jueves, 23 de junio de 2022

 

Ahuehuetes y Azcapotzalco

Junio - 2022 - Número 41 - Director y Fundador Patricio Garibay

CONTENIDO: 

AHUEHUETES, PALMERAS Y CRISTÓBAL COLÓN.

Por: Patricio Garibay

SAN JUAN TLILHUACA Y SU PARQUE DE LOS AHUEHUETES

Por:  Don Nayarito Cantalicia

AHUEHUETES REPRESENTATIVOS DE LA  CIUDAD DE MÉXICO.

Por:  Ana María García Alvardo

CRÓNICA. VIEJO DE AGUA, MEMORIA DE TIERRA, EVOCACIÓN A LA HISTORIA

Por:  Cristina Espitia Hernández 

35 AÑOS DE CRÓNICA POR  AZCAPOTZALCO, EN EL MONTÍCULO DE

 LAS HORMIGAS DE MARÍA ELENA SOLÓRZANO

Por:  José Carbajal Cortés

LOS MARAVILLOSOS AHUEHUETES

Por: Raquel Rodríguez Sandoval

AHUEHUETES Y ALGO MÁS.

Por: Faty Kim Mingi

CIENTO TRECE CHINTOLOLOS DIJERON…

Por: Martín Borboa

AHUEHUETES

Por: “Guardianes del Patrimonio Tlilhuaca”

“FONDO HORMIGA 2”

junio 2022

AHUEHUETES DE AZCAPOTZALCO

Por: Diana N. Colín 

 

AHUEHUETES, PALMERAS 

Y CRISTÓBAL COLÓN.

Por: Patricio Garibay

Ahuehuete del barrio de santa Catarina

No cabe duda que el hermoso y frondoso ahuehuete (Taxodium mucronatum) últimamente  se ha puesto de moda en la Ciudad de México aunque para los habitantes de Xochimilco y Azcapotzalco sea parte de su muy común entorno cultural e histórico, cómo es sabido cuenta la leyenda que estos árboles fueron traídos al Valle de México por las 7 tribus nahuatlacas provenientes de Chicomóztoc, los tepanecas primer grupo hegemónico en la zona tenían un especial interés en estos gigantes. En Azcapotzalco los más emblemáticos y viejos han sido los de la glorietas de San Juan Tlihuaca y el de la plaza del barrio de Santa Catarina, el primero muerto hace varios años y el segundo aún goza de cabal salud a pesar de sus 700 años, pero mantenerlo con vida no ha sido una tarea fácil pues eso solo ha sido posible gracias a los vecinos del bello barrio de santa Catarina quiénes en el año de 2014  comenzaron  a notar que el árbol se comenzaba a secar, rápidamente se organizaron y llevaron especialistas quiénes con muchísimos esfuerzos y la ayuda de la comunidad lograron salvar al vetusto árbol.  700 años se dicen fácil pero hace 700 años no existía ni Tenochtitlan ni  la Nueva España ni mucho menos México.

Proteger el patrimonio histórico de un lugar no es cosa sencilla, hay muchos peligros que conspiran para destruir el escenario donde nuestros antepasados transcurrieron sus vidas,  los principales enemigos de nuestra herencia histórica son principalmente  tres, por supuesto el inclemente paso del tiempo qué desintegra y corroe la materia, aunque afortunadamente  existen hoy importantes avances en las técnicas de restauración, pero para ello es importante que las personas cuenten con la educación apropiada que les permita valorar su patrimonio histórico y la importancia de heredarlo a las futuras generaciones, solo así buscarán y lucharán por defenderlo.  

El segundo enemigo es ese capitalismo utilitarista, qué con prosaicos fines económicos es capaz de construir un centro comercial encima de algún vestigio histórico, para muestra de ello ahí está lo ocurrido en la que fuera la antigua Hacienda del  Rosario, hoy convertida en el Town Center Rosario.

Antigua Hacienda del  Rosario, hoy Town Center Rosario.

Pero el peor de todos estos enemigos de la cultura, de la verdadera cultura y del patrimonio público son los políticos quienes tiránicamente intentan imponer a  sus gobernados sus propios prejuicios y sus dogmas. Como ejemplo de todo ello es el actual gobierno de Claudia Sheinbaum quién por sus soberanos ovarios ordenó quitar el  histórico  monumento a Cristóbal Colón

Monumento a Cristóbal Colón inaugurado en el año de 1877

Monumento qué durante más de 140 años estuvo en la glorieta del mismo nombre, este monumento además de contar con la efigie del célebre y valeroso navegante tenía además las estatuas bellamente labradas de los frailes qué fueron auténticos padres y maestros de miles de indígenas, esta obra monumental que durante años fue símbolo de la Ciudad de México logró sobrevivir a toda clase de calamidades, sobrevivió a 30 años del régimen de Porfirio Díaz, a la violenta Revolución Mexicana, a la Decena Trágica del año de 1913, sobrevivió al infame maximato callista, sobrevivió a 70 año del PRI, sobrevivió a 2 largos y pesados sexenios del PAN, sobrevivió al terremoto de 1957, al de 1985 y al de 2017, pero no pudo sobrevivir al gobierno depredador neo feminindiginista de la señora Claudia Sheinbaum, y todo con la excusa de quitar un símbolo de un supuesto genocidio que nunca existió más que en la mente de fanáticos que desconocen la historia y de políticos manipuladores que se sirven de ellos, mientras al mismo tiempo en el zócalo se levantó con triplay y mucho dinero la Pirámide del Templo mayor, símbolo de un horror pasado y lamentable. 


El Monumento a Cristóbal Colón hizo presencia en el cine de oro mexicano. “México de mis Recuerdos” 1944  y "Platillos Voladores" 1956

Tampoco pudo sobrevivir la tradicional Montaña Rusa que por más de  70 años fue parte esencial del onírico paisaje de Chapultepec, solo falta que digan que fue removida en apoyo a Ucrania, la bobaliconería es cosa común hoy en nuestros gobernantes.

Montaña Rusa de Chapultepec, años 70 

También de manera bobalicona se remplazó una palma de la Glorieta de la palma por un ahuehuete traído no se sabe por qué desde el remoto Nuevo León, si, la que durante casi 100 años  fuera conocida como la tradicional Glorieta de la Palma hoy por una simple ocurrencia de la nueva tecnocracia progresista “la Glorieta de la Palma” tendrá un “ahuehuete” (el chiste se cuenta solo) mientras que los pobres Ahuehuetes de Chapultepec y de otros situados en las partes lacustres de la ciudad se mueren. No faltará quien diga que la decisión de cambiar una palma por un ahuehuete en “la Glorieta de la Palma”  fue una decisión democrática, como si la historia no nos hubiera demostrado que democráticamente se han cometido toda clase de estupideces, recordemos que tanto Sócrates como a Jesucristo se les condenó a muerte muy democráticamente y Hitler llegó al poder súper recontra democráticamente.

 Glorieta de la Palma a través de los años

Todos estos despropósitos que atentan contra el patrimonio urbano de la ciudad de México  son realizados con la complicidad de las autoridades culturales y de los cronistas de postín como la señora Ángeles Gonzales Gamio o Alberto Barranco quienes guardan un silencio indigno por temor a que las autoridades se mole$ten con ellos. En otros tiempos Salvador Novo y Carlos Monsiváis ya hubieran protestado por todas esas tropelías vandálicas, recordemos la vez en que el Monsi criticó duramente cuando se quitó la estatua ecuestre de Carlos IV del gran escultor Manuel Tolsá y en su lugar se colocó la horrible y amarillenta escultura de  “el caballito” del  ”escultor” Sebastián. Era el año de 1992, eran los tiempos del salinismo y el tratado de libre comercio supuestamente nos abriría el paso a la modernidad del “primer mundo”  y por ello era necesario poner una escultura "enorme y muy moderna" en el corazón de México.

El "Caballito" de Manuel Tolsá y el de Sebastián.

Volviendo a los ahuehuetes.

En la alcaldía de Xochimilco se encuentra el ahuehuete del barrio de San Juan que es mucho más joven que el nuestro del barrio de Santa  Catarina pues se calcula que el Xochimilca tiene 496 años, según cuenta la leyenda éste fue plantado por el mismísimo Cuauhtémoc para festejar su alianza en la defensa de Tenochtitlán. También famoso es el ahuehuete del santuario e Chalma donde los peregrinos descansan sus pasos cansados bajo su fresca sombra. Pero más famoso aún es el árbol del Tule ubicado en el estado de Oaxaca y es  posiblemente que éste sea el más grande de México y el más viejo, pues se calcula que tiene 2000 años de vida y  un peso de aproximado 636 toneladas

Árbol del Tule, Oaxaca

Aunque  sin duda  el más célebre e histórico de todos es el mortecino ahuehuete que se ubica en  la calzada Tacuba, muy cercano a nuestro Azcapotzalco, el llamado árbol de la Noche Triste donde Hernán Cortés  lloró por la muerte de muchos españoles y aliados tlaxcaltecas,  a propósito de este hecho histórico, siempre  se ha considerado como una derrota de Los Conquistadores, lo cierto es que de hecho no lo fue, pues las huestes de Hernán Cortés y sus aliados  tlaxcaltecas  consiguieron el objetivo que era el de romper el sitio y escapar de Tenochtitlan, y aunque con muchas pérdidas se logró lo que parecía imposible, escapar de ese cautiverio que se había prolongado por meses.

Árbol de la Noche Triste, imagen del siglo XIX

Durante mucho tiempo no han faltado los indigenistas que han pretendido cambiarle de nombre al árbol, reemplazando "árbol de la Noche Triste" por "el árbol de la noche victoriosa", pasan por alto que si finalmente los españoles hubieran sido derrotados México y los mexicanos no existiríamos (tal vez  su verdadero deseo es ese, la desaparición de México)  lo que habría en el lugar de nuestro querido México  en el mejor de los casos, sería un país o varios pequeños países parecidos a la africana Uganda.

La Noche Triste

Por último es importante mencionar que hace unos meses nuestro colaborador de esta revisa electrónica Martin Borboa con recursos propios se trasladó al estado de Michoacán al saltuario de los ahuehuetes y trajo varios de  estos  ejemplares para ser plantados en Azcapotzalco, del mismo modo como lo hicieron los antiguos tepanecas. El compañero Borboa donó  varios de estos arbolitos a vecinos de los distintos barrios de Azcapotzalco. Esa interesante travesía se puede ver en el siguiente enlace.  LA RUTA DEL AHUEHUETE de Michoacán a Azcapotzalco

 

SAN JUAN TLILHUACA Y SU PARQUE DE LOS AHUEHUETES

Por Don Nayarito Cantalicia  (Grupo Formiga)

Antes de exponer mi artículo de junio 2022, hoy 15 de junio deseo externar que me siento muy agradecido con el Sr. Patricio Garibay, por haberme abierto las puertas a participar en esta revista, en la cual ya llevo dos años ininterrumpidos de publicar, desde julio 2020, en 24 ocasiones. Ha sido una experiencia muy linda, de esas que a mi edad no se esperan. Además, estoy muy feliz de que también el Sr. Garibay haya hecho a final de mayo 2022 un video para su canal de Youtube “Crónica Azcapotzalco”, “La hormiga en línea”, basado en mi reciente artículo “Chaletsen Avenida Azcapotzalco”, de marzo pasado. El video lleva hasta ahora 24,820 vistas (y aumentando), (equivale a más de 1,600 vistas diarias) siendo con eso el video más visto, más popular, en ese canal. Muchas gracias en verdad.

Si usted lector desea ver el video que con gran calidad estructuró y dirigió el Sr. Patricio Garibay, y dio voz mi compañero del Grupo Formiga, Martín Borboa, puede verlo dando clic al siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=Akqz_N5YLX4

Ahora sí, a continuación, mi artículo.

Le llaman a este espacio “Glorieta de los Ahuehuetes”, tipo de árbol del que tiene 9 ejemplares. Sus sombras y pasillos son muy agradables. Seguramente fue más fresco y boscoso en tiempos pasados, dado que entendemos que antes hubo más ahuehuetes, más agua, y con ello seguramente más verdor. Pertenece al pueblo antiguo y centenario, fundacional de la población tepaneca de Azcapotzalco, de San Juan Tlilhuaca.

Actualmente la glorieta se llama así por su forma circular, pero por su contenido merecería muy bien ser llamado “Parque”: “Parque de los Ahuehuetes”.

En su perímetro limitan también las colonias Petrolera y Tezozómoc. Es un espacio acogedor y agradable. En general hallo limpio el suelo y el mobiliario. Está bonito, placentero y tranquilo el lugar. Las construcciones vecinas (en general) no son más altas que sus árboles, por lo que provoca aun más la sensación de relajamiento. A diferencia de otros kioscos de Azcapotzalco (comparado con los de San Álvaro, Nueva Santa María o Clavería), el de aquí es más amplio y no tan elevado. Hasta han proyectado películas ahí arriba incluyendo la pantalla, el proyector y los asientos para el público, con más de 25 sillas, cómodamente acomodados.

El área global tiene, además del kiosco, 5 excelentes mesas tubulares para 4 personas cada una, además de 2 mesas de cemento para las bancas del mismo material, por cierto muy bien pintadas y conservadas.

No todas las bancas tienen mesas, y no todos vienen a comer. Vienen familias, parejas, padres de familia, estudiantes, trabajadores, y todo aquel que en el ir y venir de la rutina se da un momento para disfrutar del canto de los pájaros, de un café o una torta de las que venden por aquí, o de una siesta o lectura. El sol da unas horas en unas bancas, y después en otras. Aquí el café que me he tomado es del Oxxo, donde a mi nieta le gusta revolver los sabores que salen de la maquinita, por ejemplo el de vainilla con chocolate abuelita en un mismo vaso. Luego, con tanta azúcar, tiene más pila en los juegos, y para el chisme de regreso a casa.


Grandes y resistentes juegos infantiles están disponibles, bancas para leer, chatear o descansar, de manera que todas las generaciones tienen maneras para disfrutar este lugar. Mi sobrino me ha traído junto con mi nieta, y aun siendo de edades tan distintas, todos la pasamos bien. Yo prefiero el agua de horchata de la paletería, y mi sobrino se compra un suero de manzana en la farmacia, y no creo que sea por el sabor, sino por una de las chicas que ahí atiende, y como ella cumple años en junio, este mes creo romperemos récord de asistencia al lugar.

En torno al parque “aglorietado” está la calle Miguel Lerdo de Tejada, y en su perímetro hay entre otras cosas: tienda de conveniencia con café para mi nieta, un restaurante (excelente su torta especial muy suave con bistec, tocino, quesillo y piña), carnicería, farmacia con suero para mi sobrino, (y a un ladito mis aguas), recaudería, venta de auto estéreos y accesorios, pozo de agua del sistema gubernamental, un módulo de participación ciudadana, y por si fuera poco, otro espacio con juegos infantiles y aparatos para ejercicio. La circulación vehicular alrededor es a baja velocidad. Hacen parada los peseros y levantan pasaje los taxis.

No sé si todos los parques de Azcapotzalco tienen un asta, pero en Tlilhuaca no solo lo tienen, también lo saben utilizar. ¡Ondea hermosa nuestra bandera en el parque de este pueblo! (foto abr 2022).

Digo parque pues “glorieta” suena a rotonda de cemento con estatua o semáforo, la verdad. Y aquí puede uno echar novio o siesta, tomarse un café, ver a los pequeños jugar, o hasta hacer una convivencia vecinal, bajo sombras de altos árboles entre jardineras, poner casilla electoral o mesas para recaudar firmas a ver a quien enjuician un día de estos.

Para glorietas en Azcapotzalco, la más famosa es la de Camarones, y pues tal cosa brilla por su fantasmal presencia, que cada vez somos menos los que recordamos que alguna vez si hubo una rotonda de cemento en ese crucero. Actualmente es eso, un gran crucero, con una pequeña base para un poste. En cambio, en San Juan, en mi opinión, es un parque, no una glorieta.

Glorietas las de la Diana Cazadora, el Ángel de la Independencia y la de la extinta palma: ejemplos de Avenida Reforma.

Pero bueno, al final, mi propósito con este artículo no es que se altere la nomenclatura del lugar, no, allá cada quien. Mi propósito es invitar a los lectores que ya la conocen, a que vuelvan, y a los que no la conocen, a que vengan otra vez. Es un espacio muy bonito y acogedor para pasar un largo rato muy agradable. Y les sugiero que no se deje llevar por cuentos de brujos o hechiceros. Aquí hasta lo más oscuro se disfruta, pues está entre gente buena y trabajadora bien intencionada. Y me consta.

Ya lo dijo el Señor Vicente Moreno Ríos y aquí lo repito: En el pasado, la sabiduría del pueblo de Tlilhuaca en el manejo de efectos medicinales sanadores de plantas, minerales, y quizá hasta animales, habrá sorprendido a los externos no iniciados, y por parecerles cosa “brujeril” se torció el tema (por parte de los que ignoraban, claro). En los hechos, lo negro habrá sido su muy fértil tierra, tan llena de nutrientes. Pero ese conocimiento en vez de oscuro, significa siempre: LUZ.

En el Grupo Formiga lo vemos de esa manera.

  

AHUEHUETES REPRESENTATIVOS 

DE LA  CIUDAD DE MÉXICO.

Por Ana María García Alvardo.

Foto 1 El Ahuehuete más reconocido en estos días ubicado en Reforma

Durante los meses de mayo y junio del 2022, los ahuehuetes son tema de conversación. El motivo fue el cambio de la “Palma de Reforma” por un nuevo árbol. Algunas personas pedían que en su lugar se colocará un monumento a los desaparecidos en México, incluso hubo manifestaciones, para solicitarlo. El gobierno de la Ciudad de México, por su parte determinó, que la población decidiera que árbol sería ideal para  ocupar este lugar. La consulta  dio como resultado que  un joven ahuehuete  tomará el lugar, de la famosa Palma. En lo personal creó que el mejor árbol para esa zona sería la jacaranda, que aunque no es originaria de México, forma parte del paisaje de esta avenida. Por otro lado, el ahuehuete requiere mucha agua, ósea una atención especial. Para el lunes 13 de junio del 2022, el árbol presento problemas en su adaptación al lugar, según referencias del  personal de SEMANAR quienes están a cargo de su cuidado.

En este trabajo mostraremos algunos de los trabajos del  pintor José María Velasco donde podemos ver a los ahuehuetes más conocidos del Valle de México. Retomaremos también crónicas y  trabajos fotográficos, que permitirán conocer más de este emblemático árbol a  través del tiempo y de su importancia.

Mi primer encuentro con el árbol ahuehuete o sabino,[i] se dio, al buscar el sitio de la llamada Noche Triste. Otro encuentro con los ahuehuetes, fueron aquellos que están en la Alcaldía de Azcapotzalco. En  una glorieta de San Juan Tlihuaca, en aquellos tiempos  era mi camino para ir a una secundaria cercana, sin embargo el paso rápido del camión obligaba a estar más al pendiente de lo que pasaba dentro del vehículo, que en la calle. El encuentro, más significativo con estos árboles fueron las pinturas  de José María  Velasco, y otros pintores, así como litografías, y crónicas de viajeros como Mademe Calderón de la Barca. Todas estas referencias, ubican estos árboles en el Bosque de Chapultepec. Identificándose el ahuehuete más representativo  del lugar, llamado “El Sargento” o guardián del bosque,  por lo cual es el más pintado, y fotografiado, a lo largo de la historia del mismo bosque.  

Iniciaremos por lo anterior  por una pintura de José María Velasco, la cual representa al ahuehuete de la noche triste.    

Foto 2. José María Velasco 1885.

Esta acuarela del árbol de la llamada Noche Triste identifica el lugar donde de acuerdo con la leyenda Cortés lloró, por la derrota de sus tropas. Fue realizada después del primer incendio del 2 de mayo de 1872.[ii]  Se cuenta que fue un español quién lo llenó de petróleo y provocó llamas. El segundo incendio fue el más sonado y el que le robó su belleza. Ocurrió el 10 de enero de 1980, las noticias expusieron que el árbol ardió durante 6 horas, y éste fue provocado por los feligreses de la parroquia del brote sagrado. Mientras en algunos medios trascendió que fue provocado por una “paloma” un tipo de cohete que alcanzó la corteza del árbol y lo prendió en llamas de 4 m de altura en otros se hablaba de un cortocircuito de un transformador gracias a la feria que se festejaba. Actualmente lo que queda del árbol continúa en pie, y aunque parezca increíble vivió un tercer incendio el 11 de septiembre de 1981, cuando un grupo de hombres lo roció con un líquido inflamable, afortunadamente se sofocó el fuego de manera rápida.  

           

Foto 3 Recuperación del árbol  después   del   incendio    Foto 4. 2022 Ahuehuete  en 1901.


Foto 5  Arbolo de la Noche Triste en 1906    Foto 6 Vista actual  del árbol de la noche triste.

Ahuehuetes en Azcapotzalco

De acuerdo a Antonio García Cubas “Azcapotzalco se halla rodeado de un gran numero de pueblos y haciendas…cercanos a la laguna y se asienta en un terreno fértil poblado de arboledas de las cuales algunas se hallan formadas de hermosos ahuehuetes.”[iv]

       

Foto 6 Glorieta de los ahuehuete.  Foto 7. El gran ahuehuete en la Glorieta que lleva su nombre  

San Juan Tlihuaca es conocido como el barrio de los ahuehuetes, por la cantidad de estos árboles ubicados hoy día en la Glorieta que lleva su nombre. “Del jardín  Hidalgo frente a la parroquia ( hoy catedral de Azcapotzalco) parte un camino sombreado de árboles que lleva a los ahuehuetes, uno de los más amenos parajes del Distrito Federal. Podría pensarse que estos árboles fueron los mismos que, según Torquemada, se exigío plantar a los aztecas como parte  de los tributos.”[v] A pesar de su historia e importancia para el lugar, como se observa en la foto n. 7 el ahuehuete de esta Glorieta se encuentra seco. Rodeado de una inútil fuente sin agua. Y lo más extraño es ver cubierto de cemento a su rededor impidiendo que la poca agua que le llegue del cielo pueda ayudarlo. Es una pena que las autoridades tengan estas decisiones y no tengan interés de conservar sitios tan representativos en la historia, de su alcaldía. Pero sobre todo perservar la flora del lugar, favoreciendo el ambiente, tan afectado por la contaminación.     

Ahuehuetes en  Chapultepec

Existen  crónicas del  Bosque de Chapultepec, algunas hablan de las edificaciones que fueron realizándose en el lugar, a lo largo de su historia. En otras nos refieren  el uso que se le dio a este lugar, como lugar de caza de venados de Virreyes. O siendo sede militar, o casa de gobernadores. De todas estas crónicas retomaremos las realizadas por Mademe Calderón de la Barca, en 1840, ya que describe al bosque de Chapultepec, “que  está a una corta legua de México, y que encierra él solo  más recuerdos que todos los demás sitios que por sus tradiciones pueda México vanagloriarse. Si estos blanquecinos cipreses pudieran hablar…..frente a las rejas, entro el coche, que nos llevó frente al gran ciprés conocido con el  nombre de “el ciprés de Moctezuma”, el más estupendo de los árboles,  sombrío, hierático e importante, con sus ramas quietas entre las que jugaban un viento suave, de magnifica estatura de cuarenta y un pies de circunferencia. Otro ciprés que se levanta a corta distancias, y casi del mismo tamaño, es quizás más gracioso y ambos y todos los nobles árboles  que hermosean estas elocuentes soledades, están cubiertos de una planta trepadora , parecida al musgo gris que, colgando de cada rama, como largas y grises cabellos.” [vi]  En la litografía de la  foto 6 podemos ver parte  de su observación, donde sobresale los arboles  y el llamado alcázar.

  

Foto 6 Casas grandes, Alcazar.

Algunas referencias nos indican que en 1428 Nezahualcóyot, rey de Texcoco, cerco el bosque, enriqueció su flora con ahuehuetes y multiplico su fauna.[vii] Por lo cual debería prevalecer el ahuehuete en comparación  a otros árboles. De acuerdo a la narración de Madame Calderón de la Barca podemos establecer que  existían  para el tiempo de su visita también cipreses en el Bosque  ¿o estos se confundieron con los ahuehuetes? Desconocemos si es el mismo árbol que hoy se identifica como el “Sargento”[viii]  era el mismo que ella reconoce como  “el ciprés de Moctezuma”.

La belleza del lugar no paso desapercibido  por José María Velasco, quien en otra de sus famosas  acuarelas plasmo parte del Bosque de Chapultepec. Ver foto 7

    


Foto 8 Chapultepec en 1885. Fotos de MÉXICO.  Foto 9 El Sargento. Postal, ca.1900. Colección particular.

 Historia de México . fotografía

Foto 10 Bosque de Chapultepec 1910 junto al ahuehuete conocido como el Sargento

En la fotografía, número 9 podemos observar varios detalles. A pesar de la toma podemos observar su gran follaje y tamaño  por el número de personas que tratan de rodear el árbol. Observamos que no existe la base que lo protege  hoy día.  Mientra en la foto 10 se observa la  importancia de tomarse fotos en el lugar para ciertos personajes. Hoy día, observamos  a un ahuehuete seco sin sus grandes ramas. La superficie es casi lisa, diferente a otros arboles de este tipo que aún se conservan en el bosque. Ver foto 11

 

  Foto 11 Vista actual de Sargento. Foto 12 Otros ahuehuetes del Bosque de Chapultepec.

Hoy día solo quedan algunos de estos árboles centenarios, en todo el bosque. foto.13 En algunos casos se colocaron letreros que indican el tipo de árbol que es y la protección que se requieren. Ver foto 14.

Foto 13 Otro de los Ahuehuetes de Chapultepec. Foto 14 Señalamientos que indican de su importancia

Pero esta protección está sujeta a las decisiones de las autoridades que tienen bajo su protección el bosque. Sus prioridades pueden cambiar de acuerdo con lo que este de “moda” tal es el caso de una ciclovía que se realizó cerca de uno de estos milenarios árboles, y corta el camino, que tenía el agua que bajaba del cerro y que lo regaba. Esta ciclovía también afecto a una de  la fuente que se encuentra relativamente cerca de este árbol y hoy día se encuentra seca, porque el agua se va a otros sitios. Ver foto 15  

Foto 15 Ahuehuete afectado por ciclovía. Foto 16 Vista aérea de la fuente seca

 En la foto 16 podemos observar la fuente hoy seca por falta de agua. Durante la pandemia el problema del bosque aumento, ya que la mayoría de su personal es mayor de 60 años, y no trabajo, hasta que se decidió volver a abrirlo. El bosque sobrevivió a estos tiempos difíciles, falta de atención de personal, problemas con el agua, falta de una política ambiental que lo proteja de decisiones arbitrarias de aquellos que debieran favorecerlos.  El bosque de Chapultepec no solo representa un “pulmón” para la ciudad de México. Es parte de una tradición milenaria donde estos árboles forman parte que debería ser una prioridad para todos.

Referencias



[i] NOMBRE CIENTÍFICO:  SABINO Taxodium mucronatumTen FAMILIA: ‘I’axodiacea. Un árbol propio de nuestro país que se cultiva principalmente en el Valle de México. Los antiguos mexicanos picaban varias partes de este árbol en su medicina popular. Muchos de estos árboles se encontraban cerca de las orillas del lago, ya que su crecimiento requiere de mucha agua para vivir. Ahuehuete en lengua náhuatl, quiere decir “viejo del agua”.

[ii] México en el tiempo “El marco de la capital” México 1946. Proyecto y editorial de Roberto Olavarria Civilización núm. 19 Tacubaya D.F. Pág. 178-179

[iii] https://24horasqroo.mx/blog/2022

[iv] Geografía e historia del Distrito Federal. Antonio García Cubas. Instituto Mora. 1894. Pág. 29

[v] México en el tiempo El marco de la capital . México 1946 .Pág.163

[vi] La vida en México durante una residencia de dos años en ese país. Madame Calderón de la Barca. Editorial Porrúa, S,A “SEPAN CUANTOS…” núm. 74 pag.51,52

[vii] Enigmas de la ciudad de México. Luis Fernando Wahr.  Pág.164

[viii] En la placa ubicada, en el circulo que protege al árbol. Encontramos lo siguiente “ Cuenta la tradición que este árbol fue sembrado por Nezahualcoyotl a petición del emperador azteca Moctezuma en el año 1 46 0 . El árbol vivió 500 hasta que se seco a cauda de falta de agua y contaminación en    1 969.    Tiene una circunferencia de 12.5 metros y llegó a medir 40 de altura, fue bautizado el “Sargento” por los jóvenes cadetes del antiguo Colegio Militar también se le llamó el centinela.

CRÓNICA. VIEJO DE AGUA, MEMORIA DE 

TIERRA, EVOCACIÓN A LA HISTORIA

Por Cristina Espitia Hernández  


Viejo de agua, hijo pródigo de Popotla, la tempestuosa lluvia de una noche decisiva, un 30 de junio de 1520, te convirtió en el símbolo urbano de la victoria, tus raíces, arterias prehispánicas de un imperio vencido, acobijaron la tristeza de tierras lejanas, rociadas con el llanto de la desgracia española consecuencia del “último suspiro de la resistencia indígena” encabezada por el insigne Cuitláhuac.

A partir de ese momento edificas altivamente el emblema de la mexicanidad, construyendo una identidad nacional, no obstante, tienes personalidad propia, eres un habitante más de la Ciudad de México, tejiste tu propia aventura posterior a la noche triste/victoriosa.

Seguí tus huellas por el paso del tiempo, recorrí el sendero que a la historia heredaste, exploré la evocación de tus memorias, las encontré en documentos antiguos; plasmadas en añejos periódicos y en fotografías, reflejo de épocas pasadas.

Semanas, días, horas y minutos pasé rescatando tu figura del olvido; empotrado en mi memoria busque tu dignificación; cimiento de mi primera investigación profesional, diste vida a mi oficio de historiador.

Sabía de tu papel en el discurso nacional, conocía tus formas, tu origen y caudal de hechos, sin embargo, no había tenido contacto físico contigo, no me conocías, ignorabas mi existencia. Mi conocimiento se reducía a los resultados de la documentación en archivos, hemerotecas, bibliotecas, fototecas, así que decidí admirarte con mis propios ojos.

El encuentro

Arribé a la estación UAM-I, la más cercana a mi hogar, aquella que llega hasta Garibaldi; mi destino: Popotla, que se encuentra en la segunda línea de la red del Metro.

Abordé el vagón la poca afluencia de gente me permitió encontrar un asiento disponible, debía bajarme hasta Bellas Artes, la penúltima estación, fue un camino largo, permitiéndome leer; tanto tiempo esperé este encuentro, a ratos, me traicionó la concentración y las inquietudes inundaron mi pensar: ¿cómo será?, ¿está cerca del metro?, ¿qué más hay en la Plaza de la Noche Triste?, ¿habrá indigentes?, ¿estará situado en un lugar peligroso?, por supuesto, todo eso lo sabía, pero no personalmente.

Llegué a Bellas Artes, transbordé a la correspondencia azul, dirección: Cuatro Caminos; los vagones tenían mayor aflujo de gente, negando asientos vacíos, el recorrido faltante, viajé de pie: Hidalgo, Revolución, San Cosme, Normal, Colegio Militar y finalmente Popotla, cuya imagen es representada por el emblemático árbol.

¡Al fin he llegado!

Al salir del metro, me recibió la histórica Calzada México-Tacuba: antiguamente camino de agua, tierra y verdor, ahora pavimento, automóviles, contaminación y vendedores ambulantes.

A cada paso, sucumbía ante las imágenes de tenochcas y tlaltelolcas persiguiendo ferozmente la herida y cabizbaja hueste de Cortés o el famosísimo salto que según cuentan, dio Alvarado para escapar de la furia indígena, dando paso a la leyenda que nombró a la calle “Puente de Alvarado”.

Calzada con memoria propia, testigo del brutal ataque paramilitar conocido como el halconazo allá en 1971, durante el sexenio de Echeverría, tiñendo una vez más de sangre la México-Tacuba.

En mi caminar por “el lugar donde abundan los carrizos a popotes”, es decir, el Barrio de Popotla, me encontré con el “parque cañitas”, dando paso a la “Plaza de la Noche Triste”. El sol acompaño a mi andar; ante mí, el cadáver del ahuehuete, sabino descuidado, producto del hombre y del fuego, para mí, valeroso guerrero que ha luchado contra las inclemencias del tiempo.

De frente al simbólico vestigio, admiré su longevo tronco: maltratado, melancólico, quemado.

La tierra que lo rodea ha quedado estéril. Me alegró bastante la inexistencia de basura y la carencia de indigentes. Una reja, su única protección, acompañada por una placa informativa sobre los eventos acaecidos en 1520.

Lamente y lamento profundamente que haya perdido su fronda, amplia y hermosa. Irónico fue pensar que localizado entre calles con nombres de cuerpos de agua: Mar Rojo, Mar Blanco, Mar Muerto, haya fallecido por la falta del líquido vital. La urbanización de Tacuba devoró su halo de vida.

Me acerqué a la reja, le saludé, ¡qué contenta estaba! En eso, fue captada la fotografía que ahora presentó, cuando encaré a finales del 2018, al protagonista de mi investigación: al “Árbol de la Noche Triste”.

Ese día prometí hacerle justicia. Quizá no pueda salvarlo del olvido de la historia oficial, pero se encuentra adherido a mis recuerdos personales, se ha clavado en mi sentir; regalé una parte de mi esencia al viejo de agua en Popotla, seguramente su memoria de tierra, recordará mis huellas sobre sus raíces, mismas que también recuerdan las de Cortés.

Agradezco profundamente al gran cronista de Azcapotzalco, José Carbajal por su apasionada dedicación al describir, indagar y dar voz a cada rincón de la Ciudad y de su querida Alcaldía.

Me siento muy gratificada con la oportunidad que me ha otorgado mi estimado amigo José, para participar con este texto dentro de la Hormiga en Línea.