lunes, 16 de agosto de 2021

CRÓNICA DEL PIRUL DE MECATES 
Por María Francisca López Suárez

 El día 18 de julio del 2021, nos levantamos con una gran tristeza al saber que el árbol conmemorativo del parque de Mecates de nuestro pueblo San Martín Xochinahuac había caído, más de uno lloramos entre el aroma a petricor e incienso colocado en su honor al ver su gran estructura derribada ante el reblandecimiento y la acumulación de agua de lluvia, fue un árbol que albergó grandes historias. Recientemente realice una entrevista a Doña Carmen Ortiz, quien nos narró que aquel árbol tenía más de 30 años de vida y que se encontraba en la parcela de su abuelita Doña María Flores, a un costado estaba su casa cuyo vestíbulo direccionaba hacia la avenida del Rosario, lo describió como un árbol en el cual sus hijos jugaron y que alojaba un columpio donde disfrutaron su niñez. En aquellos tiempos existían las parcelas, cuyas inmediaciones eran divididas por magueyes, más tarde aquel árbol quedó en medio de la plazuela del Parque de Mecates. La tristeza invade aún más cuando días previos una servidora realizó una crónica del parque, donde se resaltaron grandes eventos llevados a la sombra de este pirul, como la bendición de los niños Dios, la llegada del lienzo de la Virgen Guadalupana, las representaciones de la oración de Jesús y su aprensión por parte de diversos jóvenes de nuestro pueblo, fue el cobijo de muchas parejas de novios, probablemente hasta de propuestas de matrimonio. 

Nos cuenta David Andrade, que días atrás, después de tantos días de encierro por la pandemia trajo a su mamá Celia López a sentarse un rato bajo su sombra recordando tantas historias de este grandioso pirul. Como escribió Janet Fith, “la memoria es la cuarta dimensión de cualquier paisaje” y justamente en eso radica la melancolía que nace de ver la plazuela principal del parque vacía, con aún la porción del tronco resúltate y grandes raíces, vestigios de nuestro viejo pero majestuoso árbol de pirul, era de las pocas regiones que inspiran un interés tan vivo, por haber sido el sitio de antiguos acontecimientos y grandes recuerdos que acompañan la existencia de un pueblo de décadas de existencia. 

Aquel árbol inefable era una fuente de vida impresionante, no solo en su unidad, era el hogar de cientos de aves, sus fuertes raíces y su enorme copa almacenaba y trataba agua pluvial además de constituir una velaría natural de quienes caminaban bajo su sombra, visualizando desde el alba hasta el arrebol, parecía inmarcesible ¿Cuántas historia habrá escuchado aquel árbol? La naturaleza es una entidad que se relaciona armoniosamente con sus habitantes, afortunadamente hemos comprendido que evitar alterarla o trastrocarla es algo racional y que no debe imperar dicotomía entre naturaleza y sociedad, sin embargo, el cambio climático que hemos ocasionado ha derivado en desenlaces atroces, tal como lo acontecido a nuestro árbol, esto debe hacernos reflexionar sobre nuestras actitudes y acciones. Debemos velar por nuestro entorno hoy más que nunca, nuestra existencia terrenal es efímera pero cualquier pequeña buena acción no es superflua, así que pongamos un granito de arena para dejar un mejor mundo a las nuevas generaciones. Agradecemos a la madre tierra que lo vio crecer y darnos tantas alegrías

2 comentarios:

  1. Es triste ver caer a un gigante!! Que buena crónica, sin duda ese gran árbol de pirul, a muchos nativos de San Martín nos recordaba muchas cosas, como bien comenta tantos eventos religiosos, deportivos y anécdotas, muchas veces de noche yo fui a sentarme ahí a pensar, su sombra nos dio consuelo, y como olvidar mi ultima sentada bajo sus ramas con mi madre, después de meses de encierro para ella, duele su partida y ojala llegue un nuevo árbol que pueda crecer tan grande como ese y nos cobije con su sombra.

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