzalco protagonizara con sus paisajes, hacienda y lugares, una gama de películas rodadas en su terruño. 
  Juan Bustillo Oro, en ese entonces asistente y codirector de Fernando de Fuentes, en su libro de memorias Vida Cinematográfica nos relata las peripecias para dar con este lugar, que se suscita por medio de un rumor de que al norte aún, se encontraba una hacienda en pie funcionando cercano al Distrito Federal. Así nos relata:
  “Alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, nos habló de un predio que se salvó por milagro y que en lo poco que padeció ya que había sido reconstruido amorosamente: la hacienda lechera El Rosario, allá por Azcapotzalco. Para el Rosario volamos con el terror de que nuestro informante pecase de optimismo fantástico” (Bustillo, 1984. p. 102).
  La búsqueda de una locación era para recrear la Hacienda de Santa Rosa, durante el contexto de la Revolución, perteneciente al personaje de la obra de Mauricio Magdaleno con el mismo título de El Compadre Mendoza, que es el hacendado Rosalio Mendoza (interpretado por Alfredo del Diestro) el dueño de esta Hacienda ya que siendo originalmente una obra de teatro, es adaptada y llevada al cine por Fernando de Fuentes quien junto con Bustillo Oro convencen a su autor Magdaleno para esa adaptación, siendo un producto trasladado de la literatura al cine.    
    
   En esta película se observa el monumental portón de entrada (hoy desaparecido) que daba acceso a la Hacienda y que se hallaba a un costado del Antiguo camino de Azcapotzalco-Tlalnepantla, que cambiará su nombre con el tiempo al de Avenida Parque Vía y que es la actual moderna rúa de Avenida de Aquiles Serdán. Además de que también podemos apreciar un camino franqueado por árboles que hacían parecer un pequeño bosque, la entrada a la noble “Casa grande” de la Hacienda como se les decía entonces, con su patio colonial, jardín, su amplia terraza, de los alrededores y caminos de terracería de la periferia en el film.
   Es de mencionar el interesante dato cinematográfico que precisamente con esta cinta de El Compadre Mendoza la Cineteca Nacional abrió sus puertas con su exhibición en enero de 1974, cuyas instalaciones se encontraban entonces como un anexo a los Estudios Churubusco. Fernando de Fuentes en su búsqueda de alguna hacienda de manera afortunada en este caso la del Rosario la encuentra como locación idónea para filmar esta película en el Azcapotzalco campirano de antaño, lo cual daría pie a que no sería la única que se filmaría en esta antigua hacienda colonial (entre los diversos dueños que tuvo es de mencionar que uno de ellos fue Sebastián de Aparicio importante personaje del siglo XVI) ya que con el tiempo, se realizarán otras películas en este mismo sitio como locación en exteriores.
  Así la tierra del hormiguero Azcapotzalco será con sus caminos de antaño, campos, establos, sembradíos, haciendas y un etc., lo que dará pie al uso del folclor y ambientes vernáculos con sabor a provincia en sus diversos barrios y pueblos en un otrora siglo XX como locaciones.
 
 Por la época de oro del cine mexicano.
  Pasarían dos años para que Fernando de Fuentes regresará a filmar al norte de la ciudad, quien sigue realizando películas en esas fechas y recién había concluido la realización de ¡Vámonos con Pancho Villa! Al revisar un cuento de la escritora Luz Guzmán con el título de “Cruz”, el guionista Guz Águila realiza un argumento fílmico en base a partir de este adaptándolo. Un productor de apellidos Diaz Lombardo decide filmarla encargándole la dirección a De Fuentes a quien convoca. Éste al revisar el guión empieza a visualizar el sitio para la filmación en la Hacienda del Rosario, ya que regresará a ésta para utilizarla como locación de lo será un éxito cinematográfico: la película Allá en el Rancho Grande.
  Alfaro nos comenta los pormenores:
  “… la singularidad del caso de “Allá en el Rancho Grande”, cinta basada en el cuento “Cruz”, de la escritora Luz Guzmán de Arellano, y filmada por Fernando de Fuentes a partir del 3 de agosto de 1936 en los estudios México Films y en locaciones de la hacienda del Rosario, cercana al pueblo de Tlalnepantla…” (Alfaro, 2020).   
  Así esta película que originalmente llevaría el título de Cruz o Crucita, se optó por cambiárselo por el de la canción de autor anónimo, así nos anota Riera:
   “El interprete musical jalisciense propondría a De Fuentes modificar el titulo del filme por el de “Allá en el Rancho Grande”, uno de los temas que mayores triunfos le había proporcionado en su vertiginosa carrera artística” (Riera, 1993. p. 236).
  El día 6 de octubre de 1936 se efectuó su estrenó en el cine Alameda, Lux y en un gran número de Salas. Esta película abrirá toda una industria cinematográfica nacional y mercados a otros países y es la primera en tener un premio internacional a la mejor fotografía en el Festival de Venecia de 1938 al célebre fotógrafo Gabriel Figueroa (Valdés, 2005. p. 45).  
   Esta cinta según los estudiosos de nuestro cine, concuerdan en que será la que inaugure la llamada “Época de oro del cine mexicano”, en donde De Fuentes dirige las memorables actuaciones de Tito Guízar, Esther Fernández, René Cardona, entre otros actores.
  Podemos constatar en lo que respecta a la locación principal ésta se llevó a cabo en la Hacienda del Rosario (antes Hacienda de Careaga) y en los Estudios CLASA como nos lo ha comentado también el Mtro. Cesar Aguilera estudioso de nuestro cine mexicano, para recrear la trama del “Rancho Grande” película que conquistará al público nacional e internacional y filmada orgullosamente en Azcapotzalco, cuyos estereotipos el cine mexicano abrazará para siempre, por sus inolvidables personajes y su folclor. Asimismo, otra locación en Azcapotzalco de esta cinta es en el Barrio de Nextengo, en la capilla de San Salvador Nextengo, donde se lleva a cabo la escena del final de la película con la boda de los protagonistas y que entusiastas vecinos chintololos, participaron como “extras” haciendo bola como bien nos narra en una entrevista don Luis Téllez, cuyo atrio su piso era de pura tierra (Azcapo tu revista, 2010).  Como un broche de oro, mencionaré que el día 27 de julio de 1991 el actor Tito Guízar en persona devela la placa en la capilla de Nextengo, que nos indica que ahí se filmó la película “Allá en el Rancho Grande” otorgada como un reconocimiento de la Legión Nacional de patriotas, de autoridades y del pueblo de Azcapotzalco como un merecido reconocimiento a la labor del actor de fama nacional e internacional y que podemos observar en la capilla, que se encuentra situada a unos pasos de la entrada en el costado derecho al interior de ésta.  Para nosotros en Azcapotzalco y para los cinéfilos de nuestro cine nacional es un orgullo esta película: apreciamos en toda su magnitud la Hacienda lechera del Rosario, en una historia de Ex Hacienda real, a un Rancho idílico, de sus caminos y de su capilla del Señor de Nextengo.
   
   Azcapotzalco en esta década de los 30´s estaba conformado de extensos llanos, plantíos y árboles por doquier sin lugar a dudas, como nos lo dirían los testimonios de la gente que vivió aquellos años de entonces, así lo podemos constatar en la película de La China Hilaria realizada en el año de 1938, de Roberto Curwood, con Alicia Ortiz, Pedro Armendáriz y Alfonso el “indio” Bedoya. Observamos en una escena una estación de tren o alto señalada al aire libre con una placa, la cual se indica con la leyenda de “Ferrería” en un testimonio que nos da M. Gutiérrez, oriundo de Azcapotzalco nos dice que se encontraba esta parada del tren a un costado de la actual estación del metro Ferrería, en las vías del moderno tren ligero y que observamos en una escena en esta película este antiguo lugar de Ferrería, ya que según la trama el protagonista se va a ir “al otro lado” y el medio para las grandes distancias era el tren, observamos la larga vía en unas imágenes atrapadas en el tiempo, así como también de los campos extensos que se observan en una parte de la trama y que son los ahora terrenos de El Deportivo Reynosa, la Alameda del Norte y que se encontraban hasta el Centro Deportivo Ferrocarrilero próximo a Ferrería que eran extensas áreas verdes, de un Azcapotzalco en unas imágenes que han quedado cinematográficamente en el tiempo.  
   La película de La india bonita, dirigida por Antonio Helú en 1938, con las actuaciones de Emilio Tuero, María Luisa Zea y Julián Soler, según los cronistas Antonio Urdapilleta y Ma. Elena Solórzano, esta filmada una breve escena en la capilla de San Salvador Nextengo con la boda ficticia de los protagonistas Tuero y Zea.   
  En el año de 1948, se filma el remake [versión basada la trama de un título e historia parecidos] de esta película de “Allá en el Rancho Grande, como otra versión por el mismo director Fernando de Fuentes, tratando de repetir el éxito de la anterior, esta vez con las participaciones de Jorge Negrete “el charro cantor” en el papel del caporal José Francisco y de la debutante Lilia del Valle en el papel de “crucita”. El espacioso lugar de esta Ex Hacienda con su granero y extenso terreno, será idóneo de nueva cuenta, aunque con ligeras modificaciones. Asimismo, se volverá a filmar el final de la boda en esta segunda versión en el mismo Barrio y capilla de Nextengo. Como anécdota, nos cuenta Adriana Durán habitante del lugar, que su papa Gabriel Durán y Velázquez actuó de niño en la cinta tocando la campana de la capilla, conviviendo además con los actores (Carbajal, 2018).
   
  Y en esta década también se filmará por Azcapotzalco la cinta ¡Arriba el Norte! que originalmente llevaría el título de “Choque en la carretera” según Riera, ya que la trama de la película se suscita en un choque de los protagonistas en una carretera lo que da pie a un sinfín de peripecias por las que tienen que pasar.  Dirigida por Emilio Gómez Muriel en 1949 para Filmex, con Luis Aguilar “el gallo giro”, Marga López, Joaquín Pardave y Lilia Prado. En esta comedia minutos después del empiezo observamos el choque aludido de la historia y el portón de la hacienda del Rosario ligeramente modificado para la escena, precisamente en lo que seria el antiguo camino de Azcapotzalco a Tlalnepantla y que sería después la Av. Parque Vía. En el film podemos apreciar el Azcapotzalco llano como nos lo han testimoniado aquellos que vivieron en él y cuyo lugar de la escena es la actual entrada principal del Town Center El Rosario en el imparable crecimiento de la modernidad. 
  Mencionaremos ahora la película de Islas Marías de 1950 dirigida por Emilio “el indio” Fernández y producida por los Hermanos Rodríguez, con las actuaciones de Pedro Infante, Rosaura Revueltas, Jaime Revueltas. Drama que se desarrolla en una familia que queda desintegrada a raíz de una fatalidad. Las locaciones interesantes que podemos mencionar son el H. Colegio Militar en Popotla, la antigua estación de la Villa, la anterior Basílica de Guadalupe, las Islas Marías y las desaparecidas ladrilleras de San Pedro Xalpa en Azcapotzalco. En la película se observan en dos escenas: cuando sufre la madre del protagonista un accidente y cuando éste encarnado por Infante la busca en las infames ladrilleras que para el drama eran puestas de desproporcionadas condiciones insalubres. El testimonio nos lo da el sr. Daniel Rojas, quien nos comenta que existían unas ladrilleras tanto en tierra nueva, cercano al Rosario, como unas ladrilleras más extensas en San Pedro Xalpa, que nos confirma también el Mtro. Francisco Martínez, ubicando ambos que las que observamos en la película se ubicaban en San Pedro Xalpa, comentándonos que llegaron a ver estas ladrilleras que se observan en la película. Así como se decía del rumor que por los años cincuenta habían visto a Pedro Infante por San Pedro Xalpa por Azcapotzalco por las ladrilleras, decían algunos vecinos del lugar. Existe una discrepancia en lo que se ha comentado que estas escenas se filmaron en una ladrillera que se encontraba en el actual Parque Hundido, situación no probable, ya que esas ladrilleras de “la Noche Buena”, dejaron de funcionar muchas décadas atrás antes de la realización de la película.     

  Por la misma década, año de 1955 se filma La tercera palabra, basada en la obra teatral del mismo título de Alejandro Casona, siendo adaptada a la pantalla grande, con la estrella del celuloide: Pedro Infante en una historia de drama, romance y comedia.  Dirigida por Julián Soler para Filmex, actúan también Marga López, Sara García y Prudencia Grifell. Las locaciones para la filmación son en la Hacienda del Rosario, las lagunas de Cempoala en el Edo. De México. Observamos un amplio lugar de escenarios naturales en las tomas y escenas y de la ExHacienda en su extensión: El antiguo camino de Azcapotzalco-Tlalnepantla, el casco de la Hacienda, su gran arboleda de gran follaje aún, la puerta de entrada a este casco y su gran patio colonial en diversas escenas. Llevada innumerables veces al teatro, para los cinéfilos es del agrado la versión cinematográfica con la estrella Pedro Infante y demás memorables actuaciones, así como de los inolvidables lugares en que se desarrolla la historia y que uno de estos sitios es nuestro lugar de las hormigas, que se nos ha ido con el tiempo, como diría el poeta: ¡Un verde que te quiero verde Azcapotzalco!  
   En 1956 se filma en la Ex Hacienda del Rosario nuevamente, con la propiamente y desconocida continuación de “Allá en el Rancho Grande”: Los hijos de Rancho Grande, con Tito Guízar, Esther Fernández, entre otros, cuya trama se sitúa en el mismo lugar del acontecer de la historia original 20 años después. Filmada ahora por el director Juan Bustillo Oro, como un homenaje a su realizador original Fernando de Fuentes, película digna de ver, ya que al principio del film, se retoman las imágenes de la entrañable versión de 1936 y en la cual una voz narradora nos va guiando presentándonos el escenario anterior de la historia del Caporal y Crucita en una reminiscencia y situarnos dos décadas después con otro contexto en el mismo lugar y los cambios que han sucedido y que la hace curiosamente una película a manera de testimonio antes del comienzo de la nueva historia en el “Rancho Grande”, entrañable de ver dos décadas después de la película clásica que dio un comienzo e identidad a nuestro cine nacional y con su incipiente proyección internacional que ubicaría a nuestro país entre los principales productores de películas para diversos mercados en su época de oro, desde 1936 pasando por la década de los 40 y hasta mediados de los 50s, según algunos estudiosos de nuestro cine, en el contexto de la Segunda guerra mundial, al poder producir nuestro país gran cantidad de películas y exhibirlas para los mercados de entonces.  

   Dos años después con Cuando ¡Viva Villa! es la muerte, de 1958, dirigida por Ismael Rodríguez con Pedro Armendáriz, Alma Rosa Aguirre, y Carlos López Moctezuma, regresaran las cámaras de cine a rodar en Azcapotzalco de nueva cuenta a esta misma Hacienda del Rosario y con la que concluirá la etapa de las realizaciones filmadas en tierra chintolola de la llamada Época de oro del cine mexicano que se extendiera hasta la última década de los años 50´s, esto en el año de 1958, aunque no hay una fecha precisa de cuando concluye la época de oro, los críticos cinematográficos ubican el término de esta etapa con el accidente y deceso de Pedro Infante en el año de 1957.  Esta película es la tercera y última parte de una trilogía que realizara Ismael Rodríguez en torno a la figura de Doroteo Arango mejor conocido como Francisco Villa (las otras son: Así era Pancho Villa y Pancho Villa y la Valentina). Con una visión particular su director nos cuenta en esta película una serie de anécdotas que se le atribuían a Villa, así como de también lo imaginaba don Ismael Rodríguez lo cual manifestó en alguna ocasión, no ahondadando tanto en cuestiones históricas del personaje sino en las anecdóticas. Se recrea en el film, la Hacienda de Canutillo en Parral Chihuahua perteneciente a Villa, trasladada por la magia del cine a esta Hacienda del Rosario, ello en el último capítulo de la trama que es el de ¡Viva Villa!, divida a manera de capítulos o seriales de antaño que se encuentran enlazados a lo largo del film.   
   
  Como anécdota tenemos una nota sobre don Román oriundo de Azcapotzalco:
 “Román Camacho de 91 años, conoció y vivió en el Azcapotzalco de haciendas, milpas y rancherías. El vecino de la colonia Santo Domingo, nació y trabajo en la Antigua Hacienda del Rosario. Participo en películas grabadas en este lugar e hizo amistad con artistas de la talla de Pedro Armendáriz…”  (Hormiguero informativo, 2017. p. 8).
  Efectivamente son varias las películas filmadas en este lugar como lo hemos visto a lo largo de estas crónicas cinematográficas que bien nos dice esta nota sobre Don Román. Gente mayor oriunda del Rosario, en ocasiones fortuitas nos ha comentado que les toco ver alguna filmación de estas películas y de haber saludado a estos artistas de la etapa de oro del cine.

  Observamos ya a colores (eastmancolor) y con mayor aprecio su portón aún existente y del camino al interior que la atraviesa franqueado por árboles, así como de la gran terraza abierta, protegida por unas columnas que dan acceso a la gran noble casa grande en su amplia terraza, donde se recrea la Hacienda de Canutillo, asimismo del exterior del enrejado forjado a su puerta de entrada en donde se llevan a cabo algunas escenas finales de la trama.  
  El casco de la hacienda todavía existe en pie, aunque un tanto modificado: su casco fue restaurado en 2012, así como su troje, ya que había estado durante décadas el lugar abandonado de manera ruinosa, hasta que fue rescatado por la iniciativa privada, aunque llenándose de comercios a más no poder, transformándose en la enorme plaza comercial Town Center El Rosario. Es de mencionar que en su patio colonial actualmente cuenta con una pantalla gigante de cine en formato digital, lugar en donde antes se filmaban películas de nuestro cine, ahora se proyectan en este sitio una gama de películas y ofertas visuales.
   En el siguiente número continuaremos por este fascinante viaje cinematográfico por Azcapotzalco y sus películas.     

  

Bibliografía consultada.

Aguilera, C. (2010). Historia del cine mexicano. México: Mina, Cine confidencial.
Alfaro, E. V. (agosto de 2020). Sobre las fuentes culturales de “Allá en el Rancho Grande”, en su aniversario de rodaje.  Recuperado de http://www.correcamara.com.mx/i
Azcapo tu revista. (edit). (septiembre 2007). Entrevista Sr. Luis Téllez. Azcapo tu revista, (1), p. 10-12. 
Bustillo, O. J. (1984). Vida cinematográfica. México: Cineteca Nacional.
Carbajal, C.J. (2018). Crónicas junto a la ceniza. En Consejo de la Crónica de Azcapotzalco (comp.) Tlacuilos tepanecas: XVIII Encuentro de Cronistas de Azcapotzalco. (p. 18-28). México: Delegación Azcapotzalco.
Dávalos, O.F. (2010). En los tiempos del automóvil gris. México: UNAM, DGAC.
De los Reyes, A. (1984). Los orígenes del cine en México (1896-1900). México: Fondo de Cultura Económica.
De los Reyes, A. (1996). A cien años del cine en México. México: Miguel Ángel Porrúa.
Delegación Azcapotzalco. (abril de 2017). Román Camacho, casi un siglo de vida chintolola. Hormiguero informativo, año 2 núm. 15, pp. 8.
García, R.E. (1993). Historia documental del cine mexicano, volumen 1. Guadalajara, Jalisco: Universidad de Guadalajara. 
López de la Rosa, E. (2005). Historia de las divisiones territoriales de la cuenca de México. México: Asamblea Legislativa del Distrito Federal, III Legislatura.
Milenio digital. (agosto de 2020). ¿Por qué el Dia Nacional del Cine Mexicano se celebra el 15 se agosto? Recuperado de http://www.milenio.com
Peña, M. (1996). 1896-1930: el firmamento silente. Somos. 100 años de cine mexicano. 6 (1), p. 24-27.
Solórzano, M. A. (2007). Barrio de San Lucas Atenco crónicas y anécdotas. México: Consejo de la Crónica de Azcapotzalco. Edición de autor.
Valdés, P. A. (2005). Allá en el Rancho Grande. En Ortiz E. R. (comp.). Miradas al acervo. México: CONACULTA-Cineteca Nacional.  


MONUMENTO PARA 
FERNANDO DEL PASO 
/ AZCAPOTZALCO 
EN SU NOVELA “JOSE TRIGO”

Por: Martin Borboa

La novela “José Trigo” de Fernando del Paso (FCE, 2015, México), sitúa la acción en 1960 (hace 60 años) en una zona ferrocarrilera que incluye una sección de Azcapotzalco. Todavía hoy, las vías del tren al final de la Calzada Camarones al sureste de la alcaldía, son freno obligado al tránsito vehicular con el paso de los trenes, y su diario silbato es un sonido habitual para quienes vivimos en ese sector. Parte de la trama ocurre en el filo sureste de la Colonia Nueva Santa María, alcaldía Azcapotzalco. Menciona la Calle de Alhelí, la Calzada Camarones y la Calle de Crisantema. Más adelante veremos otros dos puntos de la alcaldía que también figuran en la novela.
  
EL AUTOR
Fernando del Paso Morante (1935-2018) tuvo diferentes ocupaciones destacadas, entre ellas la de diplomático. Como autor fue varias veces premiado. De amplia obra literaria (historia, poesía, ensayos, ficción, sonetos, teatro, gastronomía). Suele ser reconocido por su obra “Noticias del imperio”. Entre sus logros destacan el Premio Mazatlán de Literatura 1988, Premio Nacional de Ciencias y Artes 1991, Premio FIL de Literatura 2007, y el Premio Cervantes en 2015, entre otros.
LA NOVELA
Su primer novela, “José Trigo”, publicada en 1966, le hizo ganador del premio Xavier Villaurrutia ese mismo año. En ella toca muchos temas como la conquista, la fundación de Santiago Tlatelolco, pero lo más abundante, es la historia del tren en México, la vida de los ferrocarrileros mexicanos en la mitad del siglo XX, los sindicatos y su demanda de aumentos salariales. Habla de la gente que habitaba en los campamentos ferrocarrileros en la cercanía de la estación de Buenavista. Este artículo no será para dar un resumen de la obra, ni para citar todos los puntos que se desarrollan en ella. Es para resaltar lo que la novela menciona de Azcapotzalco, y parte de lo que ahí ocurre.
LOS CAMPAMENTOS
Mucha de la trama es situada en dos campamentos, el Campamento Este y el Oeste. Es importante señalar que la Calle de la Crisantema es muy larga. Se menciona muchas veces en el libro. Nace en la Estación Buenavista, casi esquina con Insurgentes Norte. Incluso ahí se encuentra la Unidad habitacional Crisantemo. Desde ahí, la Calle de la Crisantema va a un lado de la vía hasta llegar a la esquina con la Calzada Camarones, ubicada en la colonia Nueva Santa María.
Mucho de la novela se desarrolla en los dos campamentos de gente dedicada a colocar vías y darles mantenimiento. El Campamento Este que estaría situado cerca de la Estación, y el Oeste, que aun se puede ver en el límite sureste de Azcapotzalco con la alcaldía Miguel Hidalgo.

   

CAMPAMENTO OESTE
Cuando uno recorre la Calzada Camarones hacía el sur, llega a donde termina el camellón, donde está la Virgen de Guadalupe y la Parroquia de San Salvador de la Flores. Ahí encuentra las dos vías, y a la derecha está el Campamento Oeste. Por ser el límite entre dos alcaldías y tres colonias, aclaramos que la Calle de la Crisantema está en la Colonia Nueva Santa María, (Azcapotzalco), el camellón donde está la Virgen divide a la Colonia Nueva Santa María de la de San Salvador Xochimanca. Y luego cruzando las vías están la Parroquia y el Campamento Oeste, ambos en la Colonia Plutarco Elías Calles (Miguel Hidalgo).
Desde ese cruce se ven varios vagones de ferrocarril adaptados a casa habitación, y desde la Calzada de los Gallos tienen las construcciones un muy agradable aspecto urbano familiar que a mí me parece ejemplar. Limpio, bien pintado, iluminado, abundantes plantas, gente amable y unida. He caminado varias veces por ahí y en su miscelánea he comprado algún refresco para beberlo tranquilo rumbo a mi casa en la alcaldía Azcapotzalco. He visto sus altares religiosos dignos, bonitos, iluminados, y las animadas fiestas que hacen en los días de su celebración. El origen de esa comunidad respetable y respetuosa, es el campamento ferrocarrilero de la gente que trabajaba para colocar, mantener y cuidar las vías del tren.

AZCAPOTZALCO MENCIONADO EN LA NOVELA
Son tres sitios de Azcapotzalco que figuran en la novela: 1) la Calle de la Crisantema, esquina con la Calzada de Camarones. 2) un burdel en la calle de Tlatilco en la colonia del mismo nombre. 3) La estación de carga ferrocarrilera Pantaco, en la colonia Jardín Azpeitia.

BUSCANDO A JOSE TRIGO
Dice la obra de Fernando del Paso: “¿José Trigo? Era.  Era un hombre.  “Él me vio llegar desde lejos, en el amanecer de un once de enero de un año bisiesto de hace muchos años… Veintinueve kilómetros de rieles de cincuenta y seis a setenta y cinco libras me dijeron, y el polvo del hollín de las fábricas La Luz La Esperanza y Sidral Mundet que hay o había a todo lo largo de la Calle de Crisantema, desde el Puente de Nonoalco hasta el Campamento Oeste”.
“¿José Trigo? No, no conozco a nadie que se llame José Trigo dijo como si dijera… soy un pobre ferrocarrilero que trabaja como burro en una estación de carga y me jodo duro y bonito y no sé nada de hombres que llegan de lejos caminando por las vías y se alejan y se pierden bajo el puente y no se nada de torres de vigilancia y de entronques y de los ojos redondos y rojos refulgentes de las ménsulas de señales que vieron a José Trigo guiñándole la muerte y lo vieron llegar desde lejos, vagar por estos llanos de Nonoalco donde cada veinticuatro horas se reciben y despachan mil cuatrocientos carros, y lo vieron vivir con la mujer, tres días sin hablarle y siete meses sin tocarla en algunos de esos carros olvidados, en la Ciudad del Oeste, donde hay setenta y ocho furgones y vagones y jaulas abandonadas donde viven y comen y duermen más de cien ferrocarrileros que trabajan alineando los rieles y de noche cuentan historias de viejas huelgas ferrocarrileras y leyendas de la Revolución y los trenes…”.
“De estos rumbos de Nonoalco… por donde caminó José Trigo, por aquí por estos campamentos y por allá, más allá del Puente… vacas lecheras, o barricas de pulque, o troncos de algarrobo lingotes de acero y también hombres y mujeres y niños que se asoman por las ventanillas de un tren de locomotora de plata y carros equipaje de puertas corredizas y carros cafetería y carros observatorio y te ven caminar por la Calle de la Crisantema entre nubes de polvo y ceniza que trae el viento que gime y te ven cuando te acercas a una mujer que llora junto a un ramo de girasoles recién que corta y le preguntas:
¿José Trigo? -No lo conozco- te dice la mujer-. Pero mire: yo creo que la madrecita Buenaventura es la que sabe de esas cosas. Y entonces tú que buscas a José Trigo, tú que quieres saber quién es y tú que no sabes quién es la madrecita Buenaventura, tú preguntas ¿La madrecita Buenaventura?”.

BUSCANDO A LA MADRECITA BUENAVENTURA
Y cuando por fin la encuentras ves que: “ella misma sabe que la mujer que vivía con José Trigo aceptó las sobras que él le dio un día… sabe que la mujer con la que vivía José Trigo se llamaba Eduviges y lo mismo, también, que las hojas del ahuehuete son buenas para orinar…”.
“Y te dicen, y búsquela y pregúntele a la madrecita Buenaventura por José Trigo y ella de seguro le contará toda la historia aunque no lo haya visto nunca, aunque nunca haya existido José Trigo… y si el que llega a buscarla le pregunta “¿José Trigo?” ella le contestará: “Pásele, pásele, yo le contaré la historia de José Trigo”, y el que preguntara por José Trigo, estará seguro entonces de que la madrecita Buenaventura le contara la historia hoy, mañana, cuando quiera, y empezará por el principio, por el final o por la mitad, por donde guste”.
Y si buscas a la madrecita te dirán: “siga después por los llanos que están a la izquierda y luego atraviese el Campamento Este y tome después la calle de la Crisantema te dicen y tú pasas por un largo campamento encanijado, por el mismo que una noche llegó un hombre que odiaba a José Trigo azuzándole la muerte, y allí te dicen “La calle de la Crisantema está al otro lado del puente… y entonces ustedes no veían los depósitos de sal y los autotanques y las casetas y los guardacruceros y las peluquerías y todo eso a lo largo de la Calle de la Crisantema y que vio pasar a José Trigo con una caja blanca al hombro y después cajas grises y negras, de niños y hombres… dices, y te dicen “No  lo vimos porque por la Calle de la Crisantema hay que caminar con la vista baja, viendo las traviesas, el balasto, los rieles espejados…”… “nos decían: caminarán a todo lo largo de la Crisantema hasta llegar a Río Consulado, y así lo hicimos…”… “pasaban ustedes por las casitas de adobe y llegaban a la iglesia siempre caminando por las vías como lo hizo siempre José Trigo… entonces sigan derecho sin despegar los ojos de la iglesia que se ve a lo lejos, no tanto para que no se pierdan sino porque allí está la pulquería de los Cuatrocientos conejos y si la ven a lo mejor o a la peor nunca llegan a la casa de la vieja Buenaventura que como les decimos, vive en el campamento que se divisa al otro lado de la calzada, más allá del humilladero donde está la milagrosa de Guadalupe que hace muchos años pintó un guardacruceros y donde una noche se escondió José Trigo entre los gladiolos y las gardenias”, así le dijeron y tú les dijiste “Y ustedes veían el campanario de la Parroquia de San Salvador de las Flores…”.
Y continúa: “Oiga nuestras palabras y que no se le olviden. Y porque vas juntando las palabras que te dan muchos hombres, llegas al Campamento. Te dicen: derecho, Crisantema, izquierda, iglesia, junto, Quinta San José, El Paso de las Mujeres Bellas, Calzada Camarones, enfrente. Y porque sigues derecho por la Calle de la Crisantema y al llegar a Camarones ves a la izquierda la iglesia junto a una caseta de vigilancia que dice “Quinta San José – El Paso de las Mujeres Bellas”, y dentro un hombre de sombrero de fieltro te dice “Enfrente”, enfrente está el Campamento Oeste, donde vive o vivió la madrecita Buenaventura.
El Campamento Oeste, frontero al templo de San Salvador de las Flores, es un campamento de ferrocarrileros. En estos campamentos viven los peones de vía que pasan la mitad de la vida colocando durmientes y calzando rieles para construir caminos. Cuando están terminados, pasan la otra mitad de la vida corrigiendo los desalineamientos y las desnivelaciones. Una locomotora especial lleva de un lugar a otro todos los vagones donde viven, y a cada lugar les llega el correo y también sus ropas y alimentos… pero sucede que algunos furgones no vuelven a caminar nunca. Un día se quedan en un punto de la vía y esperan. Esperan muchos años, tantos que parecen hundirse en la tierra. Han quedado fuera de servicio y fuera de las vías útiles. Alrededor de ellos crece una ciudad olvidada, crece la yerba, crecen los niños. Y pasado algún tiempo, nadie se acuerda de cuando eran viajeros que iban de un lado a otro construyendo caminos,  Una de éstas ciudades era el Campamento Oeste, donde vivió José Trigo, donde vivió la madrecita Buenaventura y tenía su conventículo, y a donde llegué yo un día, preguntando por José Trigo”.
“El campamento más cercano al Puente se llamaba Campamento Este. Abajo y hacia el Oeste, estaba la Calle de la Crisantema. A ella daban todas las espaldas de las fábricas, depósitos y bodegas cuyas fachadas, a su vez, daban a las dos calles paralelas inmediatas a Crisantema: la calle de Alhelí y la calzada de Nonoalco. Junto a las espaldas de las fábricas, y construidas con láminas, cartones y trozos de puertas y ventanas, estaban las casas de los pepenadores. A dos metros de estas casas, pasaban a todas horas de día docenas de trenes, locomotoras de maniobras y armones. La Calle de la Crisantema llegaba hasta la Calzada de Camarones, allí las vías se desviaban y pasaban a un lado de otro campamento, llamando Campamento Oeste. El más olvidado de cuantos conocí”.

EDUVIGES Y LA CAJA DE SU HIJO.

La historia de José Trigo comenzó el día 1 de abril de 1960, (coincide con el día de nacimiento de Fernando del Paso, pero de 1935). Dicen que ese día José Trigo venía descalzo y escondido en un tren de carga, y que al pasar por el Campamento Oeste saltó, o en el brinco se quedó sin zapatos, y se metió al furgón donde vivía Eduviges, ahí se puso los zapatos del hombre anterior de la Eduviges y se quedó a vivir con ella, con el hijo que tenía en brazos y el que tenía en el vientre, y que en tres días no salieron. Él salió hasta el día en que ella le dijo que ya no tenían nada para comer. Y entonces José Trigo salió con la jaula y el jilguero adentro para venderlo y poder comprar comida, y dicen que regresó con un “atadijo de tortillas duras y una lata de frijoles”. Y que se le veía perderse a todo lo largo de la Calle de la Crisantema.
A José Trigo lo vieron ese día que salió con la jaula para venderla con todo y jilguero. Casi dos meses después se murió el hijo de Eduviges. Por eso José Trigo vestido de saco negro fue a tocar la puerta de Don Pedro el carpintero, y le dijo que necesitaba una caja para el hijo de Eduviges. No tenía con que pagarla, pero se ofreció de cargador y hacer entregas de ataúdes. Así lo consiguió, y al día siguiente, 29 de mayo, lo vieron: “cargando la caja blanca donde llevaba a enterrar al hijo de Eduviges: ella iba atrás panzona de nuevo, corte y corte girasoles. Y lo vieron después muchas veces, cargando otras cajas, éstas vacías y de todos tamaños y no solo blancas sino también grises y negras”. Eran las cajas de muerto que le encomendaba don Pedro el carpintero, que tenía su taller en la esquina de Pino con Crisantema, y se presentaba como “Hacedor de ataúdes para servir a usted”.  José Trigo pagó el ataúd entregando las cajas listas del carpintero a las funerarias. Dicen que: “cargo ese día y muchos días cajas y más cajas para los muerteros… un promedio de dos cajas al día…”, y Don Pedro, “luego de considerar pagada la caja, y con creces, continuó empleándolo ahora pagándole él…”. Lo triste es que el niño acabó en la fosa común.

LA PROTESTA DE FERROCARRILEROS DETUVO UN TREN.
Y resulta que un día se perdió un tren que transportaba pescado. Cuentan que los que buscaban ese tren desaparecido: “cuando llegaron al Campamento Oeste, junto al humilladero de la Calzada Camarones, encontraron lo que habían ido a buscar a Buenavista: un tren de carga detenido. Vaciaron uno, dos, tres furgones antes de que se dieran cuenta los granaderos. Los esquiroles los dejaron hacer. Pescados congelados. Hielo. Unas que otras frutas. .. Los ferrocarrileros holgantes, los de aquí, los de aquillá, por estos llanos, aquí nacidos ferrocarrilenses, bienparidos  ferrocarrileños, asaltaron el tren de carga que venía de los atlánticos, y luego
¿Cómo le va, madrecita Buenaventura?, ¿Qué es de su vida, madrecita Buenaventura?, ¿Sabe usted que pasa, madrecita Buenaventura?
Pues nada, que detuvimos un tren que traía harto pescado y botamos la carga y ya lo ve aquí, mire nada más cuanto pescado”.

MANUEL ANGEL.
Este personaje fue pareja de Eduviges, pero nunca se casó con ella. Su primero hijo de ambos nació en diciembre de 1959, sietemesino. El 16 de octubre de 1960 les nació el segundo hijo, de nombre Florentino. (Dice la novela que ese mismo día “los ferrocarrileros asaltan, en la Calzada de Camarones esquina con la de Crisantema, un tren carguero…”). Con la que si se casó fue con Genoveva, y se unieron en la Parroquia de San Salvador de las Flores.
Manuel Ángel que andaba en el comité ferrocarrilero (y aceptó sobornos gubernamentales para evitar el estallamiento de huelga) traicionó a Luciano, quien también lideraba al gremio. El día 2 de noviembre de 1960, en mero día de los finados, discutieron en un callejón del Campamento Este. Manuel Ángel le clavó un cuchillo y Luciano murió. Solo alguien que se la pasaba caminado por las vía atestiguó ese crimen. José Trigo vio todo. Manuel Ángel lo persiguió pero José Trigo aprovechó que venía un tren, cruzó las vías antes y con eso puso distancia. Esa vez se salvó. Por eso Manuel Ángel siguió buscando a José Trigo, y el 5 de diciembre de 1960 fue al Campamento Oeste, pero Eduviges le dijo que ya se había ido y no volvería.
Los ferrocarrileros festejaban a la Virgen de Guadalupe, empezando desde el día 10 de diciembre. Había mucha gente en la fiesta y en los Campamentos. Aquel 10 de diciembre de 1960 “Manuel Ángel ve a José Trigo entre la multitud. Lo persigue. José Trigo se esconde en la carpintería de Don Pedro” donde durmió en un ataúd. Al día siguiente, 11, “Manuel Ángel vuelve a ver a José Trigo. Lo persigue. José Trigo se esconde en la caseta del guardacambios”. El mero día de la Virgen, “Manuel Ángel avista por tercera vez a José Trigo. Lo persigue. José Trigo se esconde en el humilladero (de la Parroquia de San Salvador de las Flores). Manuel Ángel lo sorprende pero José Trigo alcanza a escapar…”. Esos tres días de diciembre, José Trigo iba a ver a la Virgen en el Campamento Este y más tarde a Eduviges al Campamento Oeste, y luego volvía a irse para evadir a Manuel Ángel.
Al final de esa cacería, cuando Manuel Ángel casi logró apañar a José Trigo, pasaron los trenes en la Calle de la Crisantema, y en un acto valiente casi suicida, José Trigo se abalanza y cruza las vías antes que su perseguidor. Los vagones se interponen en el acecho. Manuel Ángel  debe frenar y esperar. Ventaja trepidante para la presa. Luego de eso ya no hubo rastro de José Trigo. Ni Manuel Ángel concluyó su oscuro propósito. El narrador se pregunta “¿Subiste a un tren o te enganchaste y te arrastró para dejarte vivo o muerto a un kilómetro más allá…? Ni tú lo supiste, ni lo sabrás nunca, ni Manuel Ángel, ni Eduviges…”.

EL PASO DE LAS MUJERES BELLAS, BURDEL DE TLATILCO.
En Azcapotzalco está la Colonia Tlatilco, y tiene su Calle del mismo nombre. La novela dice (nombrando otras calles de la Colonia Tlatilco) que Manuel Ángel, un día “dejó atrás el Hotel Jacaranda, y siempre por la Calle de Crisantema… cruzó el Jazmín y el Almendro, y llegó a la lúgubre Calle sin nombre… que desemboca en la Calle de Tlatilco… fue entonces cuando cayó en la cuenta de que subconscientemente había hecho la travesía de costumbre camino al burdel…”.
A veces “las mujeres del burdel de Tlatilco, desnudas, salían a pelear con los granaderos…”.
En una charla entre Manuel Ángel y sus amigos: “hablaron de temas eróticos, y de mucho hablar de carne, acabaron considerándola imprescindible. Hacía tanto tiempo que no se echaban un coito ilícito, que ya era lícito. ¿Vamos? Juega el pollo. Interlocutores de acuerdo. Sobres. Sopas. Al famoso de Tlatilco, de cierta “catego”, como decían en una jerga, que no llegaba a caló”.
“El burdel ni era ni fu ni fa, aunque más bien fu de furris que fa de farra. Pero con la beberecua y la media luz, las viejonas, beldades ningunas pero vivitas y culeando…”.
Manuel Ángel y sus allegados “frecuentaban el burdel religiosamente, cada vez que el pagador les entregaba sus respectivos jornales, una vez si y otra también, si no a echarse un acto carnal, cuando menos a dar un bailazo para sacudir polilla…”.

PANTACO.
El narrador explica cómo le tocó mirar con el tiempo el desmantelamiento de los campamentos: “Vi como los antiguos moradores batieron tiendas y se fueron… la nueva estación de carga, con todo su gigantesco conjunto de terracerías, “screening”, treinta y siete mil roldanas, planchuela, etc, queda muy lejos de aquí: Pantaco”.
La estación ferrocarrilera de Pantaco se ubica a un lado de la Unidad habitacional Cuitláhuac, en la Colonia Jardín Azpeitia, alcaldía de Azcapotzalco.
Una nueva fisonomía dominó los viejos espacios de los campamentos “después de que arrasaron, asolaron, desmantelaron, desbrujaron y echaron por tierra cuanta piedra, cuanto furgón, cuanta yerba había, hasta no dejar piedra sobre piedra, furgón sobre furgón, yerba sobre yerba…”.
Pero es necesario aclarar algo… ¡El Campamento Oeste subsiste! Todavía a estas alturas del siglo XXI está vivito y contento. Calzada Camarones y Calle de la Crisantema, vías del tren, vagones y furgones estacionados, palpitando llenos de vida de alegres generaciones. Que gusto le daría a Fernando del Paso saber que no todos los campamentos desaparecieron. Esto hay que celebrarlo.

PROPUESTA DE UN MONUMENTO.
El narrador de la novela dice: “las vías por las que hoy camino rumbo al Campamento Oeste, rumbo a los bienaventurados rumbos de José Trigo.
Fernando del Paso es un gigante de nuestras letras, y su primera novela tiene un rincón de nuestra alcaldía como escenario. Propongo a la alcaldía de Azcapotzalco que se haga un monumento a Fernando del Paso y se ubique en la esquina de la Calzada Camarones y la Calle de la Crisantema, por esos “bienaventurados rumbos de José Trigo. O se coloque en el camellón de Camarones en su punto más cercano a dicha esquina. O si se prefiere, quizá una escultura que represente a José Trigo cargando el ataúd blanco del niño, y a Eduviges atrás de él cortando girasoles llorando. Una placa que explique por qué se dedica ese homenaje. Bien lo vale un ganador del Premio Cervantes y del Nacional de las Ciencias y Artes. Ojalá ésta propuesta tenga éxito. No he tenido suerte con dos propuestas anteriores a mi alcaldía. Sé que la alcaldía Miguel Hidalgo podría  interesarse en ésta. Pero siento el deseo y el deber de proponerla primero a Azcapotzalco. Lo haré en ese orden.

LOS HOMBRES QUE VIVIAN EN LOS HORMIGUEROS.
El titulo es una forma más de nombrar a los tepanecas de Azcapotzalco. Al menos la que escogió Fernando del Paso. Uno de los muchos temas que toca el libro es la fundación de la iglesia de Santiago Tlatelolco, y el autor define 3 etapas de esa zona por lo que le viene el nombre de Plaza de las Tres Culturas. En general se tiene la idea de que es por las culturas prehispánica, colonial y moderna, al tener a la vista construcciones de esos tres periodos. Sin embargo, Fernando del Paso ofrece en el libro una lista algo diferente, en la cual aparece insinuado Azcapotzalco.
Sabemos que los mexicas se instalaron en la isla de México - Tenochtitlán, y más de una década después, un grupo de ellos decidió mudarse a la isla vecina y fundar ahí México – Tlatelolco. Los de Tenochtitlán pidieron a Culhuacán que les diera un gobernante. Los de Tlatelolco lo pidieron a Azcapotzalco. Esa alianza entre Tlatelolco y Azcapotzalco era sólida, y se mantuvo hasta que Tenochtitlán, Texcoco y Tacuba (Triple Alianza) se unieron para quebrar al imperio tepaneca.
Fernando del Paso ofrece esta versión en la novela sobre las muchas cosas que iniciaron en Santiago Tlatelolco: “bajo el signo providencial de la Trinidad. Porque fueron tres las ínsulas sobre las cuales se fundó la antigua ciudad. Y de ellas una, Tlatelolco, se perdió aquí, cuando su gobernante se embriagó en compañía de los hombres que vivían en hormigueros, y sucumbió sin que valiera la defensa que de ella hicieron falanges de mujeres desnudas, para convertirse en tributaria del Reino de la Triple Alianza. Palustre Reino de la Triple Alianza que se derrumbó aquí, en Nonoalco-Tlatelolco, cuando los conquistadores de barba portentosa iniciaron la segunda de las Tres Épocas, de las Tres Culturas que han tenido aquí su esplendor. La tercera de ellas, la época de las invenciones y los artilugios, de las maquinaciones y los artificios que esparce su magia hasta nuestros días, se inició cuando aquí, de Santiago Tlatelolco, y rumbo al puerto de la Villa Rica de la Vera Cruz, partió el primer ferrocarril de la República”.