sábado, 17 de julio de 2021

 

EL NEVADO, DELEITE DE AZCAPOTZALCO

Por Martin Borboa Gómez  (Grupo Formiga)

El volcán conocido como “El nevado de Toluca” es la inspiración del nombre, ya que de dicha ciudad proviene la familia fundadora. Esta nevería cafetería opera desde 1945. Es un punto de reunión y satisfacción para los afortunados parroquianos que por un platillo, postre, café o helado, con gusto ocupamos sus instalaciones.

El lugar tiene un tapanco en donde se han vivido emociones y romances. En el hubo una de las dos primeras televisiones a color que existieron en Azcapotzalco. Una aquí y la otra fue en la Cantina del Dux de Venecia, en la acera de enfrente. Aquí podían mirarla todos los miembros de una familia, ya que aquí el ambiente es apto para todas las edades y géneros. En el campeonato mundial de futbol de 1970 se acercó la televisión en el tapanco a la parte frontal del negocio, de modo que la gente podía detenerse en la banqueta a ver los partidos. Los comensales del área del tapanco en esa y otras ocasiones, por la emoción han llegado a “zapatear”, y el resistente sitio funcionó como un gigantesco tambor, sonando el latir del palpitante corazón de los emocionados asistentes. ¡Imagine usted lector la escena, con las adicionales exclamaciones vocales del coro de la banqueta! Habrá sido toda una experiencia.

En lo social, esta nevería cafetería ha hecho una importante labor, ya que ha habido gente de la calle, sin recursos, sin algo que llevarse a la boca, a la que aquí se les ha compartido agua, pan o hasta el desayuno. Es una acción benéfica que aporta al bienestar. Lo menciono porque suele ser del tipo de obras discretas que no se mencionan, pero que a un individuo le puede cambiar positivamente la vida. Ya sea porque le alimento el estómago, o porque al atestiguarlo, nos regresa o confirma la confianza en la bondad humana.

Este tipo de informaciones como las dos últimas (televisión y ayuda a gente necesitada) no son comunes conocerlas. Las obtuve en grupo al ser atendido por los administradores y dueños del lugar, durante la visita guiada en el excelente Recorrido gastronómico que organizó el Área de turismo cultural de Azcapotzalco, cuyos encargados: Gustavo Aquino, Jorge Dávila y Ericka Balderas, se lucieron en atención, información y tema. Estoy seguro que cada paseo que ellos organicen será como éste: informativo, interesante, aprovechable, alegre y útil.

Mi platillo favorito aquí es la sopa de tortilla: abundante, intensa de sabor. El precio es verdaderamente económico: 33 pesos en pleno 2021. Otra forma de apoyar la cuestión social desde un perfil económico. En su menú de alimentos tienen una extensa variedad, y su cocina es esencialmente de comida mexicana. No terminaría de describir los platillos, pero puedo decir que los hot cakes, las milanesas, los sándwiches, y los tacos dorados, han sido mis preferidos. Casi no como picante, pero a la exquisita salsa de sus tacos dorados no hay forma de resistirse. ¡Está para acabarse la salsera y pedir más!

Actualmente están en la tercera generación que administra, y la cuarta ya participa atendiendo. Inició como paletería y lo sigue siendo. Justo ese fue el motivo de mi última visita: disfrutar un “Payasito” de nieve. Es una preparación de cuatro bolas de nieve o helado, un cono de galleta invertido que hace de gorro, tres pasitas como ojos y boca, y una cereza como la narizota del simpático payaso. A mí me gusta mucho el intenso sabor acidito del de Maracuyá. Aunque el de naranja es mi segundo favorito. Este sabor de helado y el panque de naranja, son dos de los postres cuya receta proviene desde 1945 en que inició el negocio. La carta de postres es amplia (copa suiza, tres marías, plátanos con crema, piña con helado, flan, duraznos o fresas con crema, etc).

Una preparación peculiar es la de los waffles, que son de una textura parecida a una galleta, de modo que resiste muy bien a no remojarse enseguida por el helado que le colocan arriba. Como pretexto para tener la foto de este artículo, yo elegí helado de café (aunque ese día también había de vainilla, chocolate, nuez, fresa y mamey). Hubiera podido pedir nieve (de agua) del que tenían otros sabores, pero creí que el waffle iría mejor con helado (de crema). Además de las dos bolas de helado, lleva chantilly, jarabe de chocolate y dos cerezas.

Es una garantía venir al centro de Azcapotzalco para consumir en este agradable lugar, pues solo cierran dos días al año, jueves y viernes Santo, el resto del año, abren.

Este negocio también tuvo por más de 20 años dos sucursales que se dedicaron específicamente a ser neverías. Una en Atizapán de Zaragoza, Edomex, y la otra a pocas cuadras de la matriz, en el Jardín de la calle Tepanecos. Ambas se llamaron “El nevadito”, continuando el nombre en un cariñoso diminutivo. En su momento y por razones que competen a la administración de aquel tiempo, ambas se cerraron. Pero quedó el nombre, incluso está escrito en uno de sus refrigeradores a la vista y funcionando, de manera que no hay porque considerarlo –solo- como algo del pasado. El agua del día se guarda en ese refrigerador que dice “El nevadito”, el cual se puede ver desde la banqueta, y queda a la vista de sus primeras mesas. Y justo frente a dicho “refri” suelo sentarme, pues desde ahí se ve muy bien a toda la gente y carros que van pasando.

En las mesas de esta cafetería se han pedido “manos” en matrimonio, se ha dado el anuncio de que alguien será papá, incluso a clientes que han fallecido y que gustaban mucho de venir, los han traído en cenizas en su urna. Son detalles que revelan el cariño de la gente a sus familiares, y de ellos hacia un local que les brindó satisfacciones, amabilidad, comida que siempre les cayó bien y deleitó el paladar. Y así como el negocio cuenta ya cuatro generaciones, puedo afirmar que los comensales, clientes y amigos, igualmente en esas andamos. (El paso del tiempo es de ambos lados).

Dos fotos especiales en el local: Una en blanco y negro en donde al lado derecho está el alma iniciadora del negocio, Doña Rosario Ortiz, “Doña Chayito”, que compartió el sueño y el esfuerzo con su familia que ahí la acompaña. Su administración fue de 1945 a 1971. Luego continuó su hijo Rodolfo desde ese año hasta el 2008. El más joven de esa imagen es dicho hijo, que en la segunda foto a colores aparece como adulto al centro. La tercera generación administradora (también con un Rodolfo –nieto- en la dirección) va de 2008 a la fecha, y como dije, ya en lo operativo participa la cuarta generación. Otra foto (de diciembre 1949) muestra como era el exterior del local en esos lejanos ayeres, cuando el negocio apenas tenía 4 años.

“El Nevado” no solo está en el corazón de Azcapotzalco, sino también en los nuestros, en nuestras experiencias, conversaciones, nutrición, deleite y distracción.

Ha sido curioso cómo, luego de que uno de los actuales familiares pusiera una ofrenda temporal en una pared de la cafetería, la gente empezó a mirarla, fotografiarla y cuidarla. Cuando llegó el tiempo en que los dueños pensaron retirar dicha ofrenda, la reacción del público asistente fue preferir continuarla, de modo que no hubo ánimo suficiente para quitarla, se quedó, y ahora no falta quien le traiga flores, le acomode tal o cual adorno, o incluso ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, se persigne.

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