viernes, 15 de octubre de 2021

 

LLORONA DEL MERCADO DE LA PROHOGAR

Por Martín Borboa Gómez  (Grupo Formiga)

 

Lupita era de Texcoco

un día así nomás se fue,

dicen que sufría por un loco

que la dejó, quien sabe por qué.

 

Ella se subió a un camión

sin saber qué rumbo tendría,

y así se dio la ocasión

que a Azcapotzalco vendría.

 

El hambre le hizo notar

que de Texcoco había escapado,

y en este nuevo lugar

segundo chance le había llegado.

 

Pronto consiguió un empleo

en el Merado de la Prohogar,

al trabajo no le hacía el feo

y barbacoa aprendió a preparar.

 

Parecía que había renacido

la muchacha cantaba al limpiar,

a su patrón lo tenía complacido

“¡Qué bueno que vino a ayudar!”

 

Pero un día muy triste en sus sueños

aquel loco la vino a buscar,

con reclamos y gritos extraños

no la paró de atormentar.

 

Solo en sueños el loco venía

Lupita sudaba temblando,

angustia y miedo tenía

hasta que despertaba gritando.

 

Desde entonces no quiso dormir

se olvidó de descansar,

¿Por qué cuando volvía a sonreír

se vino todo a fastidiar?

 

Lupita ya no cantaba

ni bailaba al trabajar,

distraída ya solo estaba

sin parar de lagrimear.

 

 

Tristeando ya estaba la pobre

y la gente empezó a murmurar:

“¡La muchacha ya sacó el cobre…

panzona seguro ha de estar!”

 

Sus patrones no se opusieron

a que disfrazara su malestar,

“Vete allá atrás” le dijeron

“puras cebollas vas a picar”.

Sepa Dios que tristezas cargaba

y al mercado entero impactó,

que al trabajo nunca faltaba

y de llorar ya no terminó.

 

A Don Gober, su patrón, le dijo

que algo le picaba en los ojos,

su mujer a Gober predijo:

“Pronto solo serán despojos”.

 

Diario Lupita moqueaba

ya sin comer vivía,

su juventud se apagaba

y menos fuerzas tenía.

 

Ni tres meses duró la muchacha

en la decadencia de su vida,

y en aquel puesto de barbacha

un moño negro lucía.

 

Poco tiempo después se escuchaba

que de la zona de huacales venía,

un lastimoso lloro rogaba:

“¡Déjame rehacer mi vida!”

 

Desde entonces vapores funestos,

un olor a cebolla picada,

aromatiza pasillos y puestos

que deja el ánima desgraciada.

 

El moño negro no se quitó

para el dolor de Lupita velar,

y este tema ya se evitó:

¡la clientela se vaya a espantar!

 

Pero si un día usted desea

éste asunto comprobar,

vaya la tarde que sea

al Mercado de la Prohogar.

 

Acerque su nariz a la reja

o sea el último cliente en salir,

verá el cebollazo que deja

esa alma que no pudo vivir.

3 comentarios:

  1. Excelente Poema!! Felicidades Martín Borboa

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  2. Ja ja ja pobre muchacha y creo que si huele a cebolla yo voy seguido a ver a mi amiga cuca que tiene o tenia un puesto de comida ahí hace un año por lo de la pandemia no voy prometo ir y comprobar 🥰

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  3. Muy buenas rimas Martín. Un saludo y felicitaciones a la "Hormiga en línea" por promover está bonita tradición en época de día de muertos ��

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