jueves, 23 de marzo de 2023

 SEMANA SANTA, FIESTA DE LAS ESPIGAS, VIERNES DE LA SAMARITANA.

Por Virginia Hernández Vázquez

Crédito de foto: a quien corresponda

México, es un país con infinitas tradiciones tan hermosas, antiguas, místicas e interesantes. Sin importar las creencias, las tradiciones de Semana Santa o la semana mayor son una de ellas. Este tiempo es el más importante para los católicos, recuerda la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Comenzó como parte de la evangelización y se mezcló con creencias indígenas. Unas perduran hasta la actualidad otras han cambiado con el tiempo. La Cuaresma coincide con los meses de Tlacaxipehualiztli, dedicado a Tótec, el Dios del Maíz joven, y  el mes de Tozoztontli, dedicado a Tláloc y Coatlicue. Estas fiestas eran para pedir lluvia. 

La Semana Santa coincide con el mes de Hueytozoztli, dedicado a Cinteotl y Chicomecóatl, mazorcas que daban las nuevas semillas.

Esta temporada inicia con la cuaresma el miércoles de ceniza que se impone en la cabeza o en la frente el significado: “polvo somos y en polvo nos convertiremos”. Esta ceniza se obtiene de la quema de imágenes y palmas benditas. Es un tiempo de reflexión; Confesión; Penitencia en varios aspectos; Oración; Ayuno; Abstinencia, tanto de no comer carne ni de cometer pecados; dar limosna y ayudar a lo demás. Junto con el viernes santo son de penitencia, vigilia y abstinencia obligatoria, no así para los enfermos y tercera edad. En la actualidad hay quien aún la lleva a cabo y otros que no. 

La cuaresma dura 40 días y cada viernes es de vigilia y está dedicado a alguna advocación diferente y en distintos lugares. Algunos son; El Señor del rebozo el primer viernes, el segundo; la preciosa sangre, la transfiguración, el Señor de las Esquipulas. El tercero; el Señor de la misericordia, el Señor del santo entierro y el cuarto; En Tláhuac, nuestro padre Jesús, en Azcapotzalco el Señor de Nextengo, Jesús de Nazareth en Cuajimalpa, La Preciosa Sangre - Señor de Cuautepec en la Gustavo Madero y el quinto a El señor de Mazatepec en Tláhuac.

Mi mamá es de Oaxaca pero vivimos en Azcapotzalco. En su estado se celebra el cuarto viernes el “viernes de la Samaritana”, la gente en negocios, mercados y fuera de sus casas comparten en vasos, jícaras, tazas y guajes; agua y nieves de sabores. Se adornan grandes ollas como pozos, con flores, papeles de colores y la creatividad y la generosidad es lo que ilumina este día. La gente viste sus trajes regionales y hacen representaciones, danzas y hay música. 

El significado es que nuestra sed solo Dios la sacia con el “agua viva”. Se basa en el pasaje bíblico del evangelio de San Juan donde Jesús se encuentra con una mujer en el pozo de Jacob en la ciudad de Siquem. “La Samaritana”.

El último viernes de cuaresma es dedicado a los siete dolores de la Virgen. Se colocan altares desde lo más sencillo a lo más elaborado y cada lugar tiene su propio toque igual que en los Viacrucis. Es dedicado a consolar y aprender de los dolores de la Virgen María. Los elementos que lleva el altar son la Imagen central: La Virgen María en su advocación de Dolorosa, de la 

Piedad, de la Soledad, del Consuelo o de las Angustias. Se colocan Flores; Aguas de colores; que también se ofrece a los fieles para tomar y adornar; Semillas germinadas; Uvas; Banderas insertadas en naranjas; Un Corazón atravesado por las siete espadas que simbolizan los dolores sufridos por la Virgen; Elementos de la Pasión y el Monograma de la Virgen.

El domingo siguiente es de Ramos, representa la entrada triunfante de Jesús a Jerusalén. Se hacen procesiones con ramos tejidos en cruces y otras figuras de palmas o con la hoja completa. 

La Cuaresma termina el Jueves Santo  con el inicio del triduo pascual,  en total 40 días.

El número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros que significan el tiempo de la vida de la tierra, con sus pruebas y dificultades. Todo esté tiempo se usa el color litúrgico morado ya que significa penitencia y luto. Se debe cubrir las imágenes y altares con telas de este tono y vestir a las imágenes representativas de este color. También se conmemora la Eucaristía que debe estar expuesta en el altar, la última cena, el Orden Sacerdotal y el Lavatorio. Se realiza la “visita de las siete casas” y es una tradición dar limosna y recibir panes y ramos benditos con manzanilla, romero y alguna imagen así como oraciones. 

El Viernes Santo, el día más importante se conmemora la pasión y muerte de Cristo. Esto con el Viacrucis. Se realizan sermones de las Siete Palabras entre otras actividades. El Viacrucis se conforma de 14 estaciones o pasajes de la “Pasión de Cristo”. Por cierto que después de las tres de la tarde, hora que según la biblia murió Jesús, casi siempre llueve y en algunos años se han sentido temblores. Se usan matracas, no se tocan campanas. 

Ya por la noche se efectúa la “Procesión del Silencio”, donde los fieles cargan las imágenes de Cristo y la Virgen María. Se acompaña con matracas y se prenden antorchas en vez de veladoras.  

En Azcapotzalco… Suele oírse un toque tétrico de tambores anunciando que por ahí pasará el Viacrucis, la procesión o alguna representación. En lugares como; San Juan Tlihuaca dónde su tradición cuenta con más de 80 años,  parte del atrio de la Iglesia de San Juan Bautista y recorre diferentes puntos del pueblo, los asistentes acompañan al Cristo Articulado, se realiza la crucifixión en el Monte Calvario que preparan en el atrio de la iglesia y en la noche la Procesión del Silencio, flanqueado por penitentes encapuchados llamados “Sanjuaneros”, que son fieles que pagan mandas, lo hacen por herencia, agradecimiento o gusto. 

En San Andrés tanto pasajes bíblicos como el Viacrucis se extienden hasta por calles de Santa Catarina, Santa Bárbara y San Marcos. 

Otras representaciones en Azcapotzalco son las de San Pedro Xalpa, Reynosa Tamaulipas, Santa Apolonia, Santa Cruz, San Marcos que se extendía hasta el barrio los Reyes y la Catedral, que en ocasiones se ha extendido a otras iglesias desde Santa María Malinalco, los Reyes, San Simón y la Conchita y por calles de el centro de Azcapotzalco. 

El Sábado de Gloria, se celebraba lo que hoy es Domingo de Resurrección, existía una costumbre muy irresponsable de tirarle agua a la gente que pasaba por la calle, lo bueno es que ya está penado, lo malo que hay inconscientes que lo siguen haciendo. Este día se consuela a la Virgen. Se celebra la Eucaristía hasta la Misa de Gloria o Solemne Vigilia Pascual, se bendice el cirio pascual y agua en una liturgia por la noche y es signo de Cristo resucitado y su luz. 

El Domingo de Resurrección, Jesucristo vence a la muerte, se vuelven a tocar las campanas, algunas tradiciones continúan cómo la que los españoles trajeron a México: “La quema del Judas”. Se hacen y queman  muñecos y figuras que representan a personajes de la vida pública que son repudiados por la sociedad, los años anteriores se hicieron figuras de la Covid. Esto era tan popular que en época del dictador Santa Anna so prohibió.

Luego que termina la semana santa también se hacen otras celebraciones. Mi padre oriundo de Hidalgo pero radicado en Azcapotzalco, CDMX, nos llevaba a su pueblo Tlaxcoapan, dónde se celebra la “Fiesta de las Espigas o Solemne Vigilia de Espigas”, que es el  último sábado de abril. 

Las campanas de la Iglesia de San Pedro Apóstol, se echan a vuelo y los cohetes anuncian el inicio de tan bella procesión desde 1925. Consiste en una procesión por los campos y el municipio para agradecer las cosechas principalmente de trigo, dónde este lugar era productor. En los años cincuenta, el párroco Don Manuel Pérez inició la elaboración de tapetes con aserrín, grandes arcos de trigo entretejido y otras semillas, luces y adornos. La gente adorna las fachadas de sus casas y viste a los niños de ángeles. 

Diversas tradiciones transmiten valores, cultura, dan sentido de identidad, ayudan a conocer y acercarse a nuestras raíces. Siempre hay que tomar lo mejor de las tradiciones, costumbres y celebraciones lo que nos haga aprender y ser mejores personas y conocer algo de nuestro pueblo. 


 EL IMPARCIAL EN ATZCAPOTZALCO

A 115 años de su creación

(1907 – 2022)

Por Amalia Elorduy



Introducción

 

El fraccionamiento de El Imparcial, junto con San Álvaro, constituye un sitio representativo de la arquitectura porfiriana en Azcapotzalco.

 

Se asienta, además, sobre una de las rutas de comunicación más antiguas de la Cuenca de México y arteria histórica principal de nuestra comarca: la calzada de Azcapotzalco.

 

         No es de extrañar, por tanto, que las construcciones de este fraccionamiento hayan sido decretadas como bienes inmuebles tanto artísticos como históricos del patrimonio nacional.

 

Ante estas consideraciones, pensamos que sería de interés e importancia, no sólo para la comunidad local sino para el público en general, el conocer la historia de este antiguo desarrollo.

 

Tras una investigación de campo y en archivos oficiales y particulares, entrevistas orales y experiencias personales, presentamos hoy, a sus   115 años de vida, la historia de

 

“El Imparcial”

en Atzcapotzalco

 

         En la primera década del siglo XX el gobierno de Porfirio Díaz autoriza oficialmente el desarrollo.

 

         Sin embargo, hasta finalizado el siglo XIX y entrado el XX, Azcapotzalco había conservado su estructura urbana colonial.

 

         Su camino principal, la calzada de Atzcapotzalco, atravesaba la comarca por su centro, partiendo de Sur a Norte desde el pueblo de Tacuba.

 

Estaba rodeada al Occidente y al Oriente por los múltiples barrios de origen prehispánico con sus pequeños templos o capillas de la evangelización colonial y sus estrechos e intrincados callejones. En el centro destacaba el gran atrio y el convento dominico del siglo XVI.

Todos los callejones, las pocas calles que había y hasta la propia calzada, eran de tierra o terracería, por donde circulaba principalmente gente de “a pie”, carretas de tiro y gente de a caballo

 

         Las casitas de los barrios y aún las construcciones más señoriales del centro de Azcapotzalco, todas eran de una sola planta y estaban construidas de adobe y tabique rojo con techos de viguería y bóveda de ladrillo.

 

Estos materiales, excepto la madera, eran fabricados en la misma comunidad chintolola, especialmente en los barrios de San Pedro Xalpa y Santiago Ahuizotla.

 

Era usual que las casas, sobre todo las residencias del centro, tuviesen un patio central con una fuente en medio y flanqueado por corredores colmados de macetas y flores.

 

         Entre barrio y barrio se extendían grandes campos de cultivo de diversos productos, como el maíz, el frijol, los chayotes, las hortalizas o los alfalfares.

 

Al lado Oriente de la calzada, estos campos, propiedad de la hacienda de San Antonio Clavería, se extendían desde su colindancia al Sur con el pueblo de Tacuba, hasta los barrios de San Salvador Xochimancas, San Lucas Atenco y San Bernabé Acolnahuac. Por el costado Poniente colindando también al Sur con Tacuba, tierras de don Ángel Zimbrón que pasaban por Santa Lucía Tomatlan, Santa Cruz Acayucan y San Salvador Nextenco.

 

CAPÍTULO I


Las primeras colonias

de la Ciudad de México


Según el plano levantado en 1793 por Diego García Conde, la Ciudad de México comprendía una área limitada: al Sur por la actual Avenida Fray Servando Teresa de Mier, al Oriente por el Anillo de Circunvalación, al Norte por la Glorieta de Peralvillo y al Poniente bajando hacia el Sur unas casas a lo largo de la calzada México Tacuba.  El Paseo de Bucareli se encontraba aislado y despoblado, así como las calzadas recién abiertas por el virrey Revillagigedo: la Tlaxpana, la Verónica y la que comunicaba la Piedad con La Viga que se llamó Paseo de Revillagigedo

 

Es en el siglo XIX, pasada la guerra de Independencia, cuando se da el inicio de la paulatina modernización urbana de la Ciudad de México.

 

La Ciudad de México había conservado sus límites desde 1824.

 

         Los habitantes de la ciudad se distribuían entre los viejos edificios coloniales y las periferias; pero el crecimiento de la población se agravó a partir de la segunda mitad del siglo XIX. 

 

  En consecuencia, se inició la expansión de la ciudad.

 

 

         Las primeras colonias urbanas se erigieron sobre las bases de las Leyes de Colonización expedidas a partir de 1824.[1]

        

La primera sociedad inmobiliaria de México fue la de doña Juana Flores y sus hijos Micaela, Estanislao y Joaquín Flores Casillas, en 1827, decidieron constituir una sociedad para administrar los bienes familiares heredados. Al fallecer doña Juana y Micaela, los hermanos Estanislao y Joaquin decidieron prolongar la sociedad llamándola Flores Hermanos.[2]

 

         En 1854, se decretaron los nuevos límites para el Distrito Federal: al Norte por el pueblo de San Cristóbal Ecatepec, al Noroeste Tlalnepantla, al Poniente Los Remedios, San Bartolo y Santa Fe, al Suroeste Mixcoac, San Ángel y Coyoacán, al Sur Tlalpan, al Sureste Tepepan, Xochimilco e Iztapalapa, al Oriente el Peñón Viejo y de allí por el Noreste hasta la medianía del Lago de Texcoco.

 

         A partir de esta expansión territorial en 1854, surgieron diversas empresas inmobiliarias que adquirieron una serie de terrenos agrícolas para fraccionarlos y venderlos como lotes urbanos.

 

Y en el transcurso de los siguientes años hasta 1861 se promulgaron facilidades a los colonos extranjeros para importar insumos para la formación y funcionamiento de las colonias, y a los propietarios de tierras para fraccionarlas. [3]

 

En 1883, con el objeto de atraer capitales extranjeros para su inversión en la infraestructura del país, se expidieron leyes que daban facilidades y beneficios a los fraccionadores para la creación de colonias urbanas.

 

Tales como la excepción por diez años del impuesto predial y exenciones de los derechos de importación de materiales de construcción para habitaciones.

 

Estos beneficios fueron aprovechados tanto por los propietarios de tierras que vendieron a los fraccionadores como por estos últimos.[4]

 

         La Sociedad Inmobiliaria de los hermanos Flores fraccionó la colonia Santa María de la Ribera.[5]

 

Francisco Somera fraccionó la colonia de los Arquitectos; el señor Enrique Beale inició sin éxito San Borja, rancho de Nápoles, Becerra y Molino del Rey.

 

 

Las colonias del porfiriato[6]

 

         A partir de 1876 en que asumió la Presidencia de la República ya hasta el término de su mandato en 1910, correspondió al gobierno de Porfirio Díaz la modernización urbana del Distrito Federal.

 

Se continuó con la creación de nuevas colonias, con nuevas infraestructuras de drenaje, salubridad y dotación de agua, diseñadas para diferentes sectores de la ciudad.

 

 

         De 1880 a 1910, 28 colonias; entre ellas podemos mencionar las siguientes:[7]

 

1.   1882

Violante o de Tepito       

13. 1897

Del Paseo

2.   1882

La Teja

14. 1899

Valle Gómez

3.   1882

La Concepción de Tequipehuca

15. 1899

Peralvillo

4.   1886

Morelos

16. 1901

Banco Mutualista

5.   1889

Hidalgo

17. 1902

Roma        

6.   1890

Limantour

18. 1902

Condesa (primera parte)

7.   1891

San Rafael

19. 1903

Nueva Del Paseo

8.   1895

Indianilla

20. 1903

Daniel Garza

9.   1893

Toriello Guerra

21. 1903

La Viga

10.               1893

Carrera Lardizábal

22. 1904

Campestre

11.               1893

Díaz de León

23. 1904

El Chopo

12.               1894

Juárez y Cuauhtémoc[8]

24. 1905

Condesa(segunda y mayor parte)

 

 

La colonia de La Condesa autorizada en 1905 no se construyó de inmediato debido al estallido de la Revolución de 1910, ¡esta autorización no empezó a construirse sino sólo hasta finales de la década de los años 20!

        

         En 1905 se creó el fraccionamiento de “El Imparcial” en su parte inicial, con la primera franja de terrenos aportada por don Rafael Reyes Spíndola, pero no se construyó sino hasta su ubicación en 1907, que ya incluía la segunda franja de terrenos aportada por don Ángel Zimbrón.



[1] JIMÉNEZ MUÑOZ, Jorge h, La traza del poder, Dédalo, Codex Editores, México, 1993, p. 9.

[2] Ibidem, p. 13.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem, pp. 10 y 11.

[5] Ibidem, p. 13.

[6] Ibidem, pp. 24 y 25.

[7] NOTA: Basado en el Informe Torres Torrija, en Ibidem.

[8] NOTA: Estas dos colonias- Juárez y Cuauhtémoc- están formadas en conjunto por las de La Teja, Del Paseo, Limantour y Nueva del Paseo.


 

PAPALOTITLÁN, SANTUARIO PARA POLINIZADORES

Por Martín Borboa Gómez  (Grupo Formiga)


La asociación civil Earthgonomic México, A.C., ha abierto este mes de marzo 2023, un espacio que hace difusión de la importancia y actividad de los animales polinizadores, es decir, de aquellos animales que por sus hábitos alimenticios, visitan flores, y con ello, remueven su polen, le dan posibilidades de combinarse, de una flor a otra, y que surja la nueva vida de una futura planta.


Además, tienen un MARIPOSARIO, dentro del cual difunden la vida de las mariposas, su nacimiento, desarrollo, y hasta su liberación para el vuelo.

Cuando haya oportunidad de que el proceso natural de estos insectos favorezca la formación de crisálidas, y el nacimiento del nuevo individuo, el público podrá participar de su liberación, lo cual acerca mucho más a la gente a la comprensión de lo delicado e importante que es la vida de cada ser en la tierra, pues cada uno desempeña una función.

Tienen un HUERTO en donde se cultivan plantas y flores para diferentes tipos de polinizadores. Hay aves como los colibríes, insectos como las mariposas y las abejas, mamíferos como los murciélagos, que contribuyen a que el mundo vegetal se reproduzca, gane fortalezas genéticas en sus combinaciones y fecundación, y tengan esperanza de desarrollarse mejor incluso ante nuevos retos, plagas o enfermedades.

Tienen un COMPOSTARIO, en donde difunden la importancia de aprovechar desechos, y como convertirlos en materiales enriquecedores del suelo.

Tienen un HOTEL para algunos de esos posibles polinizadores, de manera que pueden quedarse a vivir un tiempo cerca de esta fuente de alimento para ellos. 

Las plantas aquí cultivadas, pueden tener polinizadores asegurados. La idea es simple, pero el resultado enorme.

Cuentan con un MURO DE LOS DESEOS, en dónde tras una lección de papiroflexia, los asistentes pueden hacer una mariposa de papel, en el que antes escribieron algún deseo, y luego colocarlo en este pizarrón de corcho.

Es un espacio didáctico, para todas las edades, que se ubica dentro del Parque Tezozómoc.

Es un nuevo centro de esta noble asociación, que al ayudar a las especies en peligro, difundir su conocimiento, y dedicar su tiempo a informar y a acercarnos a la vida en su fase formativa y delicada, nos permite ser mejores habitantes de este planeta, y conservarlo para un mejor futuro.

Y no podía faltar el gran murciélago y un agave, que como sabemos, el polinizador nocturno por EXCELENCIA, es el mamífero volador, silencioso, hábil, impresionante, y muchas veces malquerido (por ignorancia), MURCIÉLAGO...

Por eso es significativo que en este nuevo lugar, se contribuya a que las personas conozcamos más de ellos, los valoremos, y permitamos que continúe la cadena natural en la que están involucrados.

Los murciélagos polinizan, entre muchas otras, a las flores del quiote del agave, que abren de noche, y gracias a que los murciélagos nectarívoros (que comen néctar de estas flores), insertan parte de su cabeza, para meter su lengua en el centro de esas flores, y alcanzar el néctar, "sin proponérselo", ayudan a que el polen de esas flores entre en fase reproductiva, y se de la posibilidad de nuevos nacimientos de esa planta: el agave.

Y vaya que es una planta FUNDAMENTAL para nuestro querido México, por la infinidad de beneficios que histórica y tradicionalmente obtenemos de ella.

Recomiendo visitarlo en fines de semana.