miércoles, 17 de marzo de 2021

 

ZAPATOS ROTOS

Por Maria Elena Solórzano
Escuela Vicente Arcaraz


Mi Mamá nos manda a la escuela a mi hermana y a mí, yo no quiero ir porque mis zapatos están rotos. Asistíamos a la escuela Vicente Arcaraz. Llegamos a la puerta, mi hermana entra, yo me regreso para entrar al atrio de la Parroquia de los Apóstoles Felipe y Santiago, sigilosamente me acomodo en una de las bancas de la Capilla del Señor de la Vida, cuentan los fieles que es muy milagroso, tiene prendidos muchos corazones, ojos, brazos y piernas de metal. Me arrodillo, me persigno: “Ayúdame, necesito $20.00 para comprar unos zapatos, me da mucha vergüenza traer unos zapatos rotos, yo sé que Tú me ayudarás, si no me lo concedes no creeré en ti, no existes. Buscando el dinero llegué a la puerta de mi casa y nada ni un triste quinto.

Al otro día había fiesta, regresábamos de misa, mis hermanos y mi mamá nos sentamos en una banca a mirar pasar la gente, se acercó una señora de ojos verdes, se veía muy humilde y me dice “¿Niño, quién viene contigo?” Mi mamá contesta: “El niño viene conmigo” entonces la señora de los ojos verdes le dice: “Aquí le manda el señor $100.00”. Con la sorpresa se nos olvidó preguntar ¿Qué señor los envía?, buscamos a la mujer, se perdió, ni su sombra. Entramos a la Parroquia y todos de rodillas dimos gracias a Dios.

Fuimos a comprar zapatos para todos y un costal con galletas de animalitos, nos duraron mucho, no queríamos que se terminaran, ya no venden esas galletas que de niños comimos tantas veces. Decían que eran de las más corrientes, pero a nosotros nos sabían a gloria.

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