miércoles, 5 de febrero de 2020



HUMILDE TRIBUTO A CHAVA FLORES

Unidad habilitaciónal Cuitláhuac

Por Martín Borboa

El pasado domingo 12 de enero de 2020, el compañero Marcelino Peña Fernández, cronista de Azcapotzalco y activista de los pueblos originarios, me invitó a caminar y acompañarlo en una ruta que él hace en bicicleta con grupos de personas. En el primer punto en que nos detuvimos, hay un busto de Chava Flores.
Marcelino Peña Fernández junto al busto de Chava Flores

¡Qué casualidad! Marcelino y yo estábamos ante la memoria dedicada al cronista cantor a 100 años de su nacimiento. Él nació el 14 de enero de 1920, y estábamos ahí el 12 de enero de 2020. En ese momento, francamente ni él ni yo sabíamos que ya era el centenario de su natalicio.
Marcelino me explicó sobre la dedicación del busto en este sitio porque Chava Flores vivió en un departamento de esta Unidad, que se dice era de su hermana, y por eso en los pasillos y jardines se le llegó a ver varias veces caminando con su guitarra.
Lamentablemente la pieza escultórica no tiene placa. Alguna vez la tuvo, pero ahora luce vacío el espacio rectangular y plano donde estaba. ¿Deterioro o vandalismo? No sé. Pero si es un desperdicio cultural no alentar el reconocimiento apropiado a dicho personaje. Está el pedestal y el busto. Pero le falta su placa (o algo que indique con texto a quien se homenajea con la figura). Su legado tiene un valor enorme. Bien amerita un esfuerzo. Por un instante pensé en poner una placa, una de tipo antirrobo. Seguro que el mismo artista me diría: ¿A que le tiras cuando sueñas mexicano?

Lo malo es que quien ve hoy esa escultura no sabe a qué persona representa. Qué triste ¿no?
Dos días después de ese recorrido con Marcelino, en diferentes medios, ya me enteré que se celebraba el centenario del nacimiento del insigne compositor mexicano que con tanta picardía describió nuestra vida y nuestro entorno. Mostraban el recuento de su obra. Sus composiciones las han interpretado: Pedro Infante, Miguel Aceves Mejía, Pedro Vargas, Lola Beltrán, Oscar Chávez, el “Loco” Valdez, Víctor Iturbe “El Pirulí”, la Sonora Santanera, Café Tacuba, Cristian Castro, entre otros.
Sus muy diversos temas fueron acerca de un parque, velorio, juego de canicas, boda, cortejo a una dama, fiesta de quince años, el Metro, tacos, dinero, el tráfico, etc. Nació el mismo año que Gabriel Vargas, el creador de la Familia Burrón.
Momentos alegres los tuvo, como cuando obtuvo la Medalla “Agustín Lara” que le otorgó la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM) por su brillante trayectoria. Eventos feos también los tuvo, como cuando fue llevado a prisión, a Lecumberri, por 18 meses (1953 a 1955), al ser acusado injustamente de un adeudo por parte de su compadre agiotista. Le ofrecieron salir bajo fianza si se declaraba culpable, pero por saberse inocente, no aceptó el trato. Es mucho lo que puede hablarse de este artista y en este espacio no sería suficiente.
Nuestro Azcapotzalco le tiene un busto pero no salió en esos programas ni se mencionó en esos reportajes. Y al parecer la familia no sabe de este busto pues en una entrevista para el centenario, una de las hijas lamentaba que no hubiera nada en México para conmemorarlo.
Por esta serie de circunstancias, con un muy bajo presupuesto pero con muchas ganas de hacer algo al respecto, planeé una acción en paralelo con Marcelino Peña, y con el apoyo de mi muy querida Albertina Moreno en la parte técnica, llevamos manos a la obra:
Con el permiso de la administración de la Unidad Cuitláhuac, se pintó la base de blanco, y sobre de ella, usando un esténcil y pintura negra, se rotuló el monumento.
 
 Martín Borboa junto al busto de Chava Flores



Por ahora (inicio de febrero 2020) Don Chava Flores ya tiene rotulo en el pedestal de su busto conmemorativo. Dice: “Salvador “Chava” Flores. Centenario del gran cronista musical, que fue vecino de esta Unidad Cuitláhuac. Nació 4 enero 1920. Murió 5 agosto 1987”.

No logré hacerlo de mejor calidad, así que bienvenido quien deseé superarlo por favor. La puerta para apoyar está abierta de par en par. Para localizar el monumento es recomendable seguir este camino: Yendo por la Avenida Nueces (Nueva Santa María) cruzar la Avenida Cuitláhuac, avanzar hacia el fondo de la avenida, hacia la aduana, y viendo del lado derecho, donde hay una caseta de una mudanza (y se ven las camionetas), adentrarse en esa dirección, y antes de topar con la primer torre de electricidad, hay un grupo de bancas que acompañan al monumento, muy cerca de la administración.
Acépteme Don Chava este pequeño tributo limitado pero con cariño, a 100 de su llegada al mundo. Y como le dijera el finado Germán Dehesa en un artículo de la primavera del 1994:
“Al menos Flores (Chava) al menos Cantos”.
Y sobre nuestros símbolos en Azcapotzalco, al menos en una de sus más famosas composiciones, “Sábado Distrito Federal”, el artista creativo mencionó a un hormiguero:

“Desde las diez ya no hay donde parar el coche /
ni un ruletero que lo quiera a uno llevar /
llegar al centro atravesarlo es un desmoche /
un hormiguero no tiene tanto animal.”


LIBRO “MEMORIA HISTORICA DE SAN MARTIN XOCHINAHUAC”
El pasado martes 14 de enero 2020, en la sala abierta de la Casa de la Cultura de nuestra alcaldía,  se presentó el libro con ese título. Lo hicieron María Francisca López Suárez y María Moreno Domínguez, que fueron también las compiladoras de los textos publicados. La obra se elaboró durante 2019, y el nuevo año nos trajo a todos en Azcapotzalco éste gran regalo.

Al pueblo de San Martin lo he visitado en varias ocasiones, las últimas fueron los dos noviembres pasados con motivo de su fiesta patronal, y para comprar los deliciosos cocoles que venden afuera de la parroquia en esas festividades.
Yo recibí el libro en martes, para el viernes ya había terminado de leerlo, y el domingo ya estaba yo nuevamente el pueblo de San Martín. Esta vez lo hice motivado completamente por el libro.

La lectura del texto es bastante ágil, informativa y divertida. De sus más de 90 páginas y más de 553 imágenes se aprende mucho, y no solo del pueblo de San Martín, sino de Azcapotzalco en su conjunto. Por ejemplo, La historia del pueblo narrada por Daniel Cortés me dejó aprender el significado del glifo local y de códices que lo incluyen. La historia del pueblo expuesta por Marcelino Peña me informó de donde provienen las piedras con que se construyeron los templos teocallis tepanecas. El trabajo de Enrique Medina me permitió conocer la problemática antigua y la actual que enfrente San Martín, son dos distintas situaciones, y es bastante revelador ese análisis, pues los retos que ha tenido Xochinahuac, no los tuvo de modo aislado, al contrario, varios pueblos vecinos han pasado por cosas similares en tiempos parecidos. Lo que se va entendiendo de San Martín, ayuda a entender a Azcapotzalco.  La fuente ha sido este libro. Por eso pienso que aunque el titulo de la obra se refiere a un pueblo específico, el contenido revela el devenir de sus vecinos, de la alcaldía y más allá.
Aprendí:
Que la inauguración de la escuela “Tierra y Libertad” fue hecha por el presidente de los campesinos del pueblo, Don Abraham Sandín. Su nieto Don José Alfredo Sandín recuerda que su abuelo contruyó una finca llamada “La Quinta Aurora”-en la calle Parastitla No.10- en honor a una de sus hijas que así se llamaba (y es también el nombre de mi mamá).
Que por la zona de Xochinahuac andaba el “encuerado de las milpas” que solo se vestía con una gabardina y espantaba a quien se internara en los plantíos.
Que la primera escuela del pueblo estaba en la iglesia de San Martín y se llamaba “Centenario”, e impartía del primer al cuarto grado de primaria.
Que el 23 de febrero de 1966 el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz inauguró la escuela primaria “Manuel Belgrano” en honor a un diplomático argentino.
Que en marzo de 2015 se celebraron los 50 años de la parroquia, lo cual significa que se aprovechó el edificio desde 1965. (Como no voy a tener mucha simpatía por este pueblo si yo nací en 1965 y me llamo Martín. Hay muchas maneras de identificarse con un lugar).
Que hubo una época en que las bodas comunitarias eran frecuentes.
Que en la elección de la “Reina de las fiestas patrias”, la primera reina fue la Srta. Guillermina Tovar, y la coronación se efectuaba la noche del 15 de septiembre.
Que el 11 de enero de 1967 nevó en el pueblo de San Martín. (El 11 de enero es cumpleaños de mi mamá, quien eligió para mí el nombre de Martín).
Que en el viejo mercado, el Sr. Perilla vendía vísceras, Nacho vendía pollo y tenía su música a todo volumen y gafas negras, y ahí también Doña Juanita vestía Niños Dios.
Que Don Emilio López Vega gustaba de ir a bailar al Salón “Los Ángeles” y en ocasiones regresaba en taxi. A veces no le alcanzaba para pagar, y pedía al taxista que lo dejara en una puerta ofreciendo que de inmediato saldría con el pago. La puerta era la del panteón. Don Emilio ya no salía a pagar, y cuando los taxistas preguntaban sobre el vecino que vivía ahí, se enteraban que era el panteón, y más de uno habrá pensado que el pasajero fue un espectro.
Que el parque de “Los mecates” con su fuente lo inauguró el expresidente Miguel de la Madrid.

Y un sinfín de datos más que leí en sus páginas, que conforman en la mente del lector un cuadro multicolor, multi-temático, que permite ir imaginando los aromas de los sembradíos que describen, los sonidos emitidos por el ganado de los establos que menciona, las melodías tocadas por las orquestas que amenizaban los bailes, etc. Las palabras proponen y la imaginación dispone.
El libro abre la puerta de par en par y permite conocer bastante del pueblo a través de su gente, la parte vibrante, la que ríe y que llora. Como ejemplo pongo la anécdota narrada sobre una persona que tuvo que ser enterrada en plena fecha de la fiesta patronal, y para mostrar respeto a la comitiva fúnebre, los asistentes y comerciantes de la fiesta, guardaron silencio y abrieron camino para el paso del triste cortejo.
La parte cálida y divertida, es todo el grupo de 42 entrevistas que contiene este libro. Ojalá cada pueblo o barrio de Azcapotzalco tuviera algo similar. Que valioso poder conocer a 42 personas, que en sus narraciones incluyen a sus parejas, hijos, padres y abuelos, y así la multiplicación de personas de las que uno se entera es desbordante. Quiero decir que quien ve los títulos contará 42 personas, pero quien lee los textos,  aprenderá sobre el triple o el cuádruple de individuos, todos entrañables, sinceros.
Conocí en ésta lectura, entre otros, los recuerdos de:
Doña Angelita López, que fue madre soltera de un solo hijo que hizo el papel de Cristo en el viacrucis del pueblo por varios años.
Doña Agustina López, cuyo padre cazaba patos en temporada, y recuerda la leyenda del “Cincuate”, esa serpiente que aprovechaba a las mamás con hijos recién nacidos, que encontraba dormidas, para beber su leche sigilosamente, y para que no despertara el bebé, ponía en los labios del inocente su cola, para que sirviera como chupón.
Doña Celia López, quien de adolescente puso la primera tortillería en el pueblo, y la inauguró el 13 de enero de 1953.
Don Tiburcio López, que ha donado por más de 20 años las portadas decorativas de la iglesia.
Doña Gloria Vega, que le gustaba estar en la Hacienda del Rosario, y un día desató a los toros y los dejó salir, y subida a un árbol miraba y se moría de la risa.
Don Macario Olivares, que recuerda que cuando era niño y pasaba el tren de pasajeros, estos aventaban a los niños dulces, silbatos, limas y cajeta.
Don Juan López, quien diseñó vestuarios para grandes artistas, como Gloria Mayo y Sasha Montenegro.
Don Perfecto Rodríguez, que ha participado en la comisión de cohetes de las fiestas patronales por más de 46 años, siguiendo la tradición familiar iniciada por su abuelo de dar alimentos a los músicos que amenizan las fiestas a San Martín.
Doña Clara López, quien recuerda a su tío que la llevaba junto a otras sobrinas a terrenos donde sembraban maíz, calabaza y ejotes. El maíz lo recolectaban y preparaban para su venta.
Doña Concepción López (mismo nombre de mi abuela materna) que en 2018 cumplió 100 años de edad, quien comercializaba verduras en su carretilla por las calles del pueblo.
Doña Rita González, quien participó en 1965 en el certamen “Reina de las fiestas patrias”, y fue “Reina de la primavera” en la escuela “Tierra y Libertad”.
Estas y muchas otras personas, tuvieron la amabilidad de compartir sus recuerdos, y el equipo cultural de San Martín el acierto de entrevistar.
Debo decir que partiendo de la entrevista a Doña Teresa Álvarez, supe acerca del negocio en Avenida El Rosario No. 22 llamado “El Calandrio” que vende barbacoa, en donde han estado por ejemplo el “Indio” Fernández en su época, o el vocalista de “Café Tacuba” Rubén Albarrán. Mi familia paterna vivió muchos años de la venta de barbacoa en Temascaltepec, Estado de México, a donde al nacer y de niño, fui llevado varias veces para saludar a la familia, así que crecí con el aroma y sabor de la barbacoa, la consumo desde entonces, y no quise posponer ir a conocer y probar ese lugar. La barbacoa que ahí preparan está entre las dos mejores que he probado en mis 54 años de vida. Su suavidad, su textura, su sabor, son grandiosos. Y otro punto a favor es que aquí si conocen y preparan la salsa borracha, la cual es excelente compañera para ese platillo. Pude ver las pencas de maguey y el hoyo en donde preparan la carne. Pude disfrutar de la amabilidad de las personas que ahí laboran, descendientes de la dama entrevistada para el libro. Me enteré que abren sólo fines de semana y días festivos.

En resumen, haber ido a visitar las calles, la parroquia, el parque y el restaurante en San Martín, después de haber leído el libro, fue inolvidable. La lectura me hizo sentir invitado a ir nuevamente, pero ahora iba con más información, con nuevas expectativas, buscando la huella de su gente, sus rostros, la dinámica de su pueblo, la frondosidad de su parque (bonito para echar novio o tomarse un café) y el sabor de su exquisita comida.
El turismo provocado por la lectura de un libro, requiere que su contenido haya conmovido al lector. Para conmover es importante hacerlo con un estilo y una técnica que no distraigan, que no interrumpan las emociones que genera la información, que se forme y sostenga un canal claro por dónde fluyan las ideas y que el receptor las pueda absorber con nitidez. Que le agrade, le motive, y diga “yo quiero ir ahí”.
Ese desplazamiento personal inspirado por una obra estética y técnicamente agradable, revela que la obra ha llegado profundo. Eso para mí es “Turismo de arte”. La literatura es un arte, y este libro con cada una de sus palabras que nutren y aportan, es una pieza de ello.
Yo fui a San Martín y regresé gustoso, provocado por la lectura de una pieza de arte.

3 comentarios:

  1. Muchas gracias por tan bellas palabras hacia el hermoso pueblo de San Martín Xochinahuac, ha valido la pena el gran esfuerzo en conjunto para la realización de este libro... Gracias

    ResponderEliminar
  2. Excelente crónica de un pueblo emblemático de la alcaldía de Azcapotzalco FELICIDADES a quienes hicieron posible su publicación

    ResponderEliminar
  3. Me siento orgullosa de mi pueblo, y hoy agradezco mucho esta crónica de mi gran amigo, cronista de Azcapotzalco Martín Borboa, mil gracias

    ResponderEliminar