lunes, 17 de enero de 2022

 

MÁS POR COMPROMISO QUE POR CONCIENCIA DE IDENTIDAD CULTURAL

(BREVE HISTORIA DE LOS MUSEOS ARQUEOLÓGICOS EN AZCAPOTZALCO)

Por: Ricardo M. Pilón Alonso

A MODO DE INTRODUCCIÓN

Azcapotzalco tiene en los orígenes de la arqueología mexicana una relevancia para la exploración y el saqueo. Este es un tema espinoso que en otra ocasión atenderemos, mientras, estamos obligados hablar de los llamados “museos” de Azcapotzalco. Pero antes de responder a esta incógnita reflexionemos sobre el supuesto patrimonio que, se dice a voces, posee Azcapotzalco:

Tras la caída del señorío de Azcapotzalco en 1428, su destrucción fue inminente. Sea ha llegado a decir, entre arqueólogos, aunque no se ha demostrado, que las piedras de los templos de esta ciudad terminaron siendo parte de los templos y palacios de Tenochtitlan (1). Es como decir que después de esta fecha de su derrota la ciudad fue “castrada” de sus altos templos. Desafortunadamente no hay una descripción de la ciudad de Azcapotzalco y su relevancia se fue opacando tras el dominio de la Triple Alianza. Para 1519 Azcapotzalco, año de la llegada de Hernán Cortés, se tiene memoria del señor de dichas tierras, Tlaltecatzin, quien ya llevaba gobernando diez o nueve años (2). Después de esto, estas tierras y sus personajes sólo son motivo de gente curiosa que hojea, de aquí para allá, los documentos de archivos; pero cuyas temáticas no son otra cosa que partículas de un todo disperso. Ya lo había advertido el Caballero Boturini. Y es por él que tenemos el único registro pre-arqueológico sobre un mural tepaneca:

Tengo un lienzo que hice copiar de la pinturas originales, que se hallan hoy día en las paredes de los Palacios Tepanecos de Azcapotzalco, con la Rueda de los Señoríos… (3)

Tal pintura, probablemente, se trata del llamado  Códice Techialoyan-Garcia Granados, dada la descripción citada. Previo a esto, a finales del siglo XVII (1697), Gamelli, tenía la esperanza de encontrar vestigios de un supuesto palacio que perteneció al fundador del lugar, Itzputzal, pero sin éxito (4). En términos arqueológicos no sería extraño, aunque no por interés al tema del pasado de Azcapotzalco, algunos curiosos coleccionaran piezas que –como hemos escuchado de muchos oriundos del lugar- obtenían al pasar en los terrenos y baldíos del aún rural pueblo durante el siglo XVIII, XIX y segunda mitad del siglo XX. Desde luego ese coleccionismo sería superado y debatido científicamente por la arqueología en 1909 –excavaciones de Gamio en el Barrio de Santa Lucia Tomatlan (5)- y la importancia de la clasificación cerámica propuesta por Franz Boas y Manuel Gamio en 1911 y 1912. Esto último culminaría en la publicación del Álbum de Colecciones Arqueológicas en 1921. Pocos saben que Azcapotzalco pudo haber tenido un sitio arqueológico tras las excavaciones de Tozzer en 1913 y 14 en el Barrio de Santiago Ahuizotla, publicado en ese mismo año de 1921 (6). ¿Pero qué impidió esa posibilidad? Los conflictos por una institución incierta y los celos profesionales de quienes la representaron. Pero sin duda el prejuicio de la clase intelectual del cual, argumentan, no había comparación con las ruinas de Teotihuacán o la zona maya. El piramideotismo había nacido bajo el argumento de evidencia relevante y estética…

Todos los descubrimientos y registros, buenos y malos, estaban al amparo del Museo Nacional que se acumulaba en sus bodegas en esta época. No era una época para pensar, siquiera, en los hoy llamados muesos y sitios arqueológicos comunitarios. Tras la fundación de la ENAH en 1938 y el INAH en 1939, sin embargo, Azcapotzalco sólo fue tema para algunos curiosos cuyas aportaciones y estudios se limitaron a la tinta y el papel, pero nada para el interés público de la comunidad. Que es como decir que, Azcapotzalco, es un tema de interés académico (Arqueología e Historia) por expertos, pero no de un interés público de identidad cultural en su difusión. ¿Cuantos relatos de la fantasía e idiosincrasia han pasado por verídicos en la conciencia de una comunidad que desconoce, ciertamente, de ese pasado? ¿Y qué decir de las llamadas “tradiciones” y “costumbres” que pertenecen más bien a la Colonia y a la asimilación de otras de otros pueblos? Las sociedades cambian y ese dinamismo adapta o extingue, precisamente, el interés y el valor de ese pasado. Baste esto para reflexionar sobre los supuestos “museos” que Azcapotzalco ha tenido, pero más por compromiso institucional y gubernamental, que por interés propiamente público para su comunidad.     

I El 1er Museo de Azcapotzalco (1976).

Dejemos en claro un asunto: una habitación con piezas arqueológicas NO es un museo, sino una colección anticuaria de gente aficionada por el pasado. La noción de museo va más allá del coleccionismo –pues este incluye, necesariamente, la investigación y la publicación de los mismos en plan científico y humanista- lo que implica tener una connotación o dependencia institucional. Aquí debemos bajar los humos a toda pretensión, pues un museo lo es a partir de la autorización oficial de los gobiernos y sus instituciones. Antes de 1938 y 39 no se tiene noticia de un museo en Azcapotzalco, todo lo que se extraía de este lugar se exhibía o guardaba en el Museo Nacional. Después de estas fechas tuvieron que pasar 37 años para lograr este propósito recurrente. Tras las excavaciones de 1975 en San Miguel Amantla, por Gerardo Cepeda, los vecinos se interesaron por el pasado de su localidad y, junto con los arqueólogos, se llevó la iniciativa al INAH ese mismo año. Así que con todos los procedimientos legales e institucionales se inaugura, en febrero de 1976, el Museo Local de San Miguel Amantla por el entonces Regente del D.F. Octavio Centies. Dicho museo quedaría ubicado en un recinto al costado de la parroquia, hoy Biblioteca Pública y Centro Social del Barrio.

Según un documento oficial, el pequeño museo contaba con dos vitrinas y cuatro mamparas, donde se exhibían cerca de 16 piezas arqueológicas. Estas mismas –del cual se tiene un Catálogo con fotos y descripción (¿?)-  pasaron al Museo Nacional de Antropología. ¿Por qué desapareció el museo local? Esta es una historia que debe surgir, sin exageraciones y con la verdad, por los propios vecinos –sobrevivientes- de éste pueblo. Los problemas del museo “fueron relegados a segundo plano al ser programado el Parque Cultural del Rosario, donde se pretendía que en la planta de uno de los edificios fuese habilitado como museo integral” pero según parece a razón de exceder en el costo de elaboración, no fue posible dicho proyecto. La gran incógnita, desde punto de vista arqueológico, es el hecho de que no hay registro de las excavaciones de Cepeda (1975) en el Archivo Técnico. Gracias a una defensora del patrimonio en Azcapotzalco, Guadalupe Robles Guzmán (7), se tiene documentación oficial de los eventos y el propio Cepeda ha dejado un artículo sobre tales excavaciones en  1977 (8), esto implicaba que dicho propósito del museo debía realizar un convenio con la estancia de museos y la delegación, para ya no depender de Rescate Arqueológico –ya que esta no era su función-. Pero la realidad a este caso es el hecho de que ya no existe el museo y se desconoce el paradero de dichas piezas –al menos se tiene noticia en éste documento, que fueron llevadas a las instalaciones de Registro Arqueológico-. Dada las circunstancias el proyecto de un museo estaba pendiente...

 

II Utopía de un proyecto histórico y arqueológico no logrado (1987-88).

Resulta extraño que Azcapotzalco para ese tiempo no cuente con ningún sitio arqueológico y apenas se estaba la tentativa de un museo. La fiebre arqueológica y el centralismo del mismo a nivel institucional le vienen tras las excavaciones de 1978 y el hallazgo del monolito de Coyolxauhqui. No es que los hallazgos de San Miguel Amantla hayan sido poco trascendentes, pero no olvidemos que a nivel de los medios y la curiosidad de la sociedad resultaba más llamativo el hallazgo del centro histórico y perteneciente a la cultura fundadora del nombre nacional: México-Tenochtitlan. Toda la atención social, política e ideológica sirvió para impulsar la presencia cultural a nivel mundial en tiempos de crisis económica. Para la arqueología, sin embargo, estaba el compromiso de proyectar, a nivel nacional, la atracción cultural, histórica y arqueológica del país. Azcapotzalco no era la excepción y fue motivo de uno de los proyectos más ambiciosos de los años 80s.

Pocos saben de éste proyecto y quede como testimonio lo referido en la documentación existente en el raquítico y pobre Archivo Histórico de Azcapotzalco. En un documento de 11 páginas bajo el título de “Programa de Trabajo para Azcapotzalco” del 28 de abril de 1987 (9), se tenía contemplado:

1 CONVENIO DE COPERACIÓN D.D.F. EN AZCAPOTZALCO – INAH/D.S.A.

2 EXPLORACIONES ARQUEOLÓGICAS EN AZCAPOTZALCO.

3 MUSEO Y AUDIOVISUAL EN AZCAPOTZALCO.

4 DIVULGACIÓN ESCRITA (REPORTAJES, LIBRO DE DIVULGACIÓN)

Dicho documento fue firmado por los P.A. Luis Córdoba Barradas, Roman A. Chávez Torres y Luis Alberto López Wario. Proyecto que buscaba completarse en el curso de 1987 hasta 1988. Evidentemente sólo se lograron los trabajos arqueológicos, pero del resto quedó sólo en el papel dada las circunstancias que aún deben ser aclaradas. La proyección del “museo” no logro su objetivo a lo estipulado, lo cual resulta curioso, pues a fin de cumplir por compromiso –tres o cuatro años atrás- un hallazgo, ajeno a su proyección, fue el pretexto para la creación del 2do Museo.

III El 2do Museo de Azcapotzalco (1996).

Todavía queda en la conciencia de los azcapotzalcas el recuerdo de éste museo y el nombre de su fundador: Don Octavio Romero Arzate. Su hallazgo, previo al ambicioso proyecto de 1987-88, fue el motivante para la creación de dicho museo tras el fracaso de la Coordinación del Salvamento de la Cuenca de México. Tuvieron que pasar doce años para que en 1996 se inaugurara el Museo Arqueológico de Azcapotzalco “Príncipe Tlaltecatzin”. ¿Qué tan impactante fue el hallazgo de 1984 que el INAH, mediante oficio, hiciera las investigaciones correspondientes y diera su veredicto, así como el registro de lo auténtico hallado en Santa María Malinalco No.181? Más allá del discurso fantástico que rodea el evento, se determinó que la osamenta era de un periodo no prehispánico y cuya evidencia osteológica mostraba una enfermedad ajena a dicha época: la sífilis (10). Lo que demostró que no podían pertenecer a dicho personaje cuyo nombre porto el museo durante 15 años. Pero respecto a los restos cerámicos y líticos (11), la gran mayoría resultaron de origen prehispánico (post-clásico terminal, periodo mexica), por lo que quedó bajo su custodia en dicho museo. Mismo que quedó establecido en la Calle Libertad No. 35, Colonia del Recreo en una construcción que le fue cedida por el entonces Regente del D.F.  

El triste desenlace culminó en una problemática con el gobierno local, los “herederos” y un grupo entusiasta por la defensa del patrimonio de Azcapotzalco, cerrando para siempre el recinto. Se ha dicho y rumoreado mucho al respecto sobre las piezas arqueológicas. El museo contaba con cuatro salas donde exhibía las piezas encontradas y registradas ante el INAH –alrededor de 70 piezas, según el arqueólogo Luis Córdoba-. Con el tiempo el responsable del recinto fue acumulando artefactos –no todos arqueológicos- entre réplicas y elementos que exponían su particular punto de vista sobre el pasado. El abandono del museo y la deteriorada salud de Don Octavio, terminó por extinguirlo…

 

IV El 3er Museo de Azcapotzalco (2018).

Para un arqueólogo, oriundo de Azcapotzalco, resulta claro una situación: la insatisfacción del nuevo museo. La vanidad -más que una aportación valiosa a la comunidad- de la institución y sus proyectores, resulta ser una copia barata y pobre de lo que en realidad fue el pasado de dicho lugar. Empezando por la ubicación, no es un recinto al cual la población tenga la factibilidad de acceder para su recreación y conocimiento. Nada se le puede reprochar al arqueólogo Luis Córdoba por el orden cuidadoso que le dio a la época prehispánica; sin embargo, es notorio la escaza investigación por parte de los arqueólogos e historiadores. Dos salas de tamaño regular, una colección arqueológica raquítica –entre ellas se encuentran las 70 piezas del museo “Tlaltecatzin”- y una difusión deficiente tanto por la institución como por el gobierno local.

El Museo de Azcapotzalco se inaugura  en agosto del 2018, tristemente en una época donde el fanatismo y la fantasía dominan como imperativo categórico de la mexicanidad. El compromiso institucional y gubernamental está hecho, dependerá de la idiosincrasia del azcapotzalca la crítica, la aportación y la resistencia para con éste museo. Ruego se me dispense lo siguiente, pero es importante preguntárselo: ¿Puede el cronista decir realmente algo valioso sobre ese pasado en piedra, cerámica y demás materiales hoy obsoletos? No descalifico su labor, sino su rigor; después de todo no son historiadores, ni mucho menos arqueólogos. Ninguno está obligado. Pero en esa incertidumbre ¿qué le estamos brindando a la juventud para razonar, para pensar el hoy con el ayer? Espacial y estéticamente el museo es agradable, pero al mismo tiempo frívolo en su contenido. El 1er museo para muchos fue desconocido; el 2do era más cálido, pero se vicio en lo fantástico. El 3er museo sólo está allí, como un edificio más que sólo visitan curiosos. ¿Qué destino depara para el futuro éste recinto con sólo tres años de existencia? Lo cierto, ante todo ese compromiso, es que la sociedad sigue sin tener la guía para comprender el pasado y activar ese estado de la conciencia y reconocimiento de la identidad cultural.

En conclusión, las recientes excavaciones (2019-2021) en Azcapotzalco ha demostrado el poco valor que significa el patrimonio y vivir al día de la modernidad y mediocridad que sólo los amantes del poder y el reconocimiento de las vanidades realizan en la actualidad. La tepanecaidad, en su esencia más profunda, es inexistente…

     BIBLIOGRAFÍA

(1)     Nota: El arqueólogo y arquitecto, Dr. Alejandro Villalobos, tiene la hipótesis de esta posibilidad, si se considera que la obtención de materiales, para la construcción del templo mayor, en tiempos de Itzcoatl, era más factible de las ciudades conquistadas –como Azcapotzalco- que hacer todo el recorrido y esfuerzo de las canteras como es el caso de la roca rosada de Tenayucan.

(2)      TORQUEMADA, Juan de. Monarquía Indiana (Vol. 1). Edit. UNAM, México, 1977, pp. 347-349.

(3)     BOTURINI BENADUCI, Lorenzo. Catálogo del Museo Histórico Indiano. Edit. Imprenta de Juan de Zúñiga, Madrid, 1746, p.9.

(4)     GAMELLI CARERI, Giovanni Francesco. Viaje a la Nueva España. Edit. UNAM, 2002, México, pp.111 y 112.

(5)     GAMIO, Manuel. La Población del Valle de Teotihuacán (Tomo I). Edit. Dirección de Talleres Gráficos Dependiente de la Secretaria de Educación Pública, México, 1922, pp.196-200.

(6)     TOZZER, Alfred M. Excavation of a Site at Santiago Ahuizotla, D.F. México. Edit. Goverment  Printing Office, Washington, 1921.

(7)     Nota: La Sra. Guadalupe Robles Guzmán, tuvo el tiempo y la amabilidad de leerme unos documentos –en el año del 2020 -que tiene en su posesión sobre tal evento de la inauguración del Museo Local de San Miguel Amantla (1976)

(8)     CEPEDA CÁRDENAS, Gerardo. “Azcapotzalco” en Los Procesos de Cambio, XV Mesa Redonda (Tomo I), Edit. INAH, México, 1977, pp. 403-409.

(9)     Archivo Histórico de Azcapotzalco, D 49, pp. 1-11.

(10) Boletín de Investigaciones de Salvamento Arqueológico, INAH, 1987.

(11)  Archivo Histórico de Azcapotzalco, D 49, pp. 34-36. (Relación de Materiales Arqueológicos).

 

El Compadre Mendoza, obra maestra de

 Fernando de Fuentes y su realización fílmica en

 Azcapotzalco.

Por: José Carbajal Cortés. Cronista de la Alcaldía Azcapotzalco.

  A manera de introducción a esta crónica cinematográfica que abordaremos hemos de comentar que, en el primer número de esta revista electrónica de La Hormiga en Línea de febrero de 2019, anotamos una crónica de cine sobre la película de “El automóvil gris” dirigida por Enrique Rosas filmada en el año de 1919 ubicada en la etapa del cine mudo o silente como la primera filmada en Azcapotzalco con algunas escenas. Ahora abordaremos de manera cronológica otra película filmada casi en su totalidad en Azcapotzalco en 1933. Sea esta siguiente interesante crónica cinematográfica una exposición por la tierra del hormiguero en el tercer aniversario de esta revista electrónica.

  La década de los años 30´ en nuestro país, representa el comienzo del desarrollo de la industria cinematográfica de nuestro cine mexicano, el cual dará a conocer nuestro cine al mundo hispanoparlante y mundial.

  La etapa sonora del cine mexicano deja atrás al cine mudo o silente con el comienzo de la primera película hablada: la realización de la película Santa, basada en la novela de Federico Gamboa. La etapa muda o silente en nuestro cine mexicano culminó así el 30 de marzo de 1932, año en que la película Santa fue estrenada ya que se filmó con sonido directo con los diálogos hablados de los personajes. La crónica cinematográfica le atribuyo el ser la primera película sonora o hablada con su estreno en las salas cinematográficas del país siendo el auténtico comienzo del cine sonoro en México. (García Riera, 1998).

  Los comienzos de la etapa preindustrial de nuestro cine comenzarán de esta manera a partir de 1932 continuando en siguientes años con largometrajes de ficción filmados: 21 en 1933, 24 en 1934 y 23 en 1935 todas producidas en la capital (García, 1998). En esta la década a mediados de los años treinta que se da un breve lapso del llamado período del cine clásico mexicano o preindustrial, que será la antesala de la época de oro del cine mexicano ya que en ésta como sabemos se desarrollará posteriormente su industria formalmente y le dará identidad de nuestro cine.

  En esta etapa de los comienzos del cine sonoro, Fernando de Fuentes será el director más importante y representativo de la década de los treinta del cine de nuestro país, valorándose sus películas con el paso del tiempo. Anotaremos una de sus diversas películas dirigida por él y posteriormente muy celebrada: El Compadre Mendoza. Esta gran obra fílmica está basada en un cuento u obra que originalmente estaba pensada para llevarse al teatro de la autoría de Mauricio Magdaleno, por lo que es un producto de la literatura llevada al cine. El argumento original es por tanto de Mauricio Magdaleno, ya que Bustillo y de Fuentes convencen a Magdaleno para llevar su obra a la pantalla grande y serán quienes harán la adaptación cinematográfica, siendo que el Compadre Mendoza, será una de las primeras películas sonoras de nuestro cine mexicano.

  Haciendo un paréntesis es interesante mencionar el contexto en que se desarrolla ya que nos ubicamos en el territorio de Azcapotzalco, éste dejara de ser Municipalidad por el cambio territorial del 28 de agosto de 1928 en que se promulga la Ley orgánica del distrito y territorios federales, suprimiéndose así la anterior división de Municipalidad pasando a ser Azcapotzalco una de las trece Delegaciones foráneas (López de La Rosa, 2005). Siendo por tanto una Delegación ya no Municipalidad, a partir de esa fecha que seguirá teniendo tintes campiranos y agrícolas debido a sus extensas áreas verdes para el cultivo, así como de algunas haciendas en pie como la de El Rosario que será el sitio idóneo para filmar una película de la Revolución en el año de 1933 que comentaremos y expondremos.

  El director Fernando de Fuentes realizará tres películas cuyo tema central es la Revolución Mexicana, dichas cintas se conocerán con el tiempo como “La trilogía de Fernando de Fuentes” éstas son: El prisionero trece, ¡Vámonos con Pancho Villa! y El Compadre Mendoza, realizadas en los años de 1933 a 1935. La cinta de ¡Vámonos con Pancho Villa! como la de El Compadre Mendoza, figuran entre las 100 mejores películas del cine mexicano situadas en la lista como la primera y la tercera respectivamente de nuestro cine según la revista Somos en su edición especial y conmemorativa número cien, cuyo listado quedo a cargo de 25 especialistas y críticos de cine mexicano.

  Por lo que la cinta “El Compadre Mendoza” ocupa el honroso tercer lugar de nuestro cine de todos los tiempos. Esta cinta es la que abordaremos por la interesante cuestión que se filmó en nuestra tierra del hormiguero: Azcapotzalco. Lugar territorial donde se desarrollará la trama de la obra homónima de Mauricio Magdaleno como escenario fílmico recreándose una hacienda en el mismo espacio de una hacienda representativa desde el siglo XVI.

  El sitio o locación de filmación (que en el argot cinematográfico se le llama así a filmar en los “exteriores” como escenarios naturales, caminos, etc., para diferenciarlas de la filmación en los estudios o en instalaciones interiores acondicionados) de El Compadre Mendoza se desarrolla por tanto en un escenario real de una Hacienda aún en pie en los límites de la periferia de la ciudad: la Hacienda El Rosario. Esta Hacienda del siglo XVI primeramente fue conocida como Hacienda de San Nicolás y después como de Careaga, tuvo varios propietarios siendo el más conocido Sebastián de Aparicio quien fue uno de los primeros dueños de ésta, quien procedía de Galicia en España y arribo a la Nueva España en 1533, a quien se le atribuye abrir y construir caminos (como el camino real a Zacatecas entre otros) así como de construir carretas para el transporte de la plata y que al término de estas labores después de años adquiere esta hacienda con el fin de trabajar la agricultura, en donde nos cuenta la crónica surgió la charrería y la tradición de haberse colocado la primera ofrenda de altar de muertos por parte de Aparicio y que la habitará y trabajará hasta el año de 1572 fecha en que vende y reparte sus bienes e ingresa a la orden menor pidiendo el hábito de Franciscano en el convento de Santa Clara 1573 y que en 1576 se establecerá en el convento de la Ciudad de Puebla, llamándose Fray Sebastián de Aparicio. A lo largo de su vida se le atribuyeron hechos y milagros por lo que en mayo del año de Señor de 1789 el Papa Pio VII lo beatifica. (Consejo de la Crónica de Atzcapotzalco, 2000).

  Es en esta Hacienda histórica situada al norte de la Ciudad y noroeste de Azcapotzalco el lugar en donde se recreará la Hacienda Santa Rosa propiedad del personaje de la obra de Magdaleno: el hacendado Rosalío Mendoza uno de los personajes principales de la trama.

  La Hacienda El Rosario en aquel año de 1933 le pertenecía a un matrimonio de ancianos norteamericanos, siendo que funcionaba entonces como una hacienda lechera. En el interesante libro de Juan Bustillo Oro (futuro director, ya que era colaborador entonces) titulado “Vida cinematográfica” nos da los pormenores que pasaron para encontrar el sitio o locación para poder filmar la película. Así nos empieza a narrar:

“Dar con la Hacienda de la Parota (Santa Rosa) es decir la que figuraría como tal, nos costó un improbo trabajo. Por muchos días, mañana a mañana, Fernando venía a mi casa de la calle de Danubio desde la Colonia Guadalupe Inn y me recogía en su coche, para recorrer nuestros alrededores. Se necesitaba un sitio no lejano de la capital, por razones de comodidad y de economía. Y no lo encontrábamos. Es decir, sin encontrarla a pie.” (Bustillo Oro, 1984, p. 102)

 Y prosigue narrándonos Bustillo que recorrían diversos lugares buscando ese sitio idóneo:

“Nos contrariaba no dar con la ‘’locación’’, más el ventarrón de la catástrofe mexicana era más poderoso. Si eso era el arribo de la capital. ¿Qué habría sucedido en el desamparo de todo el territorio donde se combatió tantos años y con tanta saña? Al principio nos prometimos un paseo delicioso en aquella búsqueda. Y cada mediodía regresábamos con el corazón en un puño, sin encontrar La Parota (Santa Rosa) de Rosalío Mendoza. Lo curioso es que la teníamos como quien dice, ante las narices. Alguien de cuyo nombre no puedo acordarme, nos habló de un predio que se salvó por milagro y que en lo poco que padeció ya había sido reconstruido amorosamente: la hacienda lechera El Rosario allá por Azcapotzalco. Para El Rosario volamos con el terror de que nuestro informante pecase de optimismo fantástico.

Desde que contemplamos el monumental portón que se abría a un hermoso camino de árboles y que se antojaba construido por un buen escenógrafo para ciertas escenas de El Compadre Mendoza, nos llenamos de alegría. Después la noble ‘casa grande’, con su patio colonial, sus anchos corredores y con su ameno jardín, nos revelo por completo el milagro” (Bustillo Oro, 1984 p. 102- 103).

  La filmación duro semanas o séase algunos meses nos diría Bustillo en su libro conviviendo con los habitantes del lugar, muchos de ellos de los alrededores, gente de campo de aquel Azcapotzalco y de manera directa con los propietarios de la hacienda lechera. Participaran protagonizando los actores en el film: Alfredo del Diestro, Carmen Guerrero, Antonio R, Fraustro, Emma Roldán, Joaquín Busquets, Miguel M. Delgado, entre otros.

El equipo fílmico principal de ‘El Compadre Mendoza’. Fernando de Fuentes el director con suéter, segundo a la izquierda. Imagen tomada de: Albores del cine mexicano de Federico Dávalos Orozco.

 

 Ubicada en el género de melodrama costumbrista la cinta está ambientada en la contienda revolucionaria, teniendo tintes de influencia del expresionismo de cine alemán, así como de una excelente ambientación y dirección. Por lo que agrego una breve reseña:

“En plena revolución mexicana, el terrateniente Rosalío Mendoza sobrevive haciendo y pidiendo favores en ambos bandos de la contienda (las fuerzas gubernamentales y el ejército de Zapata). En su hacienda todo mundo es bienvenido y Mendoza es muy estimado, especialmente por el general Felipe Nieto. El tiempo pasa y la situación comienza a hacerse insostenible. Mendoza tendrá que tomar partido, aunque ello signifique la traición a sus amigos” (Filmaffinity, 2021).

  El film nos sitúa entre los años de 1913 a 1919 durante la revolución. Hace una crítica a la clase social predominante empresarial de la época y cuyo oportunismo del personaje Rosalío Mendoza le permite tener una posición económica privilegiada, aunque asomara la traición por la ambición del hacendado a su compadre zapatista en un irónico melodrama.

  Al inicio de la cinta observamos el camino que va recorriendo la tropa, estas primeras imágenes nos captan el terruño de Azcapotzalco de entonces ya que la cámara nos muestra el camino de terracería que hacia la hacienda a la que anhelan llegar los zapatistas en la que se muestran campos y sembradíos. Este camino que se muestra en la película es la actual calle Hacienda Sotelo y la entrada a la recreada Hacienda de Santa Rosa (Hacienda El Rosario) se encontraba franqueada con un portón que ya no existe y que llevaba a la ‘Casa grande’. El frente del portón que observamos en las escenas, es ahora Avenida Aquiles Serdán, primeramente, Antiguo camino a Tlanepantla y anterior Avenida Parque Vía.

  Podemos mencionar que en la Hacienda ocurre la mayor parte de la trama y que podemos observar en las escenas a lo largo de la cinta: su patio colonial, corredores, alrededores de la hacienda, al interior se observa su troje, su jardín al frente y sobre todo de su amplia terraza amplia plana y abierta al que unas escaleras dan acceso rodeada por una balastra en donde se desarrollan una gran cantidad de escenas y a lo ancho de toda la hacienda. De manera interesante en su corredor principal de la terraza de la ‘Casa grande’ en su pasillo principal franqueado por sus columnas, se pueden ver de manera fugaz en las tomas algunas figuras talladas en piedra prehispánicas algo maltratadas (en este caso cuando el pequeño niño Felipe el hijo del hacendado -que interpreta el niño José del Rio- recibe un muñeco de palma y se sienta desilusionado en las escaleras) que, aunque podríamos pensar que son del lugar o séase de vestigios tepanecas al parecer no es así ya que según Oralia Ramírez mencionando al doctor Pascual Soto investigador del INAH, estas figuras prehispánicas pudieron haber sido del gusto del director o bien del camarógrafo como ambientación o como identificación de raíces pasadas del México antiguo. Encontramos que nos anota al respecto de esta figura prehispánica en la toma nos menciona Soto:

“Corresponde a la cultura huasteca del periodo posclásico ya que la posición de los brazos y de las manos es correcta, el pequeño orificio circular que presenta a la altura del vientre también es característico, pues los huastecos en sus rituales religiosos abrían por el diafragma introduciendo la mano para extraer el corazón humano” (Ramírez, O.  2012).

  A decir de Ramírez la figura o figuras prehispánicas estarían representando el imaginario de manera colectiva del grupo zapatista dentro del escenario fílmico, que remite al pasado indígena de la población zapatista. Por lo que estas figuras prehispánicas son una representación de la cultura mesoamericana huasteca que identifica a los zapatistas.

 La película se estrenó el 5 de abril de 1934 en el cine Palacio (Cine Capital, 2014) y en diversas salas cinematográficas del país y aunque en su momento no fue muy bien recibida por la crítica debido a su final, aun así, marcara un parteaguas. Aunque se mantuvo en el cine, fue condenada después al olvido, hasta que en 1966 la ‘‘redescubrió’’ -nos cuenta el crítico cinematográfico Emilio García Riera- el historiador y crítico de cine mundial el francés George Sadoul cuando visito México y la considero uno de los más grandes logros, una excelente y clásica obra fundamental del cine mexicano y que desde entonces no ha dejado de ser vista, analizada y estudiada (Turrent Pérez, 1999).

 Mencionaremos el interesante dato de cuando la Cineteca Nacional se ubicaba originalmente a un costado de uno de los foros de los Estudios Churubusco, al inaugurar sus instalaciones y abrir sus puertas al público cinéfilo el 17 de enero de 1974 se proyectó esta película de “El Compadre Mendoza” (Cineteca Nacional México, 2022) revalorándola. Así también en las instalaciones originales de la Cineteca existían dos salas (Salón Rojo y Sala Fernando de Fuentes) y en las ahora nuevas de Xoco, de 10 salas (la Sala 3: Fernando de Fuentes) se ha destinado como vemos una sala desde su inicio hasta actualmente con el nombre del director Fernando de Fuentes en un merecido reconocimiento.

 Es interesante el mencionar que de no haberse realizado esta película en Azcapotzalco por las señas del lugar que alguien les refirió de la hacienda lechera del Rosario, posiblemente no se hubiera rodado la película de Allá en el Rancho Grande por el director De Fuentes y la locación pudo haber sido en otro sitio que no en Azcapotzalco, ya que De Fuentes conocería de esta manera la hacienda del Rosario al filmar primeramente en este icónico lugar El Compadre Mendoza, para después utilizar este escenario para la famosa cinta “Allá en el Rancho Grande” como espacio fílmico para recrear un rancho con tintes vernáculos e idílicos. Para nuestro orgullo y de nuestro cine mexicano no fue así y contemplaría Fernando de Fuentes de nueva cuenta esta Hacienda El Rosario para filmar años adelante la película de Allá en el Rancho Grande que abordaremos en otro momento.

 Vayamos a más interesantes datos dignos de mencionar al respecto. Así en la serie de excelentes programas “Los que hicieron nuestro cine” de Conaculta se aborda en uno de sus 63 programas, uno dedicado a la Trilogía de la Revolución realizada en 1989 por Alejandro Pelayo Rangel (actual director de la Cineteca Nacional) donde se hace una reseña y comentarios de las tres de sus obras fílmicas entre éstas el Compadre Mendoza.

 También es de mencionar que ha producido esta película varios estudios y publicaciones como la interesante tesis de Oralia Ramírez a propósito de ello titulada Historia y Cine: análisis de siete fotogramas de la película El Compadre Mendoza, además de mencionar la edición del libro de Mauricio Magdaleno El Compadre Mendoza en 1979 con fotografías alusivas al film, entre otras interesantes publicaciones como son diversos artículos y estudios que por falta de espacio no terminaríamos de anotar. Aparecerá una versión en disco digital DVD rebasando a lo que anteriormente existía en VHS, con una excelente restauración en 2015 realizada por la filmoteca de la UNAM para el disfrute de los cinéfilos y videoclubes que la difundirán por todo el país.

 Es regocijante y con orgullo de mencionar que en el 2° Festival Cultural ¡El Rosario Vive! celebrado en Azcapotzalco, entre las actividades organizadas por la entonces Delegación Azcapotzalco, Comunidad el Rosario Azcapotzalco, autoridades del Town Center y del Municipio de Tlalnepantla, el día 23 de junio de 2017 se programó en una pantalla grande como de antaño en aquellas en donde se proyectaban las películas de 35mm, pero ahora en digital: la pantalla gigante del Town Center El Rosario (que se encuentra instalada en el patio colonial restaurado) donde se proyectó la película El Compadre Mendoza en el mismo sitio donde se filmó, presentada en los comentarios por su servidor, cronista y cinedifusor de Azcapotzalco José Carbajal teniendo en el público una respuesta atractiva y favorable.

Escena de El Compadre Mendoza proyectada en 2017 en la pantalla gigante del Town Center El Rosario.

  Actualmente de este sitio que hemos mencionado, sólo queda el casco de la Ex-Hacienda (en donde se hallan ahora restaurantes) y su troje (construcción que estaba destinada como depósito de productos agrícolas, convertida ahora en una tienda de telas) restaurados, así como algún otro espacio ya muy reducido. Este sitio comercial tuvo su apertura en junio de 2012 con la denominación de Centro comercial Town Center El Rosario, nombre con el que se le conoce actualmente. Aun así, para nosotros los azcapotzalcas lo que queda del casco de la Ex Hacienda del Rosario es un patrimonio cultural tangible de nuestro Azcapotzalco.

  Hasta nuestros días continua la difusión de la trilogía de Fernando de Fuentes y por tanto de su obra maestra El Compadre Mendoza que se ha proyectado en televisión abierta (Canal 14) en diversos años: 2018, 2019 y en 2020 como programación especial del Maratón Fernando de Fuentes.

 Para concluir, la filmoteca de la UNAM en el sitio web (Cultura en directo) en 2019 ha puesto en línea la película completa El Comadre Mendoza de óptima calidad como un aporte hacia el mundo de nuestro cine. Para quienes quieran disfrutar este excelente film clásico, una excelente obra maestra del cine mexicano como ha sido dicho por el historiador de cine mundial Georges Sadoul y orgullosamente filmada en nuestro Azcapotzalco del siglo XX digna de ser vista para el disfrute de los cinéfilos, anotamos el enlace.

Liga a la obra fílmica de El Compadre Mendoza de la Filmoteca de la UNAM:

https://culturaendirecto.unam.mx/video/el-compadre-mendoza/

  Así esta película ha recorrido lo largo ya ancho del país en diversos espacios como presentaciones, debates, proyecciones etc., a través de: cineclubes, conferencias, libros, publicaciones, estudios, televisión y de internet estando presente ya en el orbe mundial.

  Esta presente crónica cinematográfica que hemos recorrido por el cine y por nuestro Azcapotzalco la dedico a Patricio Garibay, (Alejandro Ortiz) y a Martín Borboa. El primero quien ha dirigido y proseguido este proyecto de la Hormiga en Línea que cumple su tercer aniversario y al segundo por su interés y seguimiento en las películas que se han filmado en Azcapotzalco y asimismo a todos sus integrantes y participantes que hacen posible que aparezca esta revista electrónica ¡una felicitación y un abrazo!

 

 

Referencias consultadas.

Bustillo Oro, J. (1984). Vida cinematográfica. Cineteca Nacional México.

Cine Capital (2014). El compadre Mendoza 1933. En https://cinecapital.wordpress.com/2014/09/15/el-compadre-mendoza-1933/

Cineteca Nacional México. (2022). Información Cineteca Nacional. En https://www.cinetecanacional.net/controlador.php?opcion=contexto

Consejo de Cronistas de Atzcapotzalco (2001). De Atzcapotzalco, sus hormigas, personajes de Atzcapotzalco, D.F. Consejo de la Crónica.

Dávalos Orozco, F. (1996). Albores del cine mexicano. Clío, México.

García Riera, E. (2008). Breve historia del cine mexicano. Primer siglo 1897-1997. Conaculta, Imcine.

López de la Rosa, E. (2005). Historia de las divisiones territoriales de la cuenca de México. Asamblea Legislativa del Distrito Federal. III Legislatura.

Magdaleno, Mauricio. (1979). El Compadre Mendoza. Promociones editoriales mexicanas.

Ramírez, O. (2012). Intertextualidad en el discurso fílmico del Compadre Mendoza. Coloquio Universitario de Análisis Cinematográfico. https://docplayer.es/70028489-Intertextualidad-en-el-discurso-filmico-de-el-compadre-mendoza.html

Turrent Pérez, T. (1999). Homenaje a los guionistas mexicanos. En https://archivo.eluniversal.com.mx/columnas/2498.html

 

 SAN JUAN TLIHUACA. FIESTA PATRONAL SAN JUAN EVANGELISTA

Por Raquel Rodríguez Sandoval

Hoy 27 de diciembre en la Parroquia de San Juan Bautista celebramos a San Juan Evangelista, aquel que siendo el discípulo más joven y muy amado por Jesús, fue a quien también le decía “hijo del rayo” al parecer por su carácter impulsivo.

Luego de que Cristo fue aprehendido, los demás apóstoles se ocultaron, pero Juan tuvo la valentía de quedarse con Jesús en el momento de la crucifixión, acompañando a la Virgen María y llevándola como madre  a vivir con él desde ese momento.

Juan es también uno de los cuatro evangelistas. Se le representa con un águila, un cáliz o un libro.

En su fiesta patronal, empezamos el día con las “Mañanitas” a las 7:00 am. Con la participación del Coro "Amigos de Jesús", el grupo de Monaguillos y  el apoyo del Comité Organizador.

A las doce del día con la imagen peregrina acomodada sobre  un carrito adaptado para el recorrido y adornado con globos y arreglos florales, dio inicio la procesión por las calles, callejones y cerradas de San Juan Tlilhuaca, deteniéndose en algunas casas en las que las personas ofrecen  flores o  esperan gustosos el paso y la bendición del Santo.

También hacen breves paradas en lugares representativos del pueblo como lo es el Panteón y los monasterios.

Dicha procesión acompañada de una banda de viento tiene una duración aproximada de 4 horas.

A partir de las 4 de la tarde se llevaron a cabo actividades como la impresión gratuita de playeras con la imagen de San Juan Evangelista o para los jóvenes  tatuajes temporales de su preferencia.


 
Gran regocijo causó la presentación de las chicas  del ballet de danza árabe "Rashnu".

A las 7:00 de la noche se celebró la Eucaristía solemne presidida por el Pbro. Benito Ríos y concelebrada por el Pbro. Anselmo Bravo, acompañada por un rítmico Mariachi.

Mientras en el atrio se presentaba un grupo que animó a los asistentes con el canto de bellos villancicos.

Después de la misa se tuvo la participación  de Carlos Alvarado con una danza hindú perfectamente ejecutada.

Posteriormente se escenificó una divertida Pastorela tradicional por el Teatro comunitario "Mutis".

En ese momento para sorpresa de los  niños llegó Santa Claus a  tomarse fotos con los pequeños, grandes y familias que quisieron acercarse. Ésta actividad fue donada por la familia Uribe.


El momento   que convoca más personas es la quema de castillo que con sus bellas luces y al final formando la figura del Evangelista hace estremecer a todos los asistentes.

Los toritos salen uno a uno para el agrado de unos y el susto de otros, que con el asombro corren para encontrar un lugar donde protegerse.

La fiesta culminó con el baile amenizado por el grupo de salsa que interpretó desde los temas más icónicos de este género, como los éxitos actuales y la euforia de quienes ansiosos abrieron el baile al sonar de los primeros acordes del  grupo.

Gracias San Juan Evangelista, bendice a tu pueblo.

 

Nota: Agradezco al Comité organizador de este festejo, el haberme facilitado algunas imágenes para este articulo, como son las del estampado de playeras, y la visita al monasterio con la imagen de San Juan Evangelista.

 

EMMA GODOY, PARQUE Y “SINFONIA LITURGICA”

Por Don Nayarito Cantalicia  (Grupo Formiga)

El nombre de Emma Godoy brilla en la historia de México, pues su labor humanista hizo y dejó infinidad de beneficios para que nuestro país y la sociedad, avanzara en la dirección correcta. Uno de los conceptos más importantes que pudo materializar fue el reconocimiento de los derechos de la vejez, de los ancianos, de la tercera edad. Gracias a su esfuerzo se creó el INSEN (Instituto nacional de la Senectud), luego cambió a INAPLEN (Instituto nacional de adultos en plenitud) y después a INAPAM (Instituto Nacional de las personas adultas mayores). Eso ya es bastante, pero hay mucho más detrás de la gran figura de la Doctora Godoy. Comunicadora, sicóloga, filosofa, escritora, etc. Nació en la ciudad de Guanajuato en 1918, y falleció en la Ciudad de México en 1989. Fue vecina de la Colonia Nueva Santa María, Azcapotzalco, muchos años, hasta el final de su vida. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres, en esta ciudad.

El parque “Emma Godoy” está entre la Avenida Cuitláhuac y la calle Central, al final de la Avenida Platanales, en la colonia Nueva Santa María. Es un espacio que ella atravesaba a pie de ida y vuelta al supermercado que en ese entonces era un “Gigante” y ahora es un “Soriana”.

Muchas personas de esta y otras colonias (Hogar y Seguridad, San Bernabé), atraviesan este espacio para ir a dicho supermercado que está justo atravesando Cuitláhuac, o para ir a la parada del camión. Los peatones pasan de un extremo a otro, pero pocos se quedan en él. Una parte de su extensión tiene juegos infantiles pero ahí no tiene árboles y el sol cala, (los tubos metálicos de los juegos llegan a calentarse bastante), por ese motivo están frecuentemente solitarios.

La otra parte, la arbolada cercana a Cuitláhuac, tiene bancas, y una sección techada con mesas y asientos que diariamente acoge a varias personas, en diferentes turnos, que van ahí a consumir sus alimentos. Parejas, choferes de transporte de valores, albañiles, mecánicos, ejecutivos etc. Hay algunos que luego de comer hacen ahí su siesta. Me cuentan que ha llegado a haber festejos de cumpleaños en esas mesas. Recientemente se organizó ahí un exitoso mercadillo navideño al que acudí dos días seguidos, al ir por mis medicinas a la Farmacia San Pablo, que está a un lado. Fue una convivencia vecinal muy linda. Creo que esas bancas y el techo son el punto más gustado y peculiar del parque, seguramente por la sombra de los frondosos árboles, pues lo asoleado casi siempre está vacío. (Algún día cuando se aproveche más la energía solar, este sería un punto a explotar).

A un lado del comedor techado hay una placa que dice: En memoria de la Doctora Emma Godoy. Sus vecinos y amigos rinden homenaje a quien fuera destacada escritora, catedrática y precursora incansable del reconocimiento a los derechos del anciano. Azcapotzalco, D.F. agosto 30 de 1992

PO-EMMA GODOY

El siguiente poema fue tomado de la revista “ábside”, (revista de cultura mexicana), del primero de septiembre de 1941, volumen 9, páginas 571 a 573, editada en México. La obra lleva en su nombre la palabra “litúrgica” que es algo que se refiere a la forma de llevar a cabo una ceremonia o ritual en una religión, el conjunto de actos que forman parte de algún culto. El poema canta abiertamente la Fe de la autora. La Doctora Emma Godoy incursionó en muchas actividades y disciplinas. En esta ocasión deseo compartir una muestra de su talento lírico, que escribió el 7 de julio de 1941, a la edad de 23 años.

 

“SINFONIA LITURGICA

I

CUPULA cristalina de tu monte,

los violines del alba.

Como mecida de álamos

 -peldaño por peldaño-, las muchedumbres blancas;

porque el trueno y el rayo de tu boca,

y las caídas aguas

de tu solio, mordieron a la Serpiente Antigua,

engendraron de nuevo la niñez de las almas.

¡Oh Dios, Dios mío, cítara

de nuestra juventud, por Ti la escala

 -ritmo bajo los pies-, por Ti,

los violines del alba!

 

II

En el atrio, los árboles arpegian

sus somnolientas arpas,

y las aves sencillas

pintan un fondo de aguas

de caramillo alegre

del Divino Pastor de la parábola.

 

Arde el templo a la voz del caramillo.

Es todo el templo casa

de oro por Ti, Pastor, Verbo del Padre,

que tuviste nostalgias

de una oveja perdida.

Por Ti, rescatador de la esperanza,

las agudas trompetas

acribillan luceros con sus lanzas

sacudiendo la vida:

“Toda carne será resucitada!”

 

Y responde en lo alto desprendida de arcángeles,

de Tronos, de Virtudes – polifonía de alas,

contrapunto celeste- :

“¡A aquel que es Santo, hosanna!

Hosanna a aquel que es Santo!

Al que es Santo, ¡hosanna!”

 

III

El altar de perfumes se fatiga de incienso,

las multitudes blancas

todas arco, enmudecen.

Y en un aire de ámbar,

ofrece la obligación Melquisedec,

desciende Dios y toma la Ostia Santa.

 

Silencioso silencio, lago que está copiando

la eternidad. Silencio en que se abrazan

El que es por siglos, y el que pudo no ser.

¡Beso de Dios en boca de la amada!

 

Señor, si soy de arena,

Señor, si sobre el ara

no tengo una paloma;

mi frente no es de escarcha,

mi talle no es el cedro

del Cantar; soy la esclava

venida del desierto.

Señor, ¿por qué me amas?

 

IV

Allá vienen las vírgenes

 -flautas en desbandada-.

Allá viene la nube y llega al monte

(¡Como ríen las flautas!)

su niña desnudez la van cubriendo

con túnicas de oro los violines del alba.

 

Oh, vírgenes, mirad las multitudes,

comienzan a bajar en olas blancas

del monte Sión con mantos

desceñidos – hermanas

vuestras flores que aun viven en pétalos-

hechas también un coro vertido en la mañana:

“Nos sació con mieles que las piedras destilan.

Nos sació con la flor de trigo, áurea.”

 

Peldaño por peldaño, la cadencia

desciende la montaña.

Termina en una nota sostenida de arcángel

prematuro en boca enlucerada.”