miércoles, 16 de junio de 2021

 

EL MANANTIAL ENCANTADO

Por María Elena Solórzano Carbajal 


La calle que hoy se llama Calzada Miguel Lerdo de Tejada antes se le conocía como el Paseo de los Ahuehuetes, era una vía quizá más rústica pero muy hermosa, bordeada de árboles y que llegaba al conjunto de añosos sabinos y que era uno de los emblemas de Tlilhuacan. Este lugar es rico en leyendas, por ejemplo dicen que aquí llegaban las brujas a quitarse las piernas para poder volar mejor en su escoba encantada, y que se las veían levantar el vuelo desde lo alto de los árboles que les servían de refugio en las noches más oscuras.

En el libro sobre los Conventos suprimidos en México se localiza una leyenda sobre los ahuehuetes escrita en 1850 por Manuel Ramírez Aparicio. 

“…Cuanto más avanzáis, adquiere su figura mayores dimensiones: ensánchase la calle, y en medio de una placeta en parte alfombrada de césped, arraiga el corpulento grupo, compuesto de unos cinco árboles, cuyas ramas, eternamente vestidas de follaje, se entrelazan, estrechan y adunan, como si fueran los brazos de algunos amigos que se prestan recíproco auxilio.

Contemplas unos instantes aquella copa asombrosa, imponente, y pasando por entre los robustos troncos, os halláis con admiración bajo una cópula de verdura.

Descansad sobre el asiento natural que os brinda la cepa de uno de los ahuehuetes, y contemplemos a todo nuestro sabor esta maravilla del reino vegetal”.

Y comenta algo que ahora nos parece increíble, que por esta vía hayan pasado rebaños y pastores, donde ahora miramos colectivos, camiones, motos, coches y todos los automotores habidos y por haber.

“Quizá mientras saboreáis estas ideas acierta a pasar no lejos de vuestro asiento, algún pastor que conduce lentamente su rebaño a pacer el rastrojo en los vecinos campos. 

-¡Amigo! ¿me dirás quién plantó estos árboles?

-¡Ah, señor! ¡quién sabe!

-Pero, ¿cuántos años tendrán, poco más o menos?

-Ya son muy viejos: desde que mi señor padre era como yo, los ahuehuetes ya estaban así de grandes y copados, sólo que … los señores más viejos de mi pueblo, dicen que estaban encantados.

-¡Cómo así! Dime, ¿cómo es eso?

-Aquí cerca había un venero de agua dulce. Y el agua nacía, pero se quedaba represa junto a las raíces de los ahuehuetes. Y ninguno quería venir a beberla, aunque tuviera mucha sed. Y se sentía mucha sed pasando por aquí , pero, ¡ pobre del que bebía el agua, porque ya no se volvía a saber de él . Y cuando algún caminante se atrasaba y no lo volvían a ver sus compañeros, luego decían : ¡este bebió del agua de los ahuehuetes! Y esto era porque estaban encantados.

¿Y desde cuando ya no lo están? ¿Cómo desapareció el manantial?

-Yo se lo diré a su merced, señor amo. Un día salió de la iglesia grande una procesión, y se fue viniendo para acá, trían a la Virgen en unas andas, con muchas flores. Y todos decían: ¿a dónde irá esa procesión?  Y los padres del convento (porque entonces dicen, dicen que había muchos padres) venían cantando por el camino. Y luego que llegaron al venero, pusieron a la Virgen en un altar, con sus velas, y un padre empezó a predicar. Y dijo que aquí estaba el enemigo malo, pero que echando tierra sobre el agua se iría. Y todos se pusieron a echar tierra y piedras sobre el agua, hasta que quedo el suelo como ahora está.

-¿Y se acabó el encanto?

-Sí, señor amo. Y luego hicieron una capilla de tablas debajo de los árboles, con su altar, para la Virgen. Y desde entonces, los ahuehuetes quedaron desencantados para siempre.

-Pero, ¿cuánto tiempo duró esa capilla?

-¡Quién sabe! Dicen que se cayó de puro vieja. Y entonces se llevaron a la Virgen a la iglesia. Pero si su merced pone el oído contra la tierra, todavía oirá el ruido del agua, que pasa por debajo…”


Calzada Miguel Lerdo de Tejada 

1 comentario:

  1. Se imaguina que hermoso sería escuchar de nuevo el correr del agua ,cierto o falso me gustaría intentar oír ,siempre es sorprendente conocer mamá y más sobre tantas bellezas ,felicidades maestra

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