sábado, 18 de julio de 2020


DON ANTONIO VALERIANO
EL AZCAPOTZALCA MÁS IMPORTANTE PARA LA FORMACIÓN DE MÉXICO.

Por: Patricio Garibay.

Si pensamos en los miles de hombres y mujeres qué construyeron los cimientos qué hicieron posible la formación del México de hoy, seguramente  las cinco figuras más importantes serian; el gran capitán Hernán Cortés, doña Marina (la Malinche), el primer virrey don Antonio de Mendoza, el visionario fray Bernardino de Sahagún y el sabio don Antonio Valeriano, este último nacido en Azcapotzalco y a diferencia de las otras cuatro figuras, es quizá el menos reconocido y valorado, si es que los otros han sido alguna  vez valorados.

Bernardino de Sahagún y una pagina del “Códice Florentino”


Existen distintas versiones sobre el año de nacimiento de Antonio Valeriano, una dice que nació apenas un año después de la caída de Tenochtitlán, es decir en el año de 1522, otra dice que nació pocos años antes de 1521, lo que sí se sabe es que sus primeros  estudios los hizo con los franciscanos en el Colegio  Imperial de la Santa Cruz de Tlatelolco y más tarde se convirtió en profesor y rector del mismo, desde sus inicios como estudiante destacó entre todos los demás por su enorme inteligencia y su gran dominio de su lengua materna el náhuatl, el español y el latín. Fue autor del manuscrito Nican Mopohua donde se narra en náhuatl el mito de las apariciones de Nuestra Señora de Guadalupe. Seguramente descendía de la nobleza tenochca, pues además de estar casado  con doña Isabel Huanitzin que era descendiente de la línea real tenochca, fue designado por el virrey don Martín Enríquez de Almanza gobernador de la parcialidad indígena de México Tenochtitlan y Azcapotzalco, del año de 1573 a 1599, estos cargos eran destinados únicamente a la nobleza indígena.
Pero la mayor aportación  de don  Antonio Valeriano para la construcción de  México fue su colaboración en la elaboración de la obra monumental “Historia general de las cosas de la Nueva España”, conocido también como el “Códice Florentino”, documento primordial para entender, la vida, el idioma, las costumbres y la cosmología del mundo indígena precortesiano. Absolutamente todo lo que hoy se sabe del mundo prehispánico   ha sido gracias a sus miles de páginas escritas en español y en náhuatl, y qué cuenta además con una enorme cantidad de ilustraciones elaboradas por tlacuilos también indígenas qué aprendieron el oficio en el propio colegio de Tlatelolco.

El manuscrito de "Nican Mopohua" 

La historia general de las cosas de la Nueva España fue concebida, supervisada y en parte escrita y traducida por el franciscano fray Bernardino de Sahagún, pero es una obra colectiva en donde participaron muchas personas de distintas disciplinas,  el filósofo e historiador mexicano Miguel León Portilla afirmó que la participación de don Antonio Valeriano fue una de las más importantes.
La obra abarca tanto textos históricos como textos de evangelización en lengua náhuatl,  y consta de aproximadamente 6 obras mayores y alrededor de unas 5 obras menores de las cuales la única que más se consulta es la del estudio general, y todas fueron posibles gracias al esfuerzo de muchas personas que trabajaron durante 45 años, de 1540 a 1585.

Los antecedentes.

Los franciscanos llegaron a la Nueva España con un plan muy claro y ambicioso, el de construir una iglesia aún más pura qué la que existía en Europa, pues consideraban que la iglesia en el viejo continente se estaba contaminando con las ideas de la reforma luterana. Para los primeros franciscanos los indígenas eran como niños con los que se podría empezar prácticamente desde cero y construir junto con ellos una iglesia más parecida a las antiguas comunidades cristianas de los primeros cinco siglos, y  para mantenerlos” puros” ignoraron las primeras órdenes reales de castellanizarlos y decidieron que  mantuviesen  su lengua, (más tarde los franciscanos y otras órdenes religiosas convencerían a Felipe II de la conveniencia de que los indígenas mantuvieran su idioma original)  sus costumbres y sus tradiciones, con el único cambio de la religión y sus sanguinarias practicas ceremoniales. Y para salvar sus tradiciones y costumbres era de vital importancia transcribir y documentar todo aquel mundo indígena así como  gramatizar sus diversas lenguas, de  no haber sido por esa idea tan profundamente religiosa y franciscana hoy se sabría muy poco del mundo antiguo prehispánico y la lengua náhuatl y muchas otras no existirían. Aquí cabría la reflexión acerca de qué si los aztecas en Azcapotzalco  hubieran tenido el mismo espíritu franciscano, hoy sabríamos  más del mundo tepaneca y de tantos pueblos que conquistaron y de los cuales hoy no queda memoria.

Su maestro 
Bernardino de Sahagún.

Fray Bernardino de Sahagún llegó a la Nueva España, en el mismo barco que trasladaba al primer virrey don Antonio de Mendoza y al ilustre fraile don Vasco de Quiroga, Quiroga que había sido influenciado profundamente por la obra “Utopía” de Tomás Moro se trasladaría a lo que hoy es Michoacán a realizar su utopía con las comunidades indígenas, mientras que Sahagún venía a estas tierras a fundar bajo el patrocinio del emperador Carlos V el  imperial colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco con el fin de enseñarle a los naturales gramática, el padre Gaona enseñaría latinidad, y se les enseñaría además  canto, filosofía escolástica, medicina indígena, así como también el arte de los libros antiguos, es decir la interpretación de los jeroglíficos. Contaría para todo ello con el  apoyo del nuevo virrey y de otros ilustres franciscanos.  En esa importante institución posteriormente estudiará, será maestro y rector don Antonio Valeriano. La investigadora Berenice Alcántara Rojas dice al respecto de la importancia del Imperial colegio de la Santa Cruz Tlatelolco: Los egresados de Tlatelolco fueron los nahuas más expertos en latín, y en este tipo de náhuatl que eran las dos lenguas que se hablaban en el colegio y para finales del siglo XVI los propios españoles decían que el náhuatl culto, el náhuatl antiguo solamente ya lo conocían los egresados de la escuela.

Así pues era muy importante preservar todas las tradiciones de los naturales excepto las que no fueran compatibles con el cristianismo y bajo ese criterio “La historia general de las cosas de la Nueva España” era para Fray Bernardino de Sahagún y los franciscanos un importantísimo  proyecto educativo que se requería con urgencia, y para lo cual necesitaban a hombres qué conociesen  ampliamente ambos mundos, el indígena y el español, y ese hombre era sin duda don Antonio Valeriano, maestro del colegio de Tlatelolco,  dedicado al estudio y reconocido en su época cómo uno de los hombres más sabios del virreinato de la Nueva España.

El proceso para reunir la información para la historia general de la Nueva España comenzaba con Bernardino de Sahagún quién organizaba los temas y elaboraba  las preguntas, enseguida Antonio Valeriano y otros cuatro maestros nahuas trilingües, y que también eran nobles indígenas egresados del colegio, ellos eran: Martín Jacobita, Alonso Vejerano, Andrés Leonardo y Pedro de san Buenaventura, los cinco eran los encargados de realizar cientos de preguntas a varios ancianos nahuas. Los primeros trabajos comenzaron en Tlatelolco de 1536 a 1558, después se trasladaron a continuar con sus investigaciones a Tepeapulco donde estuvieron de 1558 a 1561, para posteriormente volvier a Tlatelolco de 1561 a 1564, para concluir la primera etapa en el convento de San Francisco de la Ciudad de México de 1564 a 1569. Una vez terminada la recolección de toda esa información se organizó en diferentes libros y entraron en acción traductores, escribanos y tlacuilos indígena qué decoraron las páginas del códice. Para el año de 1577 todos los libros quedarían concluidos sumando más de 20,000 páginas siendo una obra digna del siglo de oro español y del renacimiento. Bernardino de Sahagún pretendía que esta obra fuera un instrumento para la evangelización, pero sólo una pequeña parte sobre cantos religiosos fue llevada a la imprenta y se difundió de manera masiva, pues el códice Florentino no se publicó en su totalidad, pues terminó en la colección personal de la familia Medici en Florencia Italia, de  ahí su nombre. Sería hasta el año de 1793 que terminaría por publicarse.

La Obra 

Esta obra lo reúne y habla de todo, desde la barbarie y el horror de los sangrientos rituales aztecas, las fiestas de sus innumerables dioses, la historia de los antiguos gobernantes, pero también se encuentran gran cantidad de  elogios a  algunas otras de sus costumbres e instituciones, así como  sus diversos conocimientos, principalmente en lo tocante a la herbolaria, también se pueden encontrar pasajes de una enorme belleza, por ejemplo de cómo los señores de la nobleza tenochca aconsejaban a sus hijas:

  Aquí estás mi hija, mi collar, mi pluma fina, mí criatura, mi hechura,  lo rojo de mi sangre, mi retrato. Has venido a la vida, has nacido, te ha mando acá nuestro señor tlaquenahuaque el hacedor, el creador de la gente, ahora ya te das cuenta de las cosas, ya ves cómo es la Tierra, no hay alegría, no hay felicidad sino pena y desdicha, cansancio y miseria, penas y desdichas en exceso, difícil lugar es la tierra, lugar de llanto y sufrimiento, donde se conocen la pena y la amargura pasa, se desliza el viento helado, se dice que en verdad se calman el calor y el viento pero en verdad hay hambre, hay sed, simplemente así son las cosas. Oye pues niña hija mía, no es buen lugar la tierra, no se alegra uno, aquí no se es feliz, se dice que nada más hay alegría con fatiga y con penas en la tierra, así decían los viejos, no obstante para que no siempre  anduviéramos llorando, para que no muriéramos dé pena a nosotros los macehuales nos dio Nuestro Señor la risa y el sueño, los alimentos que nos dan fuerza y nos hacen crecer, y nos dio el trato carnal para la reproducción que embriaga la vida en la tierra de modo que nadie ande llorando, pues aún cuando así sea, cuando sean malas las cosas en el mundo ¿Acaso ha de ir uno llorando? ¿Ha de ir uno espantándose  y vivir llorando? Se vive en la tierra, se es jefe, señor noble águila, tigre, hay Quienes no más están diciendo que son así las cosas en la tierra, quienes nada más buscan morirse, pero de verdad lo que se hace es actuar, vivir, construir, trabajar, buscar mujer, buscar hombre, madurar.

Y por otra parte en el libro 2 se describe con minucioso detalle y crudeza todo el horror de los sacrificios humanos y la antropofagia tenochca:

Libro 2 capítulo II

Al segundo mes llamaban tlacaxipehualiztli en el primer día de mes, haciendo una fiesta a honra del dios llamado Tótec y por otro nombre se llamaba Xipe, a donde mataban y desollaban muchos esclavos y cautivos.
A los cautivos que mataron arrancaban los cabellos de la coronilla y guardabanlos los mismos amos como reliquia, esto hacían  en el  calpul delante del fuego. Cuando llevan los señores de los cautivos a sus esclavos al templo dónde los habían de matar, llevabanlos por los cabellos y cuando lo subían por las gradas del templo algunos de los cautivos se desmayaban y sus dueños los subían arrastrando por los cabellos hasta el tajón dónde habían de morir. Llevándolos al tajón que era una piedra de 3 palmos en alto o poco más ancho, o casi echabanlos sobre ella de espaldas y  tomándolos cinco hombres, dos por las piernas y dos por los brazos y uno por la cabeza, y venía luego el sacerdote qué le había de matar,   y davale con ambas manos con una piedra de pedernal hecha a manera de hierro de lanzón, por los pechos, y por el agujero que hacía metía la mano y arrancabale el corazón, y luego le ofrecía al sol, el echabale en una jícara. Después de haberle sacado el corazón y después de haber echado la sangre en una jícara  la cuál recibí al señor del mismo muerto, echaban al cuerpo a rodar por las gradas abajo del cu, e iba a parar en una placeta abajo: De allí le tomaban unos viejos que se llamaban quaquacuiltin y le llevaban a su calpul dónde lo despedazaban y lo repartían para comer.
Antes que hicieran pedazos a los cautivos los desollaban y otros vestían sus pellejos y escaramuzaban con ellos con otros mancebos como cosa de guerra y se prendían  unos a los otros. Después de lo arriba dicho, mataban a otros cautivos, peleando con ellos y estando ellos atados por medio cuerpo con una soga que salía por el ojo de una muela cómo de molino, y era tan larga que podían andar por toda la circunferencia de la piedra, y dabanle sus armas con el que pelease y venían contra él cuatro con espadas y rodelas, y uno a uno se acuchillaban con él hasta que le vencían.



Aún después de casi 500 años la “Historia general de las cosas de la Nueva España” es una obra que continua siendo estudiado y, de la cual  todavía se extrae y se ha extraído invaluable información con la cual se ha publicado en al menos una docena de libros fundamentales para la historiografía y para la cultura de nuestro país, posiblemente el más conocido e influyente de estos libros sea “La visión de los vencidos” de León Portilla. Y todo gracias al esfuerzo y a la visión de aquellos hombres, de entre los cuales don Antonio Valeriano tuvo un papel protagónico.

7 comentarios:

  1. Interesante articulo del Mtro. Garibay . Es necesario mencionar que el lugar de nacimiento de don Antonio Valeriano en Azcapotzalco se ubica en el Amantla -Tlalpizac o actual San Miguel Amantla , otros que en el barrio contiguo de Santa Cruz Acayucan en Azcapotzalco. Es en una biblioteca que se encuentra en Austin en Texas que se halla el más antiguo manuscrito del Nican Mopohua tal como se lo relato en nahuatl Juan Diego a Antonio Valeriano como testimonio relatado de viva voz . Saludos

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    2. Agradezco enormemente el valioso dato, muchas gracias. Saludos.

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  2. En la pasada Feria Internacional del Libro de Azcapotzalco con la autoridad Delegacional de entonces en la edición de 2017, nos tocó la participación y colaboración de realizar la investigación y exposición con la lic. Gaby Lopez , de los cronistas y escritores de Azcapotzalco, siendo 23 las cédulas expuestas y que fueron encabezadas precisamente empezando con la cedula de don Antonio Valeriano. Felicitaciones por el artículo. Atte : El Centinela de Xancopinca

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    1. Si, un gran trabajo que realizó en la Feria Internacional del Libro de Azcapotzalco el compañero José Carbajal.

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