martes, 16 de marzo de 2021

 EL ESPANTAJO DEL PANTEÓN 

SAN ISIDRO 

Capítulo  IV 



Por Patricio Garibay

Con gravedad don Nicanor comenzó a narrar:

-Su historia es tan  extraña como triste. Él se llamaba o mejor dicho se llama don Guillermino Elizondo, hombre enamorado del amor y de su amada. Digo esto porque desde muy joven  le dio por leer toda la poesía romántica que caía en sus manos, conocía de memoria todos los versos de Garsilaso, de Francisco Becker, de  Manuel Acuña, de Amado Nervo y se sabía todas las canciones de Agustín Lara. Vino de Tamaulipas a trabajar a la aun joven refinería de Azcapotzalco allá por inicios de los años 50s,

Era técnico, ingeniero o algo así, era soltero y vivía en un cuarto rentado cerca de la planta petrolera. Por aquellos tiempos era muy común ver a muchas mujeres qué se acercaban a la refinería con enormes canastas llenas de comida y que en las entradas de la refinería les vendían a los trabajadores de los diversos turnos almuerzos, comidas y cenas. Una mañana el joven Guillermino salió a comer como era de costumbre y vio que en el puesto donde comúnmente compraba tortas de jamón o chorizo se encontraba ayudando a la vendedora una hermosa muchacha de 17 años, morena como la canela, y con un cabello tan negro como el mismo petróleo, y fue  en ese momento en  que la  vio, cuando todos sus sueños románticos de aquel hombre fueron encarnados en esa chica de nombre María del Carmen, quien resultó ser hija de la tortera. Durante varias semanas la amó en silencio, todos los días de lunes a sábado en punto de las 3 de la tarde salía de la refinería para reunirse con su amada, así mientras el degustaba los tacos o las tortas que la madre despachada, observaba a hurtadillas a la muchacha qué ayudaba a cobrar el dinero de la venta y  que destapaba los refrescos. La madre tenía cara de pocos amigos lo que hacía aumentar en él su timidez,  un día se le ocurrió a Guillermino escribirle poemas en papelitos y dárselos a María del Carmen al momento de pagar la cuenta, la primera vez por poco queda al descubierto aquel amor epistolar pues la joven con ingenuidad en cuanto recibió el papelillo comenzó a desdoblarlo y poco faltó para que la señora se diera cuenta de no haber sido por una seña del enamorado para que María  mantuviese discreción.

Con el paso de los días los poemas fueron haciendo estragos en la resistencia de la joven pues por las tardes cuando concluían sus labores domésticas  se encerraba en su cuarto y leía uno a uno aquellos versos que pegaba en un cuadernillo ya gordo de tanto almacenar acrósticos, rimas, nocturnos y sonetos.

Una tarde María no pudo más y les dijo a su padre y a su madre que el sábado iría a verlos aquel hombre alto y güero de la refinería para pedir su mano. El papá no supo qué decir pero la señora dijo rotundamente que no, que aquel  hombre no era adecuado para ella, que porque estaba muy viejo,  que porque estaba muy feo, que porque estaba muy flaco, que porque estaba muy güero y los güeros olían muy feo. El papá aceptó con mansedumbre lo que decía la mamá ya que odiaba discutir con ella pues la señora era más terca que una mula. Entonces empezó un estira y afloja entre la pareja de enamorados contra la resistencia de la madre, ambos jóvenes lloraban en sus respectivas camas pensando en todas esas cosas que piensan los enamorados cuando no pueden estar  juntos. Finalmente la madre al ver que su hija enfermaba por no comer y llorar todo el tiempo aceptó que fueran novios pero con una serie de reglas sumamente estrictas. Así pasó un año y medio, al principio fueron felices y se conformaron, pero los amantes nunca se conforman y siempre quieren más y más, deseaban ahora casarse y estar juntos sin separarse jamás. La madre de nombre Esther Lina que al principio tuvo la esperanza de que el noviazgo durara  solo unos cuantos meses y el güero se aburriera, vio que ocurría todo lo contrario, cada día los novios se amaban con mayor intensidad que al principio, por lo que doña Ester decidió finalmente aceptar que se casasen, aunque poniendo nuevamente una serie de condiciones. Primero que todo Guillermino debería comprar muy cerca de ahí enterramiento y construir una casa digna de su hija María y además comprarse un auto para llevarlas a pasear los fines de semana, el vestido de novia debería ser de seda y tul y la luna de miel debería ser en Acapulco, viaje al cual los acompañaría desde  luego  la madre   de la recién casada.

Guillermino dijo que sí a todo y  aunque no ganaba tan mal en Pemex calculó que tardaría unos 4 años en reunir el dinero suficiente, pero cómo lo leyó en algún poema aquello de ” yo te digo que sí  recorrí mil caminos esperaré por siglos para estar contigo”  trabajó arduamente y poco a poco logró hacerse de un terrenito el cual hipotecó para pagar la construcción de la casa, después  compró el coche de medio uso a plazos, y justo un par de meses de darle la sorpresa a su novia diciéndole que ya había reunido todo lo solicitado por la mamá, vino la devaluación del gobierno del presidente Adolfo Ruiz Cortines y el dólar pasó de $8.50 a $12.50 por dólar, lo que hizo  subir los intereses hipotecarios también, perdió el coche y por poco pierde la casa, finalmente con mucho apuro logró recuperarse y comprar otro automóvil aunque más viejo que el anterior,  y lo que le hubiera tomado cuatro años le tomó seis  y casi 8 años el casarse después de haberse visto por primera vez, pero la pasión de los enamorados no fue menguada por el tiempo y seguían amándose como el primer día en que se conocieron, y al fin  unieron sus vidas en santo matrimonio en el año de 1962  en la hoy catedral de los Santos Apóstoles de Azcapotzalco, la que tiene la hormiguita pintada en la torre. La pareja o mejor dicho Guillermino y su nueva familia política se fue de luna de miel a Acapulco como estaba estimulado  para después entrar en su nueva casa y cumplir al fin sus sueños románticos. De esa manera la pareja del güero y la morena se volvió inseparable en ocasiones ella iba a encontrarlo a la salida de la refinería para estar más tiempo juntos, iban de compras  juntos, ella  lo acompañaba a la peluquería, al taller mecánico cuando había de repararse el auto.  Pero lo peor fue qué Guillermino comenzó a faltar al trabajo, le costaba demasiado separarse de su negrita como él le decía. Entonces sus jefes comenzaron a  levantarle reportes por ausencia laboral, pero el poderoso sindicato petrolero lo protegió siempre. Un amor tan intenso siempre viene acompañado de celos intensos y esos celos eran en parte a lo que hacía qué el güero quisiera estar todo el tiempo al lado de su esposa, y ella sentía lo mismo,  incluso ambos llegaron a decir  qué cuándo se alejaban uno del otro sentían que les faltaba la respiración. Y es que con perdón de mi señora presente la esposa de Nicolás estaba bien buena!  Lo sé porque esa noche en que me contó todo esto  me enseñó una foto de ella en traje de baño tomada durante su luna de miel en  Acapulco, haga de cuenta señor Garcés que era igualita a la Ana Berta Lepe pero con cabello chino y esponjado.

Doña Matilde interrumpió a su descriptivo marido:

- Nicanor ya no te salgas del tema y termina ya de contarle al señor que no he tiene toda la noche.

-Ya voy mujer ya voy.

-¡Pues apúrale hombre! que haces muy largo el cuento, deberías de escribir novelas.

- ¿ En que estaba?

-Me estaba diciendo usted que aquel hombre era muy celoso. 

-¡Ah sí! Muy muy celoso,  y por y por parte de ella era lo mismo, ella lo consideraba el empleado más guapo  de toda la refinería, y a pesar de los celos que su gran amor despertaba en ellos jamás hubo un solo pleito entre los dos en diez años de matrimonio, él vivía para recitarle todo el repertorio de la lírica romántica y ella suspiraba y se desvivía por él atendiéndole en todo y cumpliéndole todos sus antojos, tanto así que el día del cumpleaños de Guillermino su mujer se dirigió al mercado de “La Viga” a comprarle no sé qué pescado o marisco que era el preferido de su marido y cuando volvía a casa el chofer del camión quiso ganarle el paso al tren y la hermosa joven murió junto con el atrabancado conductor y otros ocho pasajeros de manera casi instantánea.

El golpe para Guillermino fue devastador, no podía creer que fuera cierto tan horripilante hecho, mientras trasladaron el cuerpo a la funeraria el pobre hombre era como un zombi, no se quería apartar de la muertita ni un minuto  y no lo hizo hasta que fue sepultada en el recién inaugurado panteón San Isidro. Mientras el cadáver descendía en la fosa el recién viudo recitó de memoria los poemas que a ella más le gustaban, y un trío cantó canciones del “flaco de oro”  durante varias horas hasta que los sacaron del panteón porque ya era hora de cerrar.

Hasta ahí todo puede ser relativamente normal, pero al día siguiente se presentó nuevamente el viudo en el cementerio y a recitarle nuevamente poemas frente a la tumba y mientras los albañiles construían el sepulcro Guillermino recitó completito el libro de “La Amada Inmovile” de Amado Nervo, los días  siguientes, sucedió lo mismo, al principio lo acompañaron sus amigos, pero con el paso de los días las visitas las hacía él solo. El sindicato le había dado permiso de faltar 15 días pero después le exigieron que se presentará a trabajar y él lo hizo de muy mala gana, pero saliendo del trabajo se dirigía derechito al panteón a recitarle poemas a su amada. En muchas ocasiones se negó a abandonar el panteón a la hora del cierre y se tuvo que recurrir a la fuerza para ponerlo en la calle. El único tema de conversación de Guillermino era el recuerdo de su difunta, por ello fue perdiendo amistades, él decía que los que se decían sus amigos eran una punta de mediocres y banales sujetos incapaces de comprender su infinito dolor,  y ya únicamente hablaba lo necesario en el trabajo y con su suegra, qué al fin le había tomado cariño al ver el gran amor de aquel hombre por su finada hija. Yo pienso que si al menos hubieran tenido un hijo él pobre güero no  hubiera perdido la cordura. Una noche Guillermino no llegó a dormir a casa, doña Ester, su marido y sus hijos que  se habían ido a vivir a la casa del viudo para según ellos cuidarlo  se alarmaron, y fueron al panteón a preguntar por él, ya en el cementerio le pidieron a los vigilantes que los dejaran entrar a  buscar a su pariente político, pero les negaron el acceso, dijeron que ellos echarían un ojo,  que volvieran por noticias al  día siguiente. Cuando regresaron por la mañana, los guardias del panteón les informaron que no habían encontrado  rastro alguno del güero Guillermino, entonces fueron a buscarlo a delaciones de policía, hospitales, y anfiteatros pero sin dar con aquel desesperado viudo. Ya no se supo  nada más de él.

 Diez años después entre a trabajar en el panteón y todavía pasaron otros 10 años para que lo viera por primera vez deambular entre las tumbas y la noche. No le voy a decir mentiras, y si, las primeras veces me dio miedo pero después fui atando Cabos y tuve la corazonada de que se trataba del mismo  sujeto del que nos habían contado 20 años atrás uno de aquellos vigilantes que a petición de la familia lo buscaron esa noche. Hasta que al fin e presentó ante mi enfermo y moribundo aquella noche de luna en el que el mismo me lo confirmo y me contó su bizarra y triste vida mientras le convidaba un poco de café de junto con un paquete de donas. Aquel esquelético hombre a la luz escasa de la lamparilla del escritorio después angustiosamente  me hizo jurarle que no le contara nada a nadie, yo le juré para que se tranquilizara pero le dije que lo mejor sería hablar con las autoridades para que le permitiese quedarse en un cuartito a modo de empleado sin sueldo. Él dijo asustado que no, que lo correrían del panteón y que no podía vivir alejado ni u segundo de su adorada, pues cada vez que lo hacía la desesperación se apoderaba de él, que antes de esa tortura prefería mil veces la muerte, y enseguida se comenzó a sentir mal, me pidió un poco de agua, y fui a toda prisa buscarla, al volver con el vaso en la mano, el güero Guillermino más conocido como el espantajo del panteón San Isidro se había ido. Todo aquello era tan extraño, incluso muchas veces dudé si no lo había soñado en realidad o si en verdad se trató de un aparecido. Lo cierto es que no lo volví a ver hasta un año después caminar a lo lejos bajo la luna, y luego pasaron otros dos años para volverlo a ver frente a alguna sepulcro recitándole versos y rimas a las tumbas sordas, y cuando digo tumbas me refiero que nunca es la misma tumba, no sé si porque ya se le olvidó Cuál es la de su esposa o porque quiere consolar con sus poemas a otros muertos, imagínese son más de 80,000 tumbas en 311000 metros cuadrados,  es el tercer panteón más grande de la Ciudad de México. Yo creo que este amigo se volvió loco por leer tantos poemas así como este cuate ¿Cómo se llama? El  don Quijote, que se volvió loco por leer tantos libros de caballería. ¿No cree usted señor Garcés?

Di el último trago a mi taza de café, me puse de pie y le dije.

-Probablemente, probablemente, no superó la muerte de su esposa.

-¡Uy! Pues imagínese usted, yo soy divorciado y viudo, y  con todo respeto ya hasta le dije a mi señora, Qué si ella estira la pata ella o yo me petateo primero, pues que nos casemos aunque sea con otros viejitos. ¿Verdad mi vida?

-No digas tonterías, bonita me iba a ver de novia a mis años.

Respondió frunciendo el ceño la mujer y después alarmada me preguntó.

-Entonces usted cree que aún este vivo ese hombre señor Garcés?

-Eso parece seño, eso parece.

Les dije sin ocultar mi asombro.

-¡Pero debe de tener  más de 90 años!. ¿Cómo ha podido sobrevivir en esas condiciones? ¿Qué come? ¿De qué se alimenta?

-Esas son muy buenas preguntas, muchas gracias por el café y por la plática.

Dije eso mientras me acercaba a la salida y el jubilado se adelantó para abrirme la puerta  y se me quedó viendo un instante antes de preguntarme.

-¿Levantará un acta? ¿Lo buscarán para échalo a la calle?

-¿El güero Guillermino en la calle? ¿Para qué? ya hay muchos locos afuera, dejémoslo ahí dentro. Buenas noches. 

FIN

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