viernes, 15 de octubre de 2021

AZCAPOTZALCO Y LA LLORONA

CONTENIDO:

LLORONA DEL MERCADO DE LA PROHOGAR

Por Martín Borboa Gómez

LA LLORONA, AZCAPOTZALCO Y YO

Primera parte.

Por Patricio Garibay

LA LLORONA DEAMBULA POR AZCAPOTZALCO CENTRO

Por José Carbajal Cortes

 ¡ AY MI PETROLERA BLANCA !

Por Don Nayarito Cantalicia

 LA ZIUACOATL Y LA LLORONA DEL 

PARQUE TEZOZOMOC.

Por Ana Marisol Resendiz Pizarro y Gustavo Aquino Domiguez

LA LLORONA DE 

SAN MARTIN XOCHINAHUAC

Por María Francisca López Suárez

LA LLORONA 

un alma en pena

Por Martina Rodríguez García

LA NAHUALA DE TEZCOLCO

Por Gustavo Aquino

MICAELA

Por Manuel Gaviño Quero

 LUNA DE CLAVERÍA 

Por María Elena Beltrán 

LA LLORONA Y YO

Por el niño Belenyer Santiago García Moreno

LA LLORONA DE AZCAPOTZALCO

Por Juan Pablo Rodríguez Vázquez

LOS REYES ESTÁN DE FIESTA

Por Miguel García

ADIÓS MI QUERIDO COLEGIO 

“HERMANN HESSE”

Por Marco Sebastián Morales Ramírez

LLORONA ROJA

Por Diana N. Colín



 

LLORONA DEL MERCADO DE LA PROHOGAR

Por Martín Borboa Gómez  (Grupo Formiga)

 

Lupita era de Texcoco

un día así nomás se fue,

dicen que sufría por un loco

que la dejó, quien sabe por qué.

 

Ella se subió a un camión

sin saber qué rumbo tendría,

y así se dio la ocasión

que a Azcapotzalco vendría.

 

El hambre le hizo notar

que de Texcoco había escapado,

y en este nuevo lugar

segundo chance le había llegado.

 

Pronto consiguió un empleo

en el Merado de la Prohogar,

al trabajo no le hacía el feo

y barbacoa aprendió a preparar.

 

Parecía que había renacido

la muchacha cantaba al limpiar,

a su patrón lo tenía complacido

“¡Qué bueno que vino a ayudar!”

 

Pero un día muy triste en sus sueños

aquel loco la vino a buscar,

con reclamos y gritos extraños

no la paró de atormentar.

 

Solo en sueños el loco venía

Lupita sudaba temblando,

angustia y miedo tenía

hasta que despertaba gritando.

 

Desde entonces no quiso dormir

se olvidó de descansar,

¿Por qué cuando volvía a sonreír

se vino todo a fastidiar?

 

Lupita ya no cantaba

ni bailaba al trabajar,

distraída ya solo estaba

sin parar de lagrimear.

 

 

Tristeando ya estaba la pobre

y la gente empezó a murmurar:

“¡La muchacha ya sacó el cobre…

panzona seguro ha de estar!”

 

Sus patrones no se opusieron

a que disfrazara su malestar,

“Vete allá atrás” le dijeron

“puras cebollas vas a picar”.

Sepa Dios que tristezas cargaba

y al mercado entero impactó,

que al trabajo nunca faltaba

y de llorar ya no terminó.

 

A Don Gober, su patrón, le dijo

que algo le picaba en los ojos,

su mujer a Gober predijo:

“Pronto solo serán despojos”.

 

Diario Lupita moqueaba

ya sin comer vivía,

su juventud se apagaba

y menos fuerzas tenía.

 

Ni tres meses duró la muchacha

en la decadencia de su vida,

y en aquel puesto de barbacha

un moño negro lucía.

 

Poco tiempo después se escuchaba

que de la zona de huacales venía,

un lastimoso lloro rogaba:

“¡Déjame rehacer mi vida!”

 

Desde entonces vapores funestos,

un olor a cebolla picada,

aromatiza pasillos y puestos

que deja el ánima desgraciada.

 

El moño negro no se quitó

para el dolor de Lupita velar,

y este tema ya se evitó:

¡la clientela se vaya a espantar!

 

Pero si un día usted desea

éste asunto comprobar,

vaya la tarde que sea

al Mercado de la Prohogar.

 

Acerque su nariz a la reja

o sea el último cliente en salir,

verá el cebollazo que deja

esa alma que no pudo vivir.

LA LLORONA, AZCAPOTZALCO Y YO

Primera parte.

Por Patricio Garibay

Desde luego no es que yo crea en la existencia de hechos sobre naturales o en seres fantasmagóricos, pero el fantasma de la llorona ha estado ligado a mí durante toda mi vida y hasta podría decir que me ha perseguido  de diversas maneras desde mis más lejanos recuerdos. Recuerdo que a mis 6 o 7 años de edad abría con una mezcla de atracción y temor el libro “Las calles de México”, del escritor y cronista de la ciudad de México, Luis González Obregón, libro que por cierto nunca supimos cómo llegó a parar al librero familiar. Se trataba de una vieja edición del año de 1922 por lo que sus hojas amarillentas y manchadas por el paso del tiempo lo volvían aún más lúgubre, misterioso y por lo tanto más atractivo. Dentro de todas las leyendas que contenía el añejo ejemplar, la crónica de "La Llorona" desde luego era mi favorita a pesar de estar narrada en ese estilo positivista y neo romántico propio de principios del siglo XX y que resulta un tanto incomprensible para un niño.  

Recuerdo además aquellas tardes en que solos en casa, mis hermanos y yo veíamos mordiéndonos las uñas la clásica película de 1963 “La maldición de la Llorona” dirigida por Rafael Baledón y protagonizada por Rosita Arenas, Abel Salazar, Rita Macedo y Carlos López Moctezuma.  Hace poco volví a ver la película con gran nostalgia y aunque hoy me resulta muy ingenua, aún contiene un gran atractivo debido a su bien lograda ambientación gótica que resulta muy interesante y atractiva.

Escuché a la llorona

Como varias personas de Azcapotzalco que conozco, yo también he escuchado a la Llorona en dos ocasiones y con un intervalo de dos años uno del otro. Mi habitación da a la calle y las dos veces que oí el aterrador alarido lo escuche provenir en dirección del jardín del Recreo, el silencio nocturno era absoluto cuando fue interrumpido por aquel clásico y desgarrador grito de "¡Ay mis hijos!", uno solo, y después nuevamente el silencio total, y eso es quizá lo que más llamó mi atención y lo más inquietante, pues un, o mejor dicho una bromista hubiera insistido o  hubiera hecho algún otro ruido, y no, solo continuó luego de aquel alarido un gélido silencio. Tampoco ocurrió en los días cercanos a las fiestas de difuntos, lo que hace reducir la posibilidad de que hubiese sido una bromista inspirada por las fechas Halloweenescas, la voz de aquellos gritos era tétrica y no parecía la voz de una mujer normal.  Repito que no es que yo crea en la existencia de hechos sobre naturales o en seres fantasmagóricos, solo doy testimonio de esos dos extraños sucesos. 

Hace 40 años una mujer asesinó a sus dos pequeños hijos justo al lado de ese jardín, en el barrio aún se recuerda ese día con horror y tristeza,  pero no se comience a especular pensando que los tétricos alaridos que escuché esas noches se traten de los lamentos del alma penante de aquella Medea moderna, pues esa mujer aún vive hasta donde tenemos noticias los vecinos de San Lucas, salió libre de prisión luego de 10 años de clemente condena y aunque ya no vive en la casa donde ocurrieron los espantosos hechos, se le ha visto algunas veces acompañada de su anciana madre en la parada del camión o comprando cualquier cosa en algún comercio de los alrededores.  

Parqué Tezozomoc noviembre 2018

El hecho es que la llorona ha sido también una constante en Azcapotzalco, recuerdo con afecto y nostalgia a mi amigo  el cronista José Antonio Urdapilleta quien justo hace 5 años por estas mismas fechas preparaba su puesta escénica "La Malinalli," obra escrita y protagonizada por él mismo, y en donde se recogía y narraba entre música y representaciones, distintas historias y leyendas de la llorona a lo largo de la historia de Azcapotzalco,  recuerdo que días antes del estreno me dijo luego de felicitarme por una obra que presenté en el teatro Azcapotzalco, -Patricio muy padre tú obra, pero prepárate a ver mi Malinalli, te voy a sorprender, te voy a dejar con la boca abierta. Una semana después el maestro Urdapilleta falleció intempestivamente, sorprendiendo y enlutando a la comunidad cultural de Azcapotzalco. Pero la función debía continuar, y los talentosos hermanos Urdapilleta sacaron  adelante  la obra que se presentó  como estaba previsto el 2 de noviembre en el tradicional panteón de San Juan Tlihuaca y en  verdad me sorprendió la calidad del guion, la puesta y la muy buena actuación de mi estimado Alberto Urdapilleta quien nunca antes había actuado en un escenario. Noche aquella entrañable en la que también reestrené mi obra "El velorio del Tenorio" obra que gustaba mucho a mi estimado José Antonio Urdapilleta quien estuvo presente de muchas formas esa noche.    

Estatua de José Antonio Urdapileta, Jardín Hidalgo.    

Llorona y lluvia en el parqué Tezozomoc

Hace tres años iniciaba el trienio del doctor Llerenas y por ser comienzos del mes de octubre la dirección de cultura de la nueva administración preparaba a marchas forzadas los festejos de los días de muertos. Y una actriz que a su vez era funcionaria de la administración saliente se empeñó en ser ella la única y eterna interprete que personificase a "La Llorona" en el espectáculo cultural del parqué Tezozomoc, hubo una negociación, hubo un estira y afloja, hubo berrinche, hubo chantaje y al final no hubo acuerdo. Yo me encontraba esos días preparando nuestro festival itinerante “Cuando trina la Catrina” festival de teatro dedicado al día de muertos y que año con año hemos venido realizando en nuestro querido Azcapotzalco. 

En eso estábamos cuando me llamó mi estimada Piedad Melgarejo a preguntarme si podríamos realizar una obra sobre “la Llorona” en el parqué Tezozomoc, faltaba menos de una semana para el evento y solo tendríamos un día para ensayar y no había presupuesto ni siquiera para cubrir los pagos de mis actrices, músicos y asistentes, tampoco tenía preparado un guion sobre "La Llorona", y aún a pesar de todo ello aceptamos el reto. Rápidamente adapté y reescribí un guion de Iveth Martínez, una de las actrices que participaría con nosotros, el productor Roberto Ortiz y yo cubrimos los modestos pagos a las actrices, músicos y asistentes que aceptaron participar a pesar de los pesares.

Tuve además que diseñar las imágenes que serían proyectadas en una gigantesca pantalla de agua sobre el lago, pues debo decir que la administración saliente al parecer había contratado y dejado pagado los servicios de una empresa que alquilaba equipo  sofisticado para eventos de espectáculos masivos,  micrófonos de alto alcance, potentísimas bocinas, aparatos llamados dragones que arrojan flamas enormes de fuego, neblina que cubría todo el lago en cuestión de segundos, luces en todas las gamas de colores y como mencione, una enorme pantalla de agua sobre el lago, equipo que su solo alquiler de esos días debió costarle a la alcaldía cientos y cientos de miles de pesos, comprobando con esto una vez más que en cuestiones culturales todo mundo gana dinero excepto los creadores y artistas locales explotados hasta el cansancio por los alcaldes y los administraciones de todos los colores políticos.

Parqué Tezozomoc noviembre 2018

Así pues nos presentamos esa noche del 31 de octubre de 2018, y el primer problema fue organizar a los respectivos ingenieros, acordamos que yo les marcaria a su teléfono celular de cada uno para avisarles en que momento de la obra lanzarían la proyección, el fuego, la neblina, las luces etc… pues a diferencia de un teatro donde todos los efectos se controlan desde una sola cabina, aquí no era así, aquí cada ingeniero estaba apostado en algún sitio al rededor del lago y yo tendría que dirigir a cada uno de ellos vía celular y bajo la lluvia, pues yo tendría que colocarme en un sitio donde tuviera una visión  completa del escenario y ese sitio no contaba con techo que me protegiese de la lluvia que con impertinencia comenzó. Por supuesto que mis actrices también estarían expuestas a la heladísima lluvia pues se encontraban en medio del lago y en el embarcadero.  

Parqué Tezozomoc noviembre 2018

El público había abarrotado las gradas colocadas frente al lago muchas personas no pudieron entrar al parque porque se habían llenado todos los lugares, y así inicio la función que se llamó “La Noche de la Llorona”. Por si fuera poco el fantasma amenazante de cierta “Llorona”  despechada se cernía sobre nuestra obra para sabotearla, pues alguien nos avisó que le había llegado el rumor de que ciertos empleados de la alcaldía cercanos a “la Llorona” de la administración anterior planeaban tirar de la balsa a nuestra “Llorona” Claudia o hacer alguna otra cosa para boicotear el tradicional evento, la amenaza no era baladí pues esa persona había amenazado incluso con demandar a la alcaldía y a medio mundo por haber sido “desplazada” de ese evento. Esa circunstancia aumentó aún más la tensión de todos nosotros, pero como se dice en la tauromaquia; todo mi equipo se creció al castigo y sacó adelante la obra, y el resultado fue más que bueno, pues buena parte del público presente se paró para aplaudir con intensidad nuestra puesta escénica que enfocaba el mito de la Llorona con la lamentable trata de mujeres en México.  

Todos mis colaboradores y el que escribe estábamos empapados y lo único que impedía congelarnos por el inclemente frio húmedo era la gran cantidad de adrenalina que aun corría por nuestras venas. A cambio del esfuerzo tremendo de mi gente el alcalde Llerenas nos brindó uno de sus ya tradicionales desplantes que lo caracterizaron durante toda su administración, pues esa noche ni siquiera se dignó en saludar y mucho menos agradecer aquella tremenda odisea que realizamos para su gobierno de manera gratuita, recuerdo que esa noche les dije a mis colaboradores, que el gobierno del señor Llerenas iba a ser un completo fracaso, y creo que no me equivoqué.  

Parqué Tezozomoc noviembre 2018

Pero no hubo tiempo para más, la función debía  continuar, así que nos secamos la ropa y salimos del Tezozomoc a toda velocidad para llegar al mercado de Azcapotzalco a continuar con el itinerario del festival “Cuando trina la Catrina” El día 2 de noviembre volvimos al Tezozomoc a presentar nuevamente la obra y como es lógico el resultado fue aún mejor.  El talento artístico que conformaba en ese entonces la compañía teatral “Club Sándwich” (y que este mes cumple 6 años de actuar para el público azcapotzalca) eran, Claudia Djaddah Blanco como “la Llorona” Iveth Martínez interpretó a “la Muchacha” y Graciela Rojas hizo el papel de “doña Consuelo” la música original estuvo a cargo de Charlie Caifan Martínez, en la producción participaron Roberto Ortiz y Yolanda Quintero. A ellos que sacaron la casta por la cultura chintolola esas tremendas noches les dedico este texto.

 Continuara.

 LA LLORONA DEAMBULA POR AZCAPOTZALCO CENTRO

Por José Carbajal Cortes, Cronista de Azcapotzalco.

 Cuentan que, en diversas calles y sitios de Azcapotzalco, se aparece una mujer de blanco y cuya apariencia dicen se parece a la que se encuentra plasmada en el mural de la Casa de Cultura de Azcapotzalco pintada por Arturo García Bustos de una dama de blanco al pie de la escalinata, que se dice es la llorona y que también es llamada o conocida en Azcapotzalco como “la Malinalli”.

 

En la Biblioteca Morelos y en Acalotenco.

 Ubiquémonos en Villa Azcapotzalco o Azcapotzalco Centro, lugar donde inician estos relatos y sucedidos de la leyenda de la mujer de blanco que las generaciones con el paso del tiempo han identificado como la Llorona. Me cuentan los guardias que cuidan la Biblioteca Pública “José María Morelos y Pavón” en Azcapotzalco Centro, fueron testigos de lo que afirman era la llorona, ya que dos de ellos haciendo turnos en su guardia, dicen haberla escuchado a altas horas en la calma de la noche.

 Narran los guardias que a mediados del mes de marzo de 2019 pasando las dos de la mañana se escuchaba que, a un costado de esta biblioteca pública, en el jardín Morelos situado a un costado de la Biblioteca y sobre la calle de Jerusalén, uno de ellos empezó a escuchar a una mujer que sollozaba, que gemía, con un lloro que iba subiendo en intensidad escuchándolo cada vez más fuerte, entonces el guardia llamando a su compañero, le indica que escuchara ese lloro y al poner más atención afirman los guardias que al ir pasando esos lloros sobrehumanos por la calle referida y que se ubica frente a  la Alcaldía, los perros aullaban y ladraban y que corría al paso de este fenómeno un fuerte viento que parecía ir con estos sollozos, así como lo estrepitoso de las hojas revolviéndose por el aire en las copas de los árboles. Tratando de seguir este lloro por el sonido infrahumano que escuchaban pasando con el fuerte viento, les pareció escuchar que el lastimero llanto se alejaba dirigiéndose hacia Acalotenco.

 Este fenómeno me narra los guardias, dicen que es algo frecuente, ya que tienen esa sensación de que “algo” pasa muy seguido, por el frio y viento que se siente al percibir este hecho, de “alguien” que en ocasiones pasa sollozando ya que me reafirman que tiene la sensación de que se va yendo ese sollozo y viento derecho hacia Acalotenco a donde esta aparición se dirige, donde existía en antaño el embarcadero prehispánico de Acalotenco en el antiguo Atzcapotzalco.

 Así en este camino hacia Acalotenco donde existía este ancestral embarcadero a la orilla del gran lago de Texcoco que se extendía hasta estos territorios tepanecas desde hace mucho tiempo, han visto en esta calle (que ha cubierto la modernidad a aquel antiguo embarcadero del que ya no quedan rastros ni vestigios sólo queda el nombre) a esta mujer de blanco convencidos de que es la llorona: una mujer de blanco que va flotando vaporosa, deslizándose por el aire, siempre al frente desapareciendo en la lejanía hacia donde se encontraba este embarcadero que llevaba al gran lago del antiguo Valle.

 


En la Casa de Cultura.

 Cercano a este sitio de la Biblioteca Pública Morelos, sobre la Avenida Azcapotzalco en su histórica parte céntrica, se localiza el edificio de la Casa de Cultura de Azcapotzalco, terreno que formaba parte del Ex-Convento de los Dominicos y cuya construcción data del siglo XIX, donde comentan también el mismo fenómeno: de una mujer que solloza con un lloro sobrehumano y dramático, que en ocasiones han escuchado que da un lamento y se dirige al fondo desapareciendo en donde esta plantado un antiguo árbol de pirul.

 Una de las personas que me ha contado ello es Juanita Rodríguez, ya que me narró que mientras fue cerrada un breve tiempo por remodelación la Casa de Cultura por el año de 2018 en el mes de noviembre, escucharon al interior en los jardines, un sollozo, fuerte y dramático de “alguien” de una voz de mujer que no pudieron identificar con mucho pesar y que subía de intensidad, cayeron en cuenta entonces que no era algo normal, sino un lloro sobrehumano, que hacía dicen “enchinar la piel”, percibiéndose un viento que movía los árboles y flores del jardín al interior, no queriendo indagar en ello, no se atrevieron a asomarse, solo se limitaron a escuchar y que el lloro lastimero pasaba y se iba apagando.

 Ese curioso fenómeno se ha dicho se escucha al interior de este recinto de cultura y que se le atribuye a la “dama de blanco”, o “mujer de blanco” cuya aparición, se le ha visto paseando por las escaleras, por los jardines, en la quietud de la noche o de la madrugada, que se dirige hacia el conjunto de árboles y del pirul retorcido que se encuentra al fondo, que ahí se detiene por un instante, para después dicen atravesar el muro y desaparecer hacia lo que es el templo principal de los Apóstoles Felipe y Santiago.


 En la Avenida 22 de febrero y hacia Calzada de Guadalupe.

 También cuentan los testimonios y consejas que en la Avenida 22 de febrero (llamada así en honor a los apóstoles de la democracia: Francisco I. Madero y José María Pino Suárez) que se ubica al costado del Centro de Azcapotzalco, ya que es paralela a la Avenida Azcapotzalco, principia en la Calzada Camarones y termina en lo que es la Antigua Calzada de Guadalupe, han visto a una mujer de vestido blanco ataviada como una novia en las madrugadas que se aparece delante de ellos. Son varias las que atestiguan haberla visto frecuentemente en esta avenida y que, dicha aparición, se divisa más en el cruce de esta Av. 22 de febrero y de la Antigua Calzada de Guadalupe, esto en la cercanía del Rancho que llamaban “Las Pachitas” y que le perteneció a Nicolás Soriano y familia, en donde la aparición hace acto de presencia flotando con su vestido blanco y un velo que le cubre el rostro que no deja ver y que cuando la han escuchado con su lamento cerca de la Iglesia de San Marcos, cuentan que los vecinos que la han escuchado se santiguan sin tardanza. Y que aquí en este lugar en lo que era un rancho cercano al centro de Azcapotzalco, sí se escucha el lamento lastimero de: ¡Ayyyy mis hijitos! ¡mis hijos! ¿dónde están?



 ¡ AY MI PETROLERA BLANCA !



Por Don Nayarito Cantalicia  (Grupo Formiga)


Información al lector:

La Petrolera es un plantillo mexicano creado en 1929 por la Señora Gudelia Contreras en su puesto de comida, ubicado afuera de la instalación petrolífera identificada entonces comúnmente como “Refinería Azcapotzalco”. Después de 92 años, el tradicional negocio continúa deleitando paladares. Está en la esquina de la calle Otoño y Avenida Aquiles Serdán, Colonia Ángel Zimbrón, Alcaldía de Azcapotzalco, y se conoce actualmente con el muy merecido nombre de:

 “Las Originales Petroleras”.

Una petrolera es una gran pieza circular de masa de maíz similar al sope, de 30 centímetros de diámetro, cubierta de frijoles, queso rallado y salsa. Se le pueden agregar otros ingredientes, como huevo, bistec, chorizo, queso Oaxaca, salchicha. Solos o combinados.

Agradezco a Martín Borboa su asesoría para hacer los versos.

 

Cuenta la leyenda que:

 

“¡Ay mi petrolera blanca!

cubierta de queso rallado,

me la como sentada en la banca

mirando al cielo estrellado”.

 

Hace apenas un lustro, la señora Teresita Gaudí, a quien le gustaba que le dijeran Tía Tere, disfrutaba mucho cenar las petroleras que se preparaban allá por la refinería de Azcapotzalco. Iba cada semana por una. Le gustaba que fueran del ingrediente que fueran, o hasta simples, se las cubrieran muy bien de queso rallado, ¡hasta las orillas! Así, toda la redondez de la petrolera quedaba espolvoreada. Le divertía y preguntaba ¿a poco nomás los elotes con mayonesa pueden cubrirse de blanco con ese queso?.  Ella afirmaba sonriente que las petroleras tenían el mismo derecho. Le gustaban mucho así, y las pedía completamente cubiertas de queso rallado. Además decía con simpatía, que eran como una luna cuando sale llena, y ella se encargaba a mordidas de hacerla menguar. Era lindo ver como estaba tan risueña con un elemento tan simple.

 

“Cuando en su mesa la colocaba

luna llena pa´ comenzar,

y cuando el plato vacío quedaba

luna nueva pa´terminar”.

 

Cuando llegaba cada viernes al negocio a pedir su platillo favorito, le gustaba esconderse un poco, y anunciarse solo con la voz.

 

“Hacía casita con sus manos

y con voz que casi espanta,

gritaba inquietando humanos

¡Ay mi petrolera blanca!”.

 

Hasta otros clientes disfrutaban de la animada señora, que siempre llegaba de buen humor. Sólo a ella le preparaban esa petrolera blanca. ¡Y como la saboreaba!.  No dejaba rastro del queso rallado en su plato.


Al final, con la punta de un dedo, recogía del plato cada trocito de queso restante. Inspiraba recordar que muchas cosas sencillas de la vida, pueden provocar las más grandes alegrías. Contagiaba optimismo. En el negocio siempre fueron generosos con el queso de sus petroleras, y le correspondían muy cálidamente su cariño y preferencia.

“No faltó gente mala leche

que la juzgara maniática,

y se paso feo Doña Meche

que la llamara lunática”.

 

Nadie hacia caso de esas habladurías, que eran por envidiar su alegría. Así fue la Tía Tere hasta el final de su vida. Ella era de San Marcos o San Rafael. De por ahí.

Cuando falleció, se le extrañó mucho en el negocio. Y se dejó de hacer la petrolera blanca.

Tiempo después, otros locales de Azcapotzalco fueron copiando el platillo básico de la petrolera. Y repito: el básico. Quizá con queso Oaxaca o alguna carne. Unos con más éxito que otros. Me parece que era inevitable. Y como decía mi mamá: “el sol sale para todos”.

Esas replicas han servido para afianzar la gastronomía local, y gracias a Dios, para la economía de más familias trabajadoras de la alcaldía. Pero de un tiempo para acá, dicen que:

 

“Algo curioso ha pasado

en cada local de petroleras,

un frío viento ha rozado

la piel de las cocineras”.

 

Cuentan que en varias ocasiones en esos otros negocios, cuando las cocineras o sus ayudantes espolvorean el queso rallado en sus petroleras, han sentido en la nuca o brazos un soplo delicado que da escalofríos. Y por eso, ponen rápido el queso, enseguida lo despachan a la mesa del comensal, para librarse del extraño momento.

De esa experiencia no se salva nadie que haga petroleras en Azcapotzalco. Les pasa tanto en el local de las originales, como en los otros que las han tratado de replicar o hacer su propia versión.

 


“Solo en la esquina de Otoño

y calzada Aquiles Serdán,

conocen la receta de antaño

y gusto a  Tía Tere le dan”.

 

Pues nadie revela el secreto

de donde aquel soplo vendrá,

le guardan a Tía Tere respeto

deseando que descanse en paz”.

 

Cuando Rosita, la cocinera de “Las Originales Petroleras” que ya tiene 50 años laborando ahí, siente también aquel viento frío, mientras espolvorea el queso rallado sobre sus especialidades en el comal, ya sabe quien está de visita, y como la puede calmar.

 

“¡ Échele más queso Rosita

ni que se le fuera a acabar !,

hágame mi petrolera blanquita

que con eso me voy a alegrar”.

 

En cuanto Rosita pone el queso de forma abundante y generosa, se va el es calofrío, y siente un tierno y dulce calor enseguida, como si fuera un abrazo de la Tía Tere, de aquella risueña y peculiar mujer que tanto disfrutó de aquel platillo, bien cubierto de queso hasta la orilla.

 

“Y ganas dan de escuchar

de nuevo a la señora franca,

cantando para ordenar…

“¡Ay mi petrolera blanca!”.

 

“Nomás aquí saben quién era

la voz de llorona hambrienta,

pidiendo su petrolera

con queso muy suculenta”.

 LA ZIUACOATL Y LA LLORONA DEL 

PARQUE TEZOZOMOC.

Por Ana Marisol Resendiz Pizarro y Gustavo Aquino Domiguez.

Barrio: Santa Apolonia Tezcolco.

En los callejones, veredas y vecindades del antiguo Azcapotzalco, se ven pasar a distintos espectros, se dice que fueron los sobrevivientes de los que cosechaban en las chinampas del lago de Texcoco, algunos cuentan que fueron los sobrevivientes de los que cosechaban en las chinampas del lago de Texcoco, otros dicen que son los espíritus de Tezozomoc, Itzcoatl, Tlacaelel, Tlaltecatzin y Nezahualcoyotl, que bien a anunciar el glorioso regreso de la Zihuacoatl.

Yo soy Ziuacoatl, en realidad me llamo Ziuateteotl mallinalli  Ziuacoatl, por momentos soy Quilaztli y vengo a proteger el verdor de las plantas que nacen y crecen a la rivera del lago; también soy la amorosa Yaoziuatl guerrera ancestral, asimismo soy Tonantzin Tlalli, la venerable Madre Tierra, cubierta de serpientes,  soy hermana de Mictlanziuatl que mora en el lugar de los muertos; he venido a este lago de la gran Metzico Tenochtitlan, a buscar el corazón de Copil, siguiendo los colores del hermoso colibrí uitziliuitl. Soy madre creadora, dadora de vida y vidente.

He salido de Coacalco para prevenirles de la guerra que habrá de venir, salí de lo más profundo de las aguas y bajé de Temotepetl de las montañas, tuve una premonición, vengo advertirles, sobre algo terrible que va a sucederle a nuestro pueblo, ¡Una desgracia!

Salgo por las noches a buscar a Youhualli Ehecatl, y a mis amados hijos, no conemeh.

Aquí en Tenochtitlan me aparezco por las noches. 

¡No conemeh Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!!

¡No conemeh Hijitos míos ¿A dónde los llevare?

¡Dónde habré de protegerlos y esconderlos de tanta tragedia que acontecerá, en esta Tierra Tonantzin Tlalli?

¿Dónde los llevaré para que escapen de tan funesto destino?

¡¡No conemeh, hijos mexicas!!

¡No conemeh, hijos Tepanecas!


Les vengo a avisar de la muerte, la guerra y la esclavitud, que le sucederá a nuestro pueblo. Pero nadie escucho a la Ziuacoatl que sigue alrededor del parque Tezozomoc buscando ciertos amores perdidos…

Desde entonces, no ha dejado de vagar, sigue llorando en busca de sus hijos, dolida pues no pudo detener la masacre, ni la enfermedad, por eso llora todas las noches. Para la Ziuacoatl el tiempo se detuvo en tan fatales hechos, por eso aún sigue vagando en la ladera del Lago.

Además se hace acompañar de otro espectro una llorona colonial  eso se dice que se le ha visto en montículos del Parque Tezozomoc con un traje amarillo, sollozando, emitiendo unos gritos desgarradores, trae un velo gris y se mira a lo lejos en los confines del parque, donde también se le oye proferir su tradicional grito de dolor al tiempo que eriza la piel de propios y extraños.

Y de aquí a la eternidad, siguieron vagando en el parque Tezozomoc y la llorona colonial, y la Ziuacoatl aun sus lamentos se escuchan en los confines de Azcapotzalco acompañados de ciertas disertaciones filosóficas sobre nuestra historia...

LA LLORONA DEL BARRIO DE SANTA APOLONIA TEZCOLCO.

Ana Marisol Resendiz Pizarro

Barrio: Santa Apolonia Tezcolco

 

Esta leyenda con aroma local y universal se encuentra en todos los rincones de nuestro país y Santa Apolonia Tezcolco no es la excepción se cuenta que los que la han visto penar en el barrio dicen que aparece una mujer muy elegante vestida de blanco, de falda muy amplia hasta los tobillos; sombrero de ala ancha bordeada de encaje y guantes blancos a la usanza porfiriana, se distingue como un alma en pena pues su vestido brilla de un modo descomunal a altas horas de la noche como si quisiera opacar a la brillante luna, los que han visto su rostro debajo del sombrero solo al logrado ver una cara amarillenta, con unas grandes ojeras que no le permiten distinguir sus ojos y es entonces que profiere el ya conocido grito desgarrador ¡Ay mis hijos!

            Dicen que flota por lo que alguna vez fue un canal, ya que ella siempre busca los cuerpos de agua, pues ahí cometió su crimen, en las noches principalmente de luna llena, se escucha su canto desgarrador que hace eco principalmente en la calle de Ferrocarriles Nacionales. Propios y extraños dicen que otra de sus calles favoritas es la calle de Querétaro, donde susurraba al oído de sus habitantes y lejos

de sentir miedo sabían que se encontraba muy lejana sin embargo se aterraban cuando la escuchaban en la lejanía pues el eco parecía distante de dicho espectro indica que está dentro de las habitaciones pues seguía las reglas mágicas de toda la nación.

            Se cuenta que este barrio desde la época de la conquista cuando todos estaban durmiendo en sus aposentes se escuchaban lamentos en los campos de cultivo y en las terrazas, quien alcanzo a escuchar al espectro le veían de reojo como para no quedar paralizados al escuchar su eterno lamento.

La llorona que se aparece en el barrio se escucha con un llanto desgarrador por las vías del tren que corría hacia Tacuba, tal vez sigue buscado los canales que alguna vez engalanaron Azcapotzalco.