sábado, 14 de agosto de 2021

 EL PARQUE, LA LLUVIA Y OTRAS NOSTALGIAS

Por Gustavo Aquino

Había olvidado la existencia de los paraguas hasta que salí a la calle y vi a la gente huyendo de la lluvia, sacaban ese artefacto guardado en mochilas y bolsas, esquivando automóviles desesperados y zigzagueantes. Alcancé a ver cómo los paseantes abrían aquellas gigantescas mariposas para evitar que los tocaran los seres minúsculos que huían del cielo.

Hubo una niña que no lo podía abrir y agradecida alzó su carita como dando las gracias por aquel remojo, a un abuelito se le fue de las manos por aquel fuerte viento. Avancé pues a unos metros estaba aquel espacio. Una señora batallaba peleando contra aquel chaparrón y no soltaba su mariposa deshecha.

No conocía bien este lugar, lo vi de reojo muchas veces, pasaba rumbo al trabajo, a veces caminando a veces en taxi.

Un lugar oculto al cual nunca le di importancia, un parque más perdido en esta ciudad, tantas veces pasé y lo veía de reojo.

No sabía que ella venía a este lugar, me hablaba en secreto -hoy saqué a pasear al perrito al parque-, sabía que no me gustan las mascotas pero teníamos uno y lo veía pasear en la casa.

Se sentaba en el parque, se daba un tiempo y regresaba a la hora de la comida, o de la cena. En ese lugar perdía la noción de todo lo vivido. Veía a la gente tirando basura de manera inmisericorde, y las hojas de los árboles que se atravesaban entre su mirada y el cielo.

Entre aquellas hojas imaginaba un espejo al cual podría entrar y desde allí podía ver las calles, las casas aledañas, a los vecinos peleando.  

Me contaba que desde aquí se alcanza a ver la Calzada de las Armas, si la atraviesas ya estás en Naucalpan. Lo comprobé un día que me dirigí briago a su casa y caminé buscando esta calzada, creí que estaba en San Isidro o Aquiles Serdán, hasta que un transeúnte me dijo –estás en el Estado güey-, me quitó lo poco que tenía de lana pero me ayudó a atravesar La Gran Avenida.

 Sentí el desprecio de la ciudad tétricamente diseñada, pero llegué y toqué la puerta múltiples horas, hasta que al fin me abrió.

Caí tendido en aquel sofá y soñé ese camino tambaleante que me llevó hasta ahí.

Ahora bajo esta lluvia que con los fuertes ventarrones parece querer alejarme, llegué a la calle de Zempoaltecas, rodeando el parque Tezozomoc, y ya estaba en la colonia Ex hacienda del Rosario.

Está lejos del centro de Azcapotzalco, sé que se llama el Parque de las Naciones y no tiene quiosco, sino una especie de pequeña velaría en forma hexagonal.

La lluvia amainaba, debajo de un árbol me detuve a ver aquella banca en la cual ella se sentaba, los vecinos poco a poco regresaban a este lugar, el suelo mojado, algunos charcos por allá. El sol se asomaba tímidamente, sin darme cuenta me senté en un tronco mojado y el frío de mis traseros me hizo saltar.

La última información que tuve de su madre es que regaló el perrito, después, el teléfono de su casa se desactivó., y al tocar por enésima vez la puerta de su casa nadie salió. Me acomodé los zapatos, amarré mis agujetas, alcé los ojos, enfrenté al sol, alejándome de ese parque.

2 comentarios:

  1. Me encantó conozco ese parque ya que lleve a mis hijos al colegio Lancaster muy cerca de ahí en calle Escolástica , pero lo que mas me gustó fue, ** los paseantes abrían aquellas gigantescas mariposas para evitas que los mojaran los seres minúsculos del cielo ** felicidades Aquino

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  2. Me encantó conozco ese parque ya que yo lleve a mis hijos al Lancaster muy cerca de ahí, calle Escolástica pero me encantó tu frace, las gigantescas mariposas, felicidades Aquino

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